Las Cosas de la Ciudad; Molestia contra aumento al transporte
Por: El Diablo Cojuelo

TARIFA – Pasar de $12.50 a $13.50 pesos ya encendió la conversación entre usuarios, porque cuando el camión es transporte diario, cualquier peso extra pega directo al bolsillo. No es el monto, es la suma diaria, semanal y mensual. Para muchos, el ajuste no es mínimo; es otro golpe silencioso a la economía cotidiana.
ABUSO– A pesar del “ajuste”, los camioneros se salen con la suya: si no traes los 50 centavos, se quedan con el cambio. En rutas 3 y 4 ya no son $13.50, son $14 completos. El abuso está a tope, normalizado y descarado; el redondeo forzado se volvió negocio cotidiano sobre el bolsillo del usuario.
DEFICIENTE – Durante enero, Interapas ya acumula cuatro quejas por omitir, suspender o no garantizar el servicio de agua potable y drenaje. Colonias enteras de la capital potosina sufren las consecuencias, y los adultos mayores son los más afectados. La repetición de fallas deja claro que la prioridad no es atender necesidades, sino coleccionar quejas.
RECORTES – Los recortes de personal se multiplican y, con ellos, las quejas ante Conciliación y Arbitraje van al alza. Despidos, liquidaciones incompletas y abusos laborales se vuelven rutina, mientras trabajadores enfrentan incertidumbre y desgaste legal. El empleo se achica y la justicia laboral se satura, reflejando un mercado cada vez más frágil.
AUSENTISMO– El frío, la gripe y los contagios han dejado su huella en este regreso a clases: hasta un 15% de ausentismo se reporta en las aulas. Ni uniformes ni mochilas cambian la realidad; la salud se impone sobre la asistencia, y el termómetro dicta quién entra y quién se queda en casa, marcando un regreso menos concurrido de lo esperado.
CÓMPLICES – En Hernán Cortés e Industrial Aviación los asaltos van en aumento y, para variar, ya se habla de presunta complicidad de algunos taxistas. El combo es perfecto: te llevan, te marcan y te dejan. La calle se vuelve juego de azar, la confianza se evapora y el miedo circula puntual, sin taxímetro ni recibo.
APAGADO – Avenida Constitución, frente al panteón Españita, se presume en modo penumbra total; postes de adorno y cero luces encendidas en el tramo de Camino Antiguo a República de Bolivia. La oscuridad manda, el riesgo se multiplica y la noche se vuelve aliada del miedo. Alumbrado inexistente, seguridad opcional y una vialidad que parece apagada por completo.
MOTOCICLISTA– En el bulevar Río Santiago, rumbo a Soledad de Graciano Sánchez, motociclistas desatan la alerta entre automovilistas por su conducción temeraria. Maniobras riesgosas, poca pericia y exceso de confianza generan miedo real entre quienes circulan por la zona. La imprudencia no es valentía; es una amenaza constante que puede terminar en tragedia para todos.
CHARCO– En Av. Industrias, a la altura de Eje 110, el “clásico” charco que lleva meses instalado ya no solo destrozó el pavimento, ahora también hizo derrapar a un camión de carga. El bache acuático evoluciono de; problema vial pasó a atracción extrema para automovilistas. Aquí no se repara, se inaugura el peligro permanente.
INCONCLUSAS – Hoyos abiertos y trabajos a medias se han vuelto paisaje urbano, tanto que los vecinos ya los “decoran” con arbolitos para evitar caídas. La creatividad ciudadana suple lo que no se concluye: señalización improvisada para riesgos permanentes. Urge arreglar las obras y dejarlas correctamente, porque la buena voluntad no sustituye al trabajo bien hecho.
NAUSEABUNDA – En Prolongación Guadalupana y Privada Constitución, en la colonia Julián Carrillo, el agua potable se desperdicia mientras la pavimentación brilla por su ausencia. El olor es nauseabundo, la calle un lodazal permanente y la paciencia vecinal inexistente. Entre fugas, tierra y pestilencia, la zona parece experimento de abandono urbano más que un espacio para vivir dignamente.


