Noam Chomsky, las Visas gringas y el Injerencismo político

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El injerencismo político es la acción mediante la cual un gobierno, un Estado o un actor externo interfiere de manera indebida en los asuntos internos, los procesos soberanos o las decisiones políticas de otro país. Es decir que el injerencismo se presenta cuando un gobierno o agente extranjero busca influir, presionar o condicionar la vida pública, las leyes o los procesos electorales de una nación independiente y en el cual usansanciones diplomáticas, manejo restrictivo de visados, o inclusollegan hasta elfinanciamiento a grupos o partidos políticos, asociaciones o grupos de presión política.

Teniendo claro lo anterior, propongo que analicemos con objetividad los hechos recientes y, más allá de juzgar probables o supuestas responsabilidades o interpretaciones con respecto al involucramiento de personajes en asuntos de otra índole, que revisemos el tema de las visas que canceló el gobierno de Donald Trump para que precisemos si se trata o no de hechos injerencistas y de intervención extranjera indebida. Propongo que vayamos más al fondo para estar en condiciones de entender por qué el acto de quitar visas sí es injerencismo político y que partamos de la base de que cualquier gobierno de cualquier Estado Nacional puede limitar y/o decidir de manera independiente y autónoma las autorizaciones para entrar y permanecer en su territorio dado que es su derecho soberano.

Hay muchos autores destacados que han profundizado en el análisis y evidenciado el injerencismo político y el intervencionismo extranjero de las potencias dominantes en el Mundo exhibiendo cómo influyen en los asuntos internos de otros países y, sin duda, Noam Chomsky es uno de los más destacados escritores e investigadores que han tratado el tema de manera sistemática durante muchos años. Chomsky  -nacido en Pensilvania, Estados Unidos de América, el 7 de diciembre de 1928- quien es un reconocido intelectual, filósofo, politólogo y maestro emérito de lingüística en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) ha escrito varios libros al respecto y tal vez uno que es oportuno en esta ocasión es el que tituló como “Hegemony or Survival. America’s Quest for Global Dominance” (“Hegemonía o Supervivencia: La búsqueda estadounidense por el dominio global”), en el que Chomsky habla sobre la estrategia imperialista de Estados Unidos y sobre todas las acciones que han seguido durante décadas esa potencia mundial para intervenir e interferir en la vida interna de muchas naciones. Destaca el autor que la política exterior de Estados Unidos busca imponer una hegemonía global mediante el militarismo y la intervención y expone que Washington disfraza sus acciones injerencistas con un falso “idealismo” humanitario y democrático, mientras en la práctica protege los intereses de las élites corporativas y destruye cualquier intento de soberanía popular.

Argumenta Chomsky que el poder de Washington tiene una doble moral ya que justifica invasiones y golpes de Estado bajo la retórica de “promover la democracia”, pero aplica un trato distinto a aliados y adversarios según su conveniencia económica y militar y, categórico, precisa que “los principios básicos de la magna estrategia imperial se remontan a los inicios de la Segunda Guerra Mundial. Incluso antes de que Estados Unidos entrara en guerra, analistas y planificadores de alto rango concluyeron que, en el mundo de posguerra, Estados Unidos aspiraría a [mantener un poder indisputado] y procedería a asegurarse la [restricción de cualquier ejercicio de soberanía] por parte de países que pudieran interferir con su diseño global y que un factor clave era el de una política integrada para alcanzar la supremacía económica y militar]…”.

En otra parte de su libro, Noam Chomsky nos advierte que “en el extranjero la responsabilidad de Washington consiste en asegurar que el gobierno sea depositado en manos de [los buenos, aunque no sean más que unos pocos]”.

En cuanto a América Latina, el estadounidense Noam Chomsky ha documentado cómo Estados Unidos ha intervenido históricamente y de forma sistemática en la región para aplastar movimientos reformistas y populares que amenazaban el control del capital norteamericano; en ese sentido nos ha explicado cómo se han usado los medios de comunicación (y ahora también las redes sociales) para moldear la opinión pública para que la ciudadanía acepte la intervención imperial como un acto de benevolencia defensiva. Leer al ciudadano americano Noam Chomsky es fascinante ya que él conoce las entrañas del monstruo que es y representa el poder del gobierno de Estados Unidos. En otro de sus libros, cuyo título es “La Cultura del Terrorismo”, habla de cómo es que el gobierno estadounidense fabrica la amenaza de un enemigo común para justificar la violencia exterior y el control interno.

En su embestida actual por cambiar las reglas del juego mundial, el gobierno Donald Trump al mando en Estados Unidos de América ya encontró una nueva amenaza que son las mafias del narcotráfico internacional y en un santiamén paso de combatir el tráfico de drogas a su país -que es el de mayor consumo a nivel mundial-, a etiquetar como terroristas a las bandas de narcotraficantes y a los Estados Soberanos donde actúan las mismas.

Se trata de una nueva narrativa, se trata de un nuevo sustento argumentativo para seguir consolidando su preminencia mundial cueste lo que cueste y pasando por encima de lo que haya necesidad de pasar y/o atropellar. Y es aquí donde caben algunas preguntas:¿Alguien verdaderamente cree que en Estados Unidos no hay corrupción gubernamental o policiaca ligada a la producción, distribución y tráfico de drogas?; ¿Alguien está convencido que en Estados Unidos no hay connivencias en el sector financiero para el lavado de dinero procedente de actividades ligadas al narcotráfico?; finalmente, y si las respuestas a las dos preguntas son negativas, ¿Por qué no hemos visto ni una sola acción en ese sentido contra funcionarios y/o actores políticos estadounidenses? Como es obvio, en ese caso no se trata de cancelar visas a sus ciudadanos, pero bien podrían poner el ejemplo actuando en consecuencia legalmente.

Sirva esta colaboración no para tratar de exculpar a nadie de conductas que les pudieran ser imputables o que ameritaran sanciones de otra índole sino para concluir junto con Noam Chomsky que podemos coincidir y catalogar como injerencismo político las cancelaciones de las visas a ciudadanos mexicanos hechas recientemente por el gobierno de Donald Trump.

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