Cosas de la Ciudad: Andando entre aguas negras

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Por: El Diablo Cojuelo

POSTAL— Caminar entre aguas negras en Abasolo y el Eje Vial ya es parte del tour no oficial del Centro Histórico: ciudad descompuesta, olores podridos y banquetas convertidas en drenaje abierto. La normalidad huele mal, mientras las responsabilidades municipales parecen haberse ido por la coladera.

PODRIDO— En pleno Centro Histórico, la calle Abasolo suma más de tres meses con brotes de drenaje que ya son foco de infección. Reportes sobran y la respuesta es la misma: “hay mucho trabajo”. Mientras tanto, vecinos caminan entre residuos y temen que la próxima lluvia convierta todo en colapso sanitario.

RESPALDO— En la Central de Abastos, los elementos de la FGR enfrentaron agresiones mientras cumplían su deber, demostrando contención y profesionalismo ante un entorno tenso. Hacer valer la ley no es provocación, es obligación. Cuando la autoridad actúa conforme a derecho, merece respeto y respaldo ciudadano, no violencia.

CONTAMINACIÓN— En la calle Los Gómez, casi Periférico Oriente, la quema diaria de basura y escombro ya es rutina tóxica. Carretoneros convirtieron el sitio en tiradero clandestino; humo, pestilencia y ventanas cerradas por obligación. Respirar aire limpio aquí es lujo; la salud vecinal, la que paga la factura.

COERCIÓN— Estudiantes denuncian que en la Universidad de la Cruz Roja la “opción” es única; estudios médicos, rayos X y laboratorio solo en casa… o no hay prácticas. A eso se suma una colecta “voluntaria” de 500 pesos. Transparencia pendiente, inconformidad creciente y silencio institucional que pesa más que cualquier diagnóstico.

DESCARO— A plena mañana, en Julián Carrillo, se llevan un auto con calma olímpica y cámara de testigo. La inseguridad ya no madruga: ahora ficha horario diurno. Vecinos piden vigilancia real, no presencia simbólica. Cuando robar se vuelve rutina, la tranquilidad del barrio queda estacionada… pero sin coche.

IMPUNIDAD— Asaltos y robos a plena luz del día se repiten como si fueran parte de lo cotidiano. Delincuentes operan sin prisa ni miedo, mientras la sensación de control brilla por su ausencia. La calle no puede normalizar el despojo cotidiano; seguridad visible y prevención real ya no admiten demora.

VOLANTE— Taxistas alcoholizados, somnolientos y de mal humor convierten cada viaje en ruleta rusa. Pasajeros y peatones quedan a merced de reflejos lentos y decisiones torpes. El servicio público no puede operar entre bostezos y aliento etílico; el respeto a la vida empieza por bajarse del auto si no se está en condiciones.

FURIA — Salk y Fleming cargan fama de focos rojos en SLP, y no precisamente por el tráfico. Vecinos describen patrullajes escasos y reacciones tardías, mientras la percepción de riesgo crece. La seguridad no puede ser espectadora: presencia constante, prevención y respuesta oportuna son urgentes para recuperar la tranquilidad.

IRACUNDOS— Sin razón ni motivo, agresiones constantes a transeúntes para arrebatarles la cartera. La violencia exprés se volvió rutina; ataques rápidos, huida fácil y víctimas a merced del azar. Caminar ya no es cotidiano, es una apuesta.

HUNDIDOS— Dos meses de suelo cediendo y drenaje fallando en el barrio San Juan de Guadalupe tienen a vecinos entre baches, malos olores y temor de un colapso mayor. La vialidad se deteriora, el agua estancada avanza y la vida diaria se vuelve obstáculo tras obstáculo, sin solución visible.

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