COSAS DE LA CIUDAD; EXPLOTANDO CONTRA EL INTERAPAS
Por: El Diablo Cojuelo

INTERAPAS – Los reportes se acumulan, los drenajes colapsan y las fugas siguen brotando como si fueran parte del paisaje urbano, mientras el camión vactor parece leyenda urbana más que solución real. Qué puntualidad tan admirable la de los recibos; esos sí nunca fallan, llegan religiosamente cada dos meses a la puerta. En cambio, la atención a los problemas reales parece tener su propio calendario, mucho más lento y selectivo.
SERVICIO – La ciudadanía reporta una y otra vez, pero la respuesta muchas veces se pierde entre llamadas, folios y esperas interminables. Qué curioso equilibrio: el problema persiste, pero el trámite avanza… lentamente o no avanza. Los drenajes siguen colapsados, las fugas continúan y la sensación general es de abandono. Eso sí, la factura llega impecable, sin retrasos y con toda la precisión que el servicio físico no siempre muestra.
RECLAMOS – Entre cobros discutibles y atención insuficiente, la percepción ciudadana se endurece con cada reporte no atendido. Qué ironía: mientras las calles huelen a drenaje y las tuberías fallan, el sistema administrativo funciona como reloj cuando se trata de cobrar. La molestia crece porque no es un hecho aislado, sino repetitivo. Y en esa repetición, el enojo deja de ser sorpresa para convertirse en rutina.
SEGURIDAD – En avenida Salk, los comerciantes ya viven entre la preocupación constante por robos y la sensación de tener que organizarse por su cuenta ante la repetición de incidentes. Qué escenario tan revelador; negocios abiertos, trabajadores atentos y una tensión que crece cada noche. La situación evidencia la necesidad de reforzar la prevención y la respuesta oportuna, porque cuando la seguridad falla, la confianza de quienes trabajan día a día se desgasta inevitablemente.
VIALIDADES – Manejar en la ciudad ya es una experiencia extrema; baches como cráteres, topes improvisados y hundimientos que aparecen sin aviso, como si la calle estuviera en modo trampa. Qué emoción adicional cuando llueve: ahora los hoyos se vuelven invisibles y las avenidas se transforman en ríos con sorpresa incluida. Cada temporada repite el mismo guion, pero con más agua y menos paciencia. Eso sí, la ciudad nunca se aburre… solo los automovilistas.
RESPETO ANIMAL – Ya basta de confundir “cuidado” con abandono disfrazado: animales amarrados, sin comida o en condiciones indignas no son seguridad, son una bomba de estrés que tarde o temprano reacciona. Qué práctica tan conveniente la de exigir que “cuiden” mientras se les niegan las condiciones básicas. Después sorprende que haya incidentes con ciudadanos. La responsabilidad no es opcional ni selectiva; tener un animal implica atención, alimento y trato digno, no solo control a conveniencia.
OBRAS– Se reporta que el tránsito de vehículos pesados que intenta circular de Puerta Real hacia La Virgen está siendo desviado, permitiendo únicamente el paso de unidades ligeras debido a las obras que continúan en Periférico y la carretera a Rioverde. La medida busca reducir riesgos y mejorar la fluidez vial en la zona. Autoridades recomiendan a los conductores tomar rutas alternas y considerar tiempos de traslado más amplios para evitar congestionamientos.
LLUVIA – Todo “tranquis” por Bellavista hasta que la lluvia decidió hacer lo suyo: desaparecer los topes reductores como si fueran decoración temporal, dejando la vialidad aún más peligrosa de lo habitual. Qué eficiente sistema natural: si no se inunda, se deslava; si no se deslava, se hunde. La zona, que ya es conocida por encharcarse, ahora suma un atractivo extra para conductores desprevenidos que descubren los cambios del terreno a velocidad real y sin aviso previo.
AGUAS– En Aguaje, la lluvia no solo cayó, decidió instalarse como si el lugar fuera piscina pública, dejando el nivel del agua a la mitad de los autos y convirtiendo la vialidad en un improvisado “show acuático” del temporal. Qué espectáculo tan constante: vehículos flotando, tráfico detenido y vecinos adaptándose a una postal que se repite cada temporada. Entre risas nerviosas y resignación, la calle vuelve a demostrar que aquí la lluvia no se drena, se acumula y se presume.
AUTOSERVICIO – Cajas cerradas y pura máquina en modo “hazlo tú mismo”, como si todos los clientes fueran expertos en sistemas de cobro exprés. Qué eficiente modernidad: reducir personal y aumentar la paciencia del usuario. Porque ahora pagar no solo implica comprar, sino también aprender a usar el sistema, esperar a que funcione y, con suerte, encontrar a alguien que ayude. Entre filas lentas y confusión general, el autoservicio termina siendo todo menos “auto” y mucho menos “servicio”.
BOLSAS – No manches, ir tirando latas y envolturas desde los carros ya se volvió deporte urbano, como si la calle fuera basurero con servicio incluido. Qué práctica tan cómoda; consumir dentro del vehículo y “deshacerse” del problema por la ventana. Luego vienen las lluvias y sorpresa, los drenajes tapados, las inundaciones y el llanto colectivo. Pero claro, aquí nadie tira basura, solo “desaparece mágicamente” en la vía pública. La ciudad aguanta, pero no debería.


