COSAS DE LA CIUDAD: LA UASLP REQUIERE PRIORIZAR A LA COMUNIDAD ESTUDIANTIL, NO A LA AGENDA POLÍTICA NI A INTERESES PERSONALES
Por: El Diablo Cojuelo

TRAGEDIA — La muerte de un estudiante de la UASLP no puede reducirse a una condolencia ni cerrar el caso de manera pronta. El hecho obliga a cuestionar qué atención y acompañamiento reciben los jóvenes ante situaciones de crisis. Las enfermedades mentales requieren prevención, escucha y mecanismos efectivos de apoyo. Cuando la institución reacciona después de la tragedia, surge una pregunta incómoda: ¿Qué se hizo antes?
RESPONSABILIDAD — El caso coloca nuevamente bajo escrutinio a las autoridades de la máxima casa de estudios, particularmente al rector Alejandro Zermeño Guerra, quien ha tenido una gestión poco afortunada dentro de la UASLP. La respuesta rápida fue un comunicado protocolario para expresar condolencias, pero no resuelve las carencias. La comunidad estudiantil necesita respuestas, acompañamiento y acciones, no solamente mensajes cuando ya es demasiado tarde.
PREVENCIÓN — Más allá de lamentar una muerte, la UASLP debe revisar sus mecanismos para atender crisis emocionales y enfermedades mentales entre estudiantes. La prevención no puede limitarse a campañas ocasionales ni activarse únicamente después de una tragedia. Se requiere identificar riesgos, facilitar ayuda profesional y garantizar seguimiento. Porque si las autoridades solo aparecen cuando ocurre lo irreversible, entonces la prevención deja de ser política institucional y se convierte en discurso.
SALUD MENTAL — En la UASLP urge revisar los mecanismos de atención para estudiantes que enfrentan crisis emocionales o psicológicas. Los protocolos existentes parecen insuficientes frente a una realidad que exige respuestas rápidas, profesionales y funcionales. No basta con tener servicios en el papel si acceder a ellos resulta complicado o tardío. La universidad debe revisar sus estatutos y garantizar atención médica, psicológica y psiquiátrica realmente operativa antes de que el problema termine en tragedia.
PROTOCOLOS — Los protocolos universitarios en materia de salud mental requieren una revisión profunda para determinar si realmente funcionan cuando un estudiante necesita ayuda. La atención no puede depender únicamente de detectar una crisis cuando ya estalló; debe existir prevención, seguimiento y canales claros para intervenir oportunamente. Tener reglamentos, procedimientos y servicios no garantiza nada si permanecen como letra administrativa. Porque los problemas emocionales no esperan turno ni respetan horarios burocráticos.
ATENCIÓN — La UASLP debe fortalecer de manera urgente la atención médica, psicológica y psiquiátrica dirigida a su comunidad estudiantil, con personal suficiente, mecanismos accesibles y seguimiento de cada caso que lo requiera. La salud emocional no puede manejarse como un trámite secundario dentro de una institución educativa. Si los estatutos necesitan actualizarse, habrá que hacerlo. Resulta bastante absurdo esperar una emergencia para descubrir que los protocolos existían, pero no funcionaban.
PISA — Los resultados de la prueba PISA vuelven a encender las alertas sobre el desempeño educativo, con una caída preocupante en matemáticas y lectura entre estudiantes de 15 años. Los alumnos se ubican incluso por debajo de los niveles registrados hace una década, un retroceso que no puede reducirse a una simple estadística. El problema evidencia rezagos acumulados y obliga a cuestionar qué está fallando en la formación académica.
BARRIOS — Tlaxcala, Santiago y San Miguelito, sectores emblemáticos de San Luis Potosí, atraviesan una etapa de recuperación después de años de abandono. Rescatar estos espacios significa preservar identidad, historia y patrimonio, pero también recuperar calles y entornos para quienes los habitan. La transformación resulta positiva, aunque conviene recordar que conservar los barrios no depende únicamente de una obra; requiere mantenimiento constante. Porque inaugurar es sencillo; evitar que vuelvan al abandono, no tanto.
VELOCIDAD — El exceso de velocidad y la imprudencia continúan apareciendo como factores recurrentes en accidentes registrados sobre vialidades transitadas. El cruce de Periférico Oriente y avenida Salk vuelve a ser escenario de un percance durante la madrugada, recordando que las calles no son pistas de carreras. Mientras algunos conductores parecen tener prisa por llegar, la realidad insiste en demostrar que llegar rápido no sirve cuando el destino termina siendo un accidente.
RUIDO — Existen establecimientos donde los niveles de ruido parecen importar poco, aun cuando se encuentran en zonas habitacionales donde las personas tienen derecho al descanso. El problema no es solo el volumen, sino la falta de consecuencias cuando las denuncias se acumulan y las suspensiones simplemente no llegan. Mientras vecinos soportan música y estruendo, la autoridad parece practicar una curiosa política sonora: escuchar las quejas, pero no atenderlas.
ESTACIONAMIENTO —Sobre Pedro Moreno y Pedro Montoya reportan que un local de raspas coloca diariamente carritos sobre la vía pública para apartar espacios de estacionamiento. Además, señalan que algunos vehículos relacionados con el negocio se estacionan en doble fila e incluso en sentido contrario. La práctica genera molestias y afecta la circulación, mientras el espacio público parece convertirse, una vez más, en extensión particular de un negocio.


