“Por qué rehicimos el orden global”. Donald Trump, Commander-in-Chief, nos explica

Que no se nos olvide que todo es economía y que todo son intereses. También, saber que no es el Estadista sino el Comandante en Jefe quien impulsa el nuevo orden mundial, es esencial para no caer en ingenuidades en la ruta a seguir y para ser precisos en la acción y defensa de lo que le conviene a México. Ante la permanente turbulencia que genera el estilo y forma de hacer política del presidente de los Estados Unidos de América, lo que hay que agradecerle es la claridad y la nitidez con la que dice lo que piensa y lo que va a hacer o pretende hacer dado que eso, nos puede permitir hacer un mejor diagnóstico situacional e intentar predecir y/o determinar los escenarios que enfrentaremos en cada etapa del mandato/reinado del señor Donald Trump (DT). Pasado mañana, el martes 20 de enero, se cumplirá APENAS un año de haber iniciado el segundo periodo presidencial de DT y, ciertamente, muchas cosas han pasado desde aquel día, pero estoy seguro de que coincidiremos en que la de mayor trascendencia ha sido la del cambio de reglas del juego económico que Donald Trump que, a diferencia de su mandato anterior ahora asumiendo a plenitud su carácter de “Commander-in-Chief” o Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, está tratando de imponer y de consolidar en el corto plazo incluso con la fuerza de las armas. En ese sentido, resulta relevante el documento que el pasado 8 de enero fue publicado en la página oficial de la Oficina del Representante Comercial de EE.UU. (USTR) y cuyo título es: “Por qué rehicimos el orden global”. Rescatar algunas partes del texto referido es fundamental. Empieza señalando que “en 1944, en pleno apogeo de la Segunda Guerra Mundial, representantes aliados se reunieron en un pintoresco balneario de New Hampshire llamado Bretton Woods para debatir cómo establecer un orden económico de posguerra que restableciera el flujo comercial racional en un mundo fracturado”. En seguida sostiene que el orden dominado por la Organización Mundial de Comercio que regula las políticas comerciales de sus 166 miembros “es insostenible” y considera que “Estados Unidos ha pagado las consecuencias del sistema con la pérdida de empleos industriales y de seguridad económica … y el mayor beneficiado ha sido China, con sus empresas estatales y sus planes quinquenales”. Inmediatamente después, toma la iniciativa y sentencia que “ahora, la reforma está al alcance de la mano” y nos informa que DT se reunió su resort de Turnberry, en la costa escocesa, con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y “firmaron un acuerdo histórico: justo, equilibrado y orientado a servir intereses nacionales concretos, en lugar de las vagas aspiraciones de las instituciones multilaterales. De hecho, mediante una combinación de aranceles y acuerdos para el acceso a los mercados extranjeros y la inversión, Estados Unidos ha sentado las bases de un nuevo orden comercial global”. En la nueva lectura de las cosas, el documento señala tajante que “el sistema anterior rechazaba los aranceles como herramienta legítima de política pública, lo que significaba que Estados Unidos sacrificaba la protección arancelaria para sectores cruciales de la manufactura y otros. Durante las últimas tres décadas, Estados Unidos redujo drásticamente las barreras a nuestro mercado para permitir la entrada masiva de bienes, servicios, mano de obra y capital extranjeros. Al mismo tiempo, otros países mantuvieron sus mercados cerrados a nuestros productos e implementaron un conjunto de políticas —como subsidios, supresión salarial, normas laborales y ambientales laxas, distorsiones regulatorias y manipulación cambiaria— para impulsar artificialmente las exportaciones a Estados Unidos.
Sin ambages, la USTR acusa diciendo “nuestros socios comerciales eran expertos en este juego, y las élites de Wall Street y Washington estaban encantadas de aprovechar el arbitraje global trasladando la producción al extranjero. ¿El resultado neto? La mayor parte de la manufactura global se trasladó a jurisdicciones como China, Vietnam y México, donde las empresas podían explotar a trabajadores vulnerables o beneficiarse de un amplio apoyo estatal, mientras que Estados Unidos acumulaba lo que, en términos absolutos, es el mayor déficit comercial de la historia del mundo. Esto provocó pérdidas extensas y bien documentadas de capacidad industrial y empleo en Estados Unidos, así como una dependencia de nuestros adversarios para cadenas de suministro críticas”. Donald Trump, el Commander-in-Chief concreta su diagnóstico y con puntualidad expresa que “subordinamos los imperativos económicos y de seguridad nacional de nuestro país a un mínimo común denominador de consenso global. Este enfoque perjudicó a los trabajadores estadounidenses, a sus familias y a sus comunidades al socavar un sector manufacturero que genera empleos bien remunerados, fomenta la innovación y cataliza la inversión en toda la economía”. Después de referir las nueve rondas de negociaciones comerciales que derivaron en el establecimiento de la OMC en 1994, personaliza la nueva era diciendo que “ahora estamos presenciando la Ronda Trump” y resalta sus logros argumentando que “nuestros socios comerciales nunca antes habían mostrado tanto interés en abrir sus mercados a Estados Unidos, alinearse en materia económica y de seguridad nacional, y reequilibrar el comercio hacia una dirección más sostenible. En tan solo unos meses, Estados Unidos consiguió un mayor acceso a los mercados extranjeros que en años de infructuosas negociaciones en la OMC”; “Revertir décadas de políticas perjudiciales que debilitaron nuestra capacidad manufacturera y nuestra fuerza laboral requerirá tiempo y un esfuerzo coordinado entre los sectores público y privado. Pero mantener el statu quo solo aceleraría la peligrosa trayectoria de la desindustrialización. Necesitamos un proyecto generacional para reindustrializar Estados Unidos, y el tiempo apremia”. El llamado es para “reestructurar el comercio global para adaptarlo a las realidades económicas y políticas” y da por hecho que “el nuevo orden económico, consolidado en Turnberry, está emergiendo en tiempo real”. Importante el párrafo con el que cierra el documento cuando señala que: “Pasaron más de 50 años desde aquella primera reunión en Bretton Woods hasta la creación de la OMC. Han pasado 30 años desde entonces. A menos de 130 días del inicio de la Ronda Trump, el sistema Turnberry no está completo, pero su construcción está en plena marcha”.
¡Todo es economía y todo son intereses! ¡Que no se nos olvide! Por ello, frente a los hechos verificados en Venezuela que trastocaron todo el orden legal internacional; observando las intenciones abiertas de Donald Trump de quedarse a como dé lugar (comprando o invadiendo y arrebatando) con Groenlandia que es un Territorio Autónomo del Reino de Dinamarca porque él lo considera esencial para su seguridad nacional; y de cara a las amenazas abiertas de intervención militar en diversos países (incluyendo México) con el pretexto de combatir a las organizaciones del narcotráfico bajo el fundamento de que las mismas ya son consideradas como “terroristas”, no hay que desestimar en ningún momento, ni por un instante, que Donald Trump tiene el carácter oficial de Comandante en Jefe (Commander-in-Chief) de las Fuerzas Armadas, y que ello le otorga la autoridad constitucional como mando supremo así como la capacidad de dirigir militarmente al ejército, la marina, la fuerza aérea y el cuerpo de marines, ya que es la máxima autoridad por encima de la cadena de mando militar para asuntos de defensa y seguridad nacional. Es decir, que no es el Estadista sino el Comandante en Jefe el que nos explica “por qué rehicimos el orden global”.


