Cosas de la Ciudad: ¿Y qué paso con la Alameda?
Por: El Diablo Cojuelo

SABOTAJE — Se reportan constantes acciones de sabotaje en la Alameda Juan Sarabia, un espacio que pasó de pulmón urbano a zona destruida y sin control. Luminarias rotas, cableado vandalizado y mobiliario dañado son la postal diaria, mientras la autoridad brilla por su ausencia y la degradación avanza sin freno.
ABANDONO — Hoy la Alameda es señalada como una cueva de ladrones: oscura, descuidada y tomada por la delincuencia. El abandono institucional convirtió un punto emblemático en territorio fértil para robos y actos ilícitos, dejando a peatones y comerciantes a su suerte, como si el lugar ya no existiera en el mapa oficial.
PREGUNTAS — Si de verdad las luminarias están siendo dañadas o “sabotajeadas”, la pregunta es simple: ¿hay reportes formales?, ¿hay responsables identificados?, ¿detenidos?, ¿denuncias presentadas? Porque culpar a entes invisibles sin una sola carpeta de investigación suena más a coartada que a explicación. Y mientras se busca al supuesto culpable, lo elemental sigue pendiente: repararlas. La calle no se ilumina con discursos, se ilumina con trabajo.
IMPERICIA– Traen coche, traen licencia… lo que no traen es idea de cómo manejar. Confunden el acelerador con derecho divino y el volante con adorno. Luego vienen los accidentes y la sorpresa colectiva. Conducir no es solo prender el motor; es saber usarlo sin poner en riesgo a todos los demás.
IMPRUDENCIA — Camionero de la Ruta 3 decidió convertir Zapata en taller y pista de arrancones. Sin aviso, se detuvo a media avenida para “despintar” las letras de la unidad y, segundos después, arrancó de golpe acelerando como si llevara guajolotes, no pasajeros. Sustazo gratuito, cero responsabilidades y la misma vieja historia del transporte público.
INSEGURIDAD — Los robos de automóviles en Lomas van en claro aumento. Los malhechores ya no se esconden: acechan, vigilan rutinas y aprovechan cualquier descuido, mientras la vigilancia brilla por su ausencia. Para muchos vecinos, estacionar el coche ya es un acto de fe, porque el delito avanza y la respuesta oficial simplemente no llega.
ACOSO — Se reportan repuntes de acoso en el Parque Tangamanga I ante la evidente falta de vigilancia y seguridad. Zonas oscuras, patrullajes intermitentes y ausencia de personal generan un entorno propicio para agresores. Usuarios advierten que correr o caminar ya no es recreación, sino un riesgo, mientras la autoridad mira al paisaje y no a las denuncias.
OSCURIDAD — Vecinos del Saucito denunciaron hasta cinco días sin luz sin que el Ayuntamiento diera señales de vida. Calles a oscuras, inseguridad al alza y promesas apagadas son el saldo. Mientras los recibos sí llegan puntuales, la respuesta municipal nunca apareció, dejando a la colonia en penumbras y al abandono institucional.
NECEDAD — Por enésima vez, tráileres y vehículos pesados insisten en meterse al Río Santiago, como si la prohibición fuera sugerencia y no regla. El resultado es el mismo de siempre; atorados, caos vial y riesgos innecesarios. Un afán inexplicable por circular donde no deben, como si retar al sentido común fuera deporte urbano.
ABUSO — En plataformas como InDrive la “negociación” ya es puro adorno. Los conductores colocan tarifas en lo más alto del cielo y punto final; tómalo o camina. No hay diálogo, no hay flexibilidad, solo precios inflados como si ofrecieran viaje en jet privado. Así, la app dejó de ser alternativa y se volvió otro golpe al bolsillo.
INFRAESTRUCTURA — La falta de mantenimiento ha dejado que la red hídrica de la colonia Jacarandas se deteriore a pasos agigantados. Tuberías con fugas, drenajes obstruidos y reparaciones eternamente pendientes convierten el suministro de agua en un lujo incierto. La negligencia no solo daña la infraestructura, también golpea a vecinos que pagan por un servicio que nunca llega completo.


