El T-MEC, las encuestas y la popularidad presidencial

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salomon rosas ramirez

El Tratado México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) es lo más importante que hay en este momento para nuestro país. Más allá de lo que cada quien podamos pensar, interpretar o valorar en relación a la evolución de las negociaciones que lleva a cabo nuestro Secretario de Economía con el representante del USTR -que es la instancia del gobierno gringo encargada de los temas comerciales-, Jamieson Greer los estudios demoscópicos reflejan que el 51% de los estadounidenses que prefieren mantenerlo sin cambios frente a un 50% de los mexicanos que apoyan la renegociación. Los estudios nos revelan que el 83% de los sectores productivos respaldan la renegociación del Tratado y esto es sencillo de entender dado que para todos son evidentes dos cuestiones: Primero, el T-MEC es indispensable para la región de Norteamérica y; Segundo, los tres países se han beneficiado del mismo siendo proveedores o consumidores y han consolidado una interdependencia que es muy difícil de romper de un día para otro. Como bien sabemos, las encuestas son una herramienta útil para tomar el pulso sobre el estado de ánimo de las y los ciudadanos de una nación con respecto a temas específicos y en materia electoral son usadas tanto para generar percepción en el público como para hacer estrategias y tomar decisiones o para ganar una contienda política en las urnas maximizando las fortalezas de algún partido o candidato en una campaña política o para hacer evidentes las debilidades de los adversarios y sus errores impactando a la población y propiciando que los electores les pierdan la confianza y, por tanto, pierdan las votaciones.

En este sentido es necesario considerar que el resultado de una encuesta trinacional reciente sobre si la gente considera que el T-MEC es bueno o malo para la economía de su país arrojó que el 73% de los mexicanos consideraron que es bueno, al igual que el 78% de los estadounidenses y el 83% de los canadienses (Fuente: Buendía & Marquez por México; The Chicago Council on Global Affairs en EE. UU.; y por Nanos Research en  Canadá). Las encuestas normalmente miden, en el caso de los partidos políticos, cómo está la “marca” valorada socialmente y cuánta afinidad existe hacia la misma, asimismo, en relación a los gobernantes o a los candidatos, lo que miden son o los niveles de su gestión en el cargo de acuerdo con su responsabilidad o sus atributos o propuestas que funcionan como activos para generar la simpatía y el respaldo popular. Lo público está ahora siempre sometido a las mediciones periódicas de las encuestas y, aunque las encuestas han caído en una suerte de descrédito político, no dejan de ser un referente indispensable en las valoraciones institucionales.

Las recientes encuestas publicadas el 20 de agosto pasado por Emerson College Polling rumbo a las elecciones de noviembre en Estados Unidos de América revelan que en el Congreso del vecino país habrá cambios sustantivos y que el 50.7% prefiere a los candidatos demócratas mientras que el 43% lo hace por los republicanos y el 6.3% aún están indecisos. Por su parte, una encuesta de finales de julio de la cadena televisiva CNN sostiene que el mayor factor de unidad entre los democrátas es su rechazo a Donald Trump y el 70% de ellos dice que su voto de noviembre próximo será para mandar un mensaje de rechazo al actual presidente mientras que tan solo el 41% de los votantes republicanos manifiesta que el sentido de su voto será para respaldar a la actual administración. En ese sentido, es preciso anotar que la popularidad del Presidente Donald Trump ha sufrido una seria caída en las épocas recientes y la encuesta publicada el 17 de agosto por Reuters/Ipsos nos dice que apenas el 33% de los gringos apruebn su gestión frente a un 64% que la desaprueban. Es por ello que consideran que “la brecha de 31 puntos entre aprobación y desaprobación refleja el deterioro de su imagen y que esto sucede en un momento especialmente sensible para la administración” y que si bien es cierto “la aprobación presidencial no permite en sí misma anticipar el resultado de esos comicios” lo cierto es que el costo de la vida estará impactando de manera directa el sentido del voto de los ciudadanos.

El T-MEC no depende de las elecciones intermedias de Estados Unidos pero sí es un hecho que el resultado de los comicios de noviembre cambiarán el contexto de las mesas de dialogo  ya que la  estabilidad en la política interna de una nación es la base para lograr defender y/o promover los intereses en las mesas de negociaciones, Si bien es cierto que el T-MEC no depende de las encuestas ni de la popularidad del o la Presidenta, lo real es que las condiciones cambian para bien o para ma. Esperemos que la baja en la popularidad de DT redunde en la posibilidad de fortalecer nuestros argumentos para lograr los mayores beneficios para el pueblo mexicano.

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