
El beisbol tiene un largo historial de genios excéntricos que transforman el juego desde la sombra. Aaron Leanhardt no es un exjugador, ni un hijo pródigo de la sabermetría que creció analizando swings en su garaje.
Es un doctor en física, exprofesor del MIT y antiguo colaborador de la NASA que decidió que su verdadera vocación estaba en el diamante. Hace una década, estaba dando clases en la Universidad de Michigan. Hoy, su creación, el torpedo bat, está sacudiendo las Grandes Ligas y convirtiéndose en la historia más delirante de la temporada.
La locura estalló cuando Yankees, en apenas tres encuentros, empataron un récord de 15 jonrones. Lo más llamativo no fue la cantidad, sino la herramienta con la que lo hicieron. Jazz Chisholm Jr., Anthony Volpe, Austin Wells, Cody Bellinger y Paul Goldschmidt empuñaron un bate que, a simple vista, podría pasar desapercibido, pero con la observación se vuelve un objeto nunca antes visto: más grueso en una zona inusual, con un centro de gravedad desplazado.
Leanhardt, quien hasta hace poco era coordinador de bateo de ligas menores en Yankees, se convirtió de golpe en el hombre del momento. Ahora, desde su rol en Marlins como coordinador de campo, intenta procesar la avalancha mediática.
De acuerdo con un comunicado de prensa que anunció su contratación en enero, la principal responsabilidad de Leanhardt con Marlins es “integrar el uso de información cuantitativa con el desempeño y la preparación en el campo y servir como conducto entre el departamento de análisis y el personal de las Grandes Ligas”.
El diseño es legal. La MLB no regula cómo debe distribuirse la masa de un bate, siempre que no supere las 42 pulgadas de largo ni las 2.61 de grosor. Eso ha permitido que varias marcas empiecen a fabricar modelos similares.
En una liga donde la mínima ventaja se explota al máximo, no pasará mucho tiempo antes de que más jugadores prueben la nueva herramienta, que ha caudado una revolución.