Las Cosas de la Ciudad; Se dispara la inflación, se adelgaza la cartera

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Por: El Diablo Cojuelo

BAJO PRESIÓN – La inflación repunta a 4.59% y, aunque quieran maquillar el dato, el golpe real lo sienten las familias en el súper, la luz y el transporte. El encarecimiento de agropecuarios y energéticos confirma que la presión inflacionaria sigue viva, mientras el discurso oficial insiste en minimizar un problema que ya está en la mesa de todos los hogares.

EMPLEO – La caída del 8.4% en la creación de empleo formal en el primer trimestre no es un “ajuste”, es una señal clara de desaceleración. Menos empleadores y menos oportunidades significan incertidumbre para miles de personas. Cuando el mercado laboral se enfría, el impacto es directo: menos ingreso, menos estabilidad y más precariedad.

SIN CONFIANZA– El consumidor mexicano vuelve a mostrar pesimismo, y no es casualidad. La caída en la confianza refleja lo que muchos ya perciben: el dinero alcanza menos y el futuro se ve incierto. Menor confianza hoy se traduce en menor consumo mañana, cerrando el círculo de una economía que empieza a perder dinamismo mientras las alertas siguen encendidas.

AGUA– Apenas sube la temperatura y el sistema de agua colapsa, dejando en evidencia la falta de previsión del Ayuntamiento. No es sorpresa, es negligencia repetida: cada año el mismo escenario y las mismas excusas. Mientras la ciudadanía enfrenta la escasez, la respuesta oficial llega tarde o simplemente no llega. Gobernar no es reaccionar cuando todo falla, es anticiparse, y hoy queda claro que eso no está ocurriendo.

DISTORSIONADO – Señalar un posible mal uso de la Ley Valeria para evitar pagos o amenazar con denuncias es un tema delicado que no debe generalizarse ni prestarse a juicios sin pruebas. Si bien cualquier abuso de la ley debe investigarse y sancionarse, también es fundamental no deslegitimar un instrumento creado para proteger a víctimas reales. La solución no es desacreditar, sino exigir procesos claros, evidencia y actuación imparcial de las autoridades para evitar tanto abusos como injusticias.

PROPIA MANO – Cansados de los robos y de la falta de seguridad, vecinos de avenida Observatorio retuvieron y golpearon a un presunto ladrón, en un hecho que refleja el hartazgo social ante la ausencia de autoridad. Sin embargo, aunque la indignación es comprensible, este tipo de acciones solo agravan la situación: la violencia genera más violencia y pone en riesgo a todos. La seguridad no puede depender de reacciones impulsivas, sino de instituciones que realmente respondan y garanticen justicia.

ESPACIO– No falta el vecino que se siente dueño de la calle y ahora hasta de la banqueta, colocando cadenas y obstáculos como si el espacio público fuera propiedad privada. Este tipo de abusos no solo reflejan falta de respeto por los demás, también ponen en riesgo a peatones que se ven obligados a bajar a la vialidad. Adueñarse de lo que es de todos es una muestra clara de egoísmo y de la ausencia de autoridad que debería garantizar el libre tránsito.

ARBITRARIEDAD– La indignación crece entre vecinos de Progreso, Pilitas y colonias aledañas por la poda —o tala— de árboles realizada sin previo aviso por el Ayuntamiento capitalino. Señalan que la intervención, presuntamente a petición de empresas de telefonía y televisión de paga para proteger cableado, se llevó a cabo sin mostrar documentos que la justificaran. Más que mantenimiento urbano, lo que perciben es una acción irregular que sacrifica áreas verdes sin transparencia ni consulta, alimentando la desconfianza ciudadana.

REORDENAR– Taxistas han solicitado a la autoridad estatal permitir la creación de espacios tipo “sitio” en colonias, similares a los de la Alameda, para facilitar el levantamiento de pasaje en zonas más alejadas. La propuesta busca acercar el servicio y mejorar la movilidad, aunque también abre el debate sobre regulación, orden vial y competencia con otras modalidades de transporte.

“UNO, UNO” – En SLP se vive una problemática cada vez más evidente; la ausencia de cultura vial. Nadie cede el paso, pocos respetan el “uno y uno” y la mayoría maneja bajo la lógica del “yo primero”, olvidando reglas básicas que no solo ordenan el tránsito, sino que previenen accidentes. Esta actitud genera caos, conflictos y situaciones de riesgo todos los días. No es solo un tema de autoridades, es una responsabilidad compartida que muchos han decidido ignorar, con consecuencias que terminan pagando todos.

SIRENAS – Ambulancias alertan sobre una práctica que pone en duda su función; ¿realmente todas las emergencias justifican el uso de códigos y velocidad, o se están utilizando para situaciones como “llegar más rápido” a una gasolinera? Este tipo de conductas no solo desacreditan el servicio, también ponen en riesgo a terceros y retrasan la atención de verdaderas urgencias. La prioridad debe ser salvar vidas, no aprovecharse de un recurso que debería usarse con responsabilidad absoluta.

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