COSAS DE LA CIUDAD; ECONOMÌA DEL FUTBOL
Por: El Diablo Cojuelo

CIRCULA – Cuando juega México, el balón no solo rueda en la cancha, también rueda el dinero en la calle. Qué interesante ver cómo un gol puede activar bares, tienditas, supermercados y hasta el antojo más improvisado. La emoción colectiva se convierte en consumo inmediato, como si cada partido fuera una pequeña temporada alta. El fútbol no solo se juega con los pies, también con la cartera de millones que convierten la pasión en movimiento económico constante.
PASIÓN – Y es que cada partido de la Selección se convierte en una especie de “fiesta nacional” donde todo se vende más rápido; la cerveza, las botanas y hasta la emoción. Qué curioso que un solo gol tenga el poder de llenar cajas registradoras más que muchos días normales de trabajo. Entre gritos de celebración y pantallas encendidas, la economía se pone la verde, aunque al final la factura del festejo siempre llega al mismo lugar: el bolsillo del aficionado.
FÚTBOL – El fútbol se vende como fiesta, pero a veces parece solo una excusa elegante para tapar realidades que incomodan. Qué práctico resulta gritar goles mientras se ignoran las heridas que siguen abiertas en la sociedad. Cuando el estadio se apaga, el ruido se traslada a la calle, donde queda el verdadero marcador: indiferencia colectiva. Celebramos el triunfo, sí, pero también la capacidad de no mirar lo que duele mientras seguimos aplaudiendo.
TRANSPARENCIA – En 2026, la transparencia parece tener más solicitudes que respuestas completas, como si cada trámite viniera con versión “lite” de la información. Qué curioso sistema donde los ciudadanos preguntan con papeles en mano y a veces reciben silencios bien empacados o datos a medias. No es sanción, pero sí acumulación de quejas. Al final, la gran pregunta sigue flotando: ¿la información pública es realmente pública o solo accesible cuando conviene?
AMPA – En Villa Magna, la madrugada parece haber sido de “promoción especial” para la delincuencia, porque cuatro camionetas desaparecieron como si alguien hubiera organizado una rifa express sin boletos ni permiso. Qué eficiencia la de los amantes de lo ajeno, mientras los vecinos apenas se enteran al amanecer. Entre sorpresa e indignación, queda claro que aquí no se duerme tranquilo… solo se espera a ver qué vehículo no amaneció en su lugar.
DOBLE MORAL – Carros oficiales del municipio circulando sin placas, como si fueran invisibles ante el reglamento que sí aplica con lupa al ciudadano común. Qué curioso sistema donde la norma se interpreta según el vehículo, no según la ley. Mientras a unos les retiran placas y les cobran multas con entusiasmo, otros transitan sin mayor problema. Entre discursos de orden y ejemplos ausentes, la coherencia parece ser el único requisito que no entra en circulación oficial.
COSTOS – Los carros de plataforma en SLP parecen haber actualizado no solo la app, sino también la tarifa con esteroides: un viaje que antes costaba menos de 40 pesos ahora aparece como si cruzara medio país, arriba de 75. Qué curioso que las distancias no hayan crecido, pero el precio sí. Entre algoritmos creativos y “ajustes dinámicos”, el bolsillo del usuario es el único que nunca encuentra descuento, solo sorpresas cada vez más saladas.
CALLES – En la oscuridad de algunas zonas, los ladrones parecen estar mejor organizados que cualquier sistema de vigilancia, esperando, observando y eligiendo a sus “clientes” con paciencia de oficina. Qué tranquilidad tan peculiar la de saber que el riesgo ya tiene horario fijo. Mientras tanto, los recorridos municipales brillan por su ausencia, como si patrullar fuera opcional. Entre sombras activas y rondines fantasmas, la calle se vuelve territorio de quien primero la ocupe.
AGUA – En El Rosedal, el agua potable parece tener su propio calendario, porque puede tardar hasta tres días en aparecer, como si estuviera de vacaciones permanentes. Qué práctico sistema donde primero se espera, luego se desespera y al final se termina comprando pipa. Eso sí, el recibo bimestral llega puntual, sin retrasos ni excusas. Entre escasez y cobros completos, el servicio fluye… pero solo en la factura, nunca en la llave.
LLAMADAS – Los usuarios reportan un incremento de llamadas spam a sus celulares, como si el teléfono hubiera entrado a un “concurso” donde nadie se inscribió. Qué eficiente resulta el sistema para interrumpir comidas, siestas o trabajo con ofertas milagrosas y supuestas promociones. Muchas de estas llamadas son estafa disfrazada de oportunidad. Entre bloquear números y colgar sin pensar, el usuario moderno ya se volvió experto en sobrevivir al timbre más insistente del siglo.
DEMORAS – En el sistema de transporte parece que el equilibrio perfecto es simple: faltan choferes, sobran quejas y los tiempos de espera crecen como si tuvieran gimnasio. Qué eficiente escenario donde el usuario desarrolla paciencia extrema sin necesidad de meditación. Mientras el camión llega “en camino”, la vida avanza, el calor sube y la fila crece. Al final, el verdadero viaje no es en la ruta, sino en la espera interminable del siguiente camión.


