Las Cosas de la Ciudad; Ciberacoso; menos casos, mismo problema

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Por: El Diablo Cojuelo

CIBERACOSO – Las cifras dicen que el ciberacoso bajó en San Luis Potosí, pero tampoco es para lanzar fuegos artificiales. Es como presumir que ahora solo uno de cada cinco usuarios enfrenta agresiones digitales. Qué alivio… sarcasmo incluido. Detrás de esa aparente mejora siguen apareciendo perfiles falsos, insultos y amenazas que convierten las redes sociales en un terreno donde el anonimato sirve más para atacar que para convivir.

BLANCO – Las mujeres continúan encabezando las estadísticas de ciberacoso, demostrando que algunos confunden un teclado con licencia para insultar, acosar o intimidar. Qué valentía tan peculiar la de quienes solo se sienten poderosos detrás de una pantalla. Mientras la tecnología avanza, la educación y el respeto parecen seguir cargando la señal más lenta, dejando a miles de usuarias expuestas a agresiones constantes.

COMENTARIO – Muchos siguen justificando el ciberacoso con el clásico “era una broma” o “solo fue un comentario”. Qué conveniente convertir la falta de respeto en entretenimiento. La reducción de casos es positiva, pero el verdadero reto sigue siendo construir espacios digitales donde denunciar sea más fácil que agredir y donde el anonimato deje de ser el escudo favorito de quienes atacan sin dar la cara.

CICLOVÍA – Resulta curioso que algunos ciclistas prefieran pedalear sobre la carretera, compartiendo carril con vehículos a alta velocidad, mientras la ciclovía permanece prácticamente de adorno. Qué extraño concepto de seguridad; tener un espacio diseñado para protegerlos y decidir ignorarlo. Luego vienen los sustos, los frenazos y los reclamos. La infraestructura cuesta dinero público; usarla también forma parte de la responsabilidad para evitar accidentes y proteger la vida.

PESADO – Qué curioso espectáculo el de los camiones de carga cruzando los puentes rumbo a Lomas, una zona donde su circulación está restringida. Mientras tanto, la Policía Vial parecía disfrutar un desayuno con vista privilegiada, observando el desfile sin mover la patrulla. Hasta el puente peatonal terminó vibrando con el paso de las unidades. Al parecer, las señales de restricción solo existen para decorar, porque hacerlas cumplir quedó fuera del menú.

ESPERA – En el barrio de San Sebastián, el socavón ya parece vecino distinguido: le colocaron cinta amarilla para apartarlo y hasta un sillón, quizá para que espere cómodamente el día en que alguien decida repararlo. Qué peculiar forma de hacer mantenimiento urbano; en lugar de arreglar el problema, lo decoran. Mientras el hoyo sigue creciendo, los ciudadanos también acumulan paciencia… aunque esa ya está mucho más cerca de agotarse que la obra de comenzar.

APAGADOS – En Carranza, entre Rubén Darío y Librado Rivera, los semáforos decidieron tomarse el día libre y, al parecer, también quienes deberían dirigir el tráfico. Qué gran estrategia de movilidad; dejar que los automovilistas jueguen a adivinar quién pasa primero. Mientras unos avanzan con miedo y otros con exceso de confianza, la ausencia de agentes convierte el crucero en un auténtico “todos contra todos”, donde la suerte termina sustituyendo a la prevención.

AMARILLOS  – La física no negocia: mientras más grande es un vehículo, mayor distancia necesita para frenar. Pero algunos operadores de camiones urbanos parecen creer que los frenos funcionan con telepatía y se pegan al automóvil de adelante como si estuvieran remolcándolo. Y si alguien guarda la distancia correcta, todavía se molestan. Qué curioso; manejan toneladas de peso, pero a veces parece que la prudencia fue la primera pasajera que decidieron bajar.

CRISTALAZOS – En San Luis Potosí, dejar una mochila o una computadora a la vista dentro del vehículo parece convertirse en un anuncio luminoso que dice; “Aquí hay premio”. Claro, la culpa siempre será del delincuente, no de la víctima, pero algunos ladrones hacen recorridos de aparadores sobre cuatro ruedas. Qué triste realidad; estacionarse ya no solo implica buscar un lugar, sino esconder todo antes de que alguien decida romper un cristal.

HOYANCOS – En avenida Zapata, frente a la Escuela de Artes y Oficios, apareció otro hoyo que parece estar cursando la especialidad en crecimiento acelerado. Ubicado en el carril derecho, espera pacientemente al siguiente automovilista distraído para darle la bienvenida. Qué eficiente obra urbana; el bache ya tiene domicilio fijo y hasta referencia conocida. Mientras los conductores hacen maniobras para esquivarlo, la reparación sigue siendo la materia que nadie ha querido aprobar.

OBRAS ETERNAS – En Las Terceras, las obras parecen haber firmado contrato indefinido. Cada semana aparece una calle cerrada más, muchas veces sin aviso y con señalamientos tan invisibles como las fechas de conclusión. Qué emocionante experiencia para los automovilistas; descubrir bloqueos por sorpresa y jugar a encontrar una salida. Entre zanjas, desvíos improvisados y falta de prevención, la movilidad termina convertida en un laberinto donde perder tiempo parece parte oficial del proyecto.

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