Cosas de la Ciudad: Se cae a pedazos la narrativa de “Ciudad amable”
Por: El Diablo Cojuelo

REMIENDOS – La ciudad hecha pedazos; baches que se multiplican, calles rotas y pavimentaciones “temporales” que duran menos que una promesa. Cada recorrido es un slalom forzado entre hoyos, parches y remiendos mal hechos. Manejar ya no es traslado, es prueba de suspensión, paciencia y resignación urbana.
GRAVE – Ahora denunciantes exponen también un supuesto incremento de más del 300% en su recibo predial del 2026 en la capital potosina, ¿no le parecerá excesivo al alcalde Galindo o simplemente el cinismo aumentó a esos niveles?
IMPROVISADO – Los parches improvisados maquillan el desastre por unos días, hasta que la lluvia o el tráfico los devuelven a su estado natural; polvo y abandono. La infraestructura se cae a pedazos mientras los conductores aprenden memoria vial para esquivar trampas. Aquí el asfalto no se mantiene, se sobrevive.
AUSENCIA– Comercios asaltados, ciudadanos alertas y patrullas invisibles. La autoridad municipal presume operativos en papel, pero en la realidad la gente se cuida sola. La inseguridad avanza y el gobierno local sigue sin dar señales claras de que tenga el control, ni siquiera intención.
OPERATIVO– Traiga licencia, seguro, tarjeta de circulación y hasta acta de nacimiento si puede. Los agentes andan más estrictos que en temporada decembrina, con lupa en mano y hambre de infracción. No importa si va despacio o con cuidado; el reglamento hoy se interpreta según el humor del silbato.
OSCURAS– En El Saucito, las luminarias parecen decoración vintage; postes de adorno que no alumbran nada. Vecinos ya exigieron formalmente su reparación, porque caminar a oscuras no es experiencia turística. Entre sombras, miedo y lámparas apagadas, la noche se vuelve aliada del riesgo, mientras la luz sigue esperando su turno… indefinidamente.
DEPRESIÓN– En el Día de la Lucha Contra la Depresión en San Luis Potosí no hay celebración, hay cifras y realidades; el aumento de personas que enfrentan tristeza profunda, ansiedad y agotamiento emocional se siente en la calle, en la familia y en el silencio de muchos hogares. No es un mal pasajero, es una condición que exige atención, apoyo y servicios accesibles, no miradas a medias ni frases hechas.
APROPIACIÓN– Frente al jardín de Tequis, individuos que se creen dueños de la calle, deciden que la vía pública también entra en su escritura imaginaria. No importa que Vialidad autorice el estacionamiento de motos ni que su portón sea enorme; el coraje manda. Entre mangueras cortadas y rayones “misteriosos”, queda claro que el problema no es el espacio, sino el ego.
INSALUBRE – Entre polvo, basura y cáscaras por doquier, el transporte urbano se convierte en laboratorio de abandono y descuido ciudadano. Comer en plena ruta ya no es acto inocente, es contribución directa al caos. La combinación de vehículos maltrechos y hábitos incívicos reclama reglas claras… y tal vez un inspector con escoba en cada viaje.
CALLEJERAS – En la Colonia Julián Carrillo, el agua sucia decidió convertirse en vecino permanente; corre por la calle, invade patios y hasta parece saludar a los transeúntes. Olor, cochinero y riesgo sanitario incluido, todo cortesía de la “eficiencia” de Interapas. Al parecer, la prevención es un lujo y la infección, un accesorio gratuito de la vida urbana.
ARTÍSTICA – Una zanja tan “discreta” que una camioneta decidió estrenarla como si fuera pista de obstáculos extrema. Gracias a Interapas y su cero señalización, los daños materiales son la cereza del pastel, y el clásico “afortunadamente no hubo lesionados” suena a aplauso irónico. La zanja sigue intacta, demostrando que la negligencia urbana aquí tiene más estilo que seguridad.
SALUD– Sí, enfermarse en estas fechas sale carísimo; consultas saturadas, farmacias con precios de susto y medicamentos que parecen artículos de lujo. Entre la gripa, el frío y la cuesta de enero, más vale cuidarse, porque el verdadero diagnóstico es que la enfermedad también cobra intereses.


