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Años después de la pelea que más aficionados pudo reunir en la historia del boxeo, la de Julio César Chávez vs. Greg Haugen, misma que se validó en el Estadio Azteca el 20 de febrero de 1993, el peleador estadounidense habló frontal de aquel tremendo nocaut que le recetó JC.
Haugen, quien para ese entonces decidió convertirse en el villano favorito de los mexicanos, pues en serio se creyó eso de que sería el verdugo del máximo ídolo del pugilismo en la nación azteca, aseguró que, para esa reyerta, en la que por supuesto sucumbió, llegó fuera de forma, y de sí, porque atravesaba problemas familiares fuertes.
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Sin embargo, y porque la bolsa era bastante importante, jamás pensó en si quiera desertar, más allá del papelón que realizó ante tanta gente que acudió para verlo caer.
¿Qué problemas tenía Haugen?
En una entrevista para la cadena Fox Sports, en 2009, Greg quiso justificar su descalabro, y relató lo que en esos momentos vivía de manera personal.
“Yo no entrené para esa pelea, estaba pasando por un divorcio, y básicamente, peleé con el corazón roto”. Antes de medirse a Julio, había derrotado a figuras de la talla de Héctor “Macho” Camacho, noqueado a Ray Mancini, pero igual hilaba cuatro derrotas en fila, aunque con la presunción de que siempre se fue a las tarjeta.
“Yo había peleado con los tipos más duros del mundo, y ninguno me había podido poner de rodillas; pero esa noche me puso de rodillas. Yo estaba devastado, pero estoy seguro que de haber estado al 100%, mental y físicamente para pelear, contra un tipo como Chávez, eso se habría notado de inmediato”.
¿Se arrepintió de tomar la pelea?
Haugen aceptó que luego se arrepintió por aceptar un reto en el que apenas y tuvo tiempo para prepararse, porque aquella imagen derrotado aún le causaba pena y escozor.