Las Cosas de la Ciudad; La Alameda Juan Sarabia de paseo dominical a basurero
Por: El Diablo Cojuelo

ALAMEDA – Lo que antes era un paseo dominical tranquilo por la Alameda Juan Sarabia hoy parece más un recorrido con sorpresa incluida; basura por todos lados y una sensación de abandono que se nota a simple vista. Qué cambio tan peculiar, de espacio familiar a escenario descuidado. Entre bancas olvidadas y caminos sucios, el paseo ya no invita a relajarse, sino a preguntarse en qué momento se perdió el cuidado del lugar.
DESCUIDO – El ayuntamiento parece haber dejado la Alameda en “modo automático”, como si el mantenimiento fuera opcional y la limpieza un lujo. Qué eficiente gestión la que convierte un punto emblemático en un recordatorio del descuido. Los visitantes ya no llegan solo a caminar, también a esquivar desechos. Entre tristeza y coraje, la ciudadanía observa cómo un espacio público pierde valor por falta de atención constante y acciones reales de conservación.
FESTEJOS – Ni la derrota frenó la costumbre de dejar la Glorieta Bocanegra convertida en un enorme bote de basura al aire libre. Papeles, latas y desechos quedaron como el verdadero marcador del partido. Qué curioso que la pasión por la Selección dure horas, pero el compromiso con la limpieza apenas unos segundos. Celebrar o lamentar un resultado no debería incluir regalarle trabajo extra al personal de limpieza ni convertir los espacios públicos en tiraderos.
INCLUSIÓN – Agredir físicamente a vecinos con discapacidad del neurodesarrollo no tiene nada de valiente; al contrario, exhibe una preocupante falta de respeto y empatía. Qué absurdo creer que la fuerza resuelve diferencias cuando solo deja evidencia de intolerancia. Una comunidad se mide por la forma en que protege a quienes requieren mayor comprensión, no por cómo los intimida. La convivencia empieza con respeto, educación y responsabilidad, no con violencia disfrazada de conflicto vecinal.
COHERENCIA – Exigir respeto a los propios derechos siempre es válido, pero también lo es asumir las consecuencias cuando existe evidencia de una conducta indebida. Si alguien es sorprendido cometiendo un robo en un centro comercial, la mejor estrategia difícilmente será actuar como si nada hubiera pasado. Los derechos y las obligaciones van de la mano; la responsabilidad no debería quedarse olvidada junto al carrito de compras.
VANDALISMO – Durante los gritos y porras, algunos “creativos del festejo” decidieron que el Río Santiago y el monumento a la Independencia eran el escenario perfecto para encender fuego, como si la celebración necesitara efectos especiales. Qué manera tan peculiar de confundir patriotismo con caos, donde la emoción se les sube más rápido que el sentido común. Al final, la fiesta termina, pero los daños se quedan recordando que celebrar no debería incluir destruir lo que es de todos.
TRÁFICO – En Carranza, las celebraciones se salieron un poco de control y el entusiasmo terminó traducido en choques por impulsividad, esos que luego se describen con humor como “pequeños besitos al auto”. Qué forma tan creativa de celebrar; bocinazos, euforia y cero distancia de seguridad. Entre la emoción del momento y la prisa por festejar, los autos también terminaron participando… aunque sin invitación y con resultado bastante caro para el bolsillo.
SEGURIDAD – En Lomas del Tecnológico, las “ratotas” no solo invaden la cocina, ahora también parecen querer administrar la casa completa, entrando a robar como si tuvieran llave propia. Qué moderno sistema de seguridad el que deja todo a la improvisación de los vecinos. Entre sustos y pérdidas, la situación se vuelve casi una película urbana, donde los protagonistas no son invitados, pero siempre encuentran la forma de entrar sin pedir permiso ni avisar.
BULLYING – En algunos planteles educativos, el bullying y la violencia se han convertido en una mala rutina donde los golpes y el miedo parecen “parte del recreo”, cuando en realidad no deberían existir. Qué triste normalizar lo que debería ser espacio de aprendizaje y respeto. Entre miradas de temor y silencios incómodos, la convivencia se distorsiona. La escuela debe ser formación, no escenario de intimidación ni de agresiones entre estudiantes.
VALORES – Los valores no se instalan como aplicación en la escuela; empiezan en casa, donde el respeto se aprende con ejemplos y no con excusas. Qué cómodo sería dejarle todo a los maestros: que enseñen a leer, a escribir y hasta a ser buena gente. Pero la realidad es otra: la educación empieza con cada padre de familia, porque lo que se aprende en casa se nota afuera, para bien o para mal.
CALOR – Las altas temperaturas en la capital ya no están jugando; el calor aprieta con todo y pone en riesgo a los más vulnerables, especialmente adultos mayores y niños, que son los primeros en sufrir deshidratación. Qué curioso clima el de ahora, donde salir unos minutos se siente como entrenamiento extremo. Entre el sol implacable y la falta de hidratación, el día se convierte en prueba de resistencia más que en rutina diaria.


