Las Cosas de la Ciudad; Influenza en la capital
Por: El Diablo Cojuelo

CLIMA– El frío llegó puntual a San Luis Potosí, pero la prevención no. Aunque no se reportan defunciones por H3N2 o influenza, los registros de enfermedades respiratorias van en aumento. Consultorios llenos, farmacias abarrotadas y autoridades repitiendo que “no hay alarma”, mientras niños y adultos mayores pagan el descuido colectivo.
SALUD– La influenza causando daños a la salud, enfermando hogares completos. La realidad son escuelas con ausentismo y hospitales saturados por cuadros respiratorios. Falta vacunación oportuna, campañas visibles y algo tan básico como información clara. Aquí el clima no perdona, y la improvisación tampoco.
PREVENCIÓN– Taparse, vacunarse y atender síntomas a tiempo parece sentido común, pero en la práctica se deja a la suerte. El frío seguirá, los contagios también. La pregunta es si esperaremos a que haya cifras graves para reaccionar. Porque en San Luis, como siempre, primero se minimiza… y luego se lamenta.
ABUSO– Policías irrumpieron en una vecindad del Barrio Kasbah como si fuera operativo de película barata forzaron cerraduras, rompieron candados y sembraron miedo, todo sin orden judicial ni explicación. ¿Autoridad o delincuencia con uniforme? Así se confunde la “seguridad” con allanamiento y el Estado de derecho queda otra vez tirado en el piso.
RESACA– Pasaron las luces, se fue el aguinaldo y llegó la depresión decembrina: platos vacíos, cuentas llenas y una tristeza que no venía en el intercambio. Enero no perdona: suben precios, bajan ánimos y el “feliz año” dura menos que la rosca. Sonríe… porque llorar también cuesta.
BACHES– Ni el camión de la basura se salva. En la colonia Plan Ponciano Arriaga quedó atorado entre hoyos que el propio Ayuntamiento ignora. Ironías del servicio público: los recolectores esquivando cráteres creados por su patrón. Si hasta los camiones oficiales caen, imaginen al ciudadano común pagando placas, impuestos… y suspensiones.
REALIDAD– Mamás luchonas jugándose la vida con acrobacias nocturnas, frío calando los huesos y un crío en brazos, mientras el semáforo decide si hoy se come o no. Estampa cotidiana de las calles potosinas: pobreza normalizada, todos mirando a otro lado y discursos oficiales hablando de “bienestar”, cuando la supervivencia es el verdadero espectáculo urbano.
AROMAS– En Carranza, cerca de Tequis, el calor del mediodía activa el “aroma urbano”: drenajes exhalando olores fétidos que ni el café más cargado disimula. Paseo turístico, dicen; experiencia sensorial completa, resulta. Mientras vecinos y peatones aguantan la pestilencia, autoridades siguen vendiendo la zona como postal, aunque huela más a abandono que a progreso.
BASURA– En Valle de San Isidro, calle Tangamanga, algunos vecinos confunden la vía pública con basurero oficial. Bolsas, desechos y olores se acumulan como si el camión nunca fuera a pasar. Luego vienen las quejas por ratas, infecciones y mal aspecto. Cultura cívica ausente, pero exigencia municipal al cien. Así la contradicción cotidiana.
DENUNCIAS– El “crecimiento” en reportes se presume como participación ciudadana, aunque en realidad refleja un problema que nunca se fue. Autoridades dicen atender, rescatar y sancionar, pero el tema sigue visible, recurrente y cotidiano. Más que éxito institucional, parece que ahora solo hay más testigos del abandono y la omisión.
FRUSTRACIÒN– Hablar del aumento en suicidios e intentos entre adolescentes desde la psiquiatría y la psicología es incómodo, pero necesario. Se romantiza la tristeza, se normaliza la ansiedad y se trivializa la depresión como “etapas”. Luego sorprende el desenlace. Menos frases motivacionales de redes y más diagnóstico, terapia real, seguimiento clínico y adultos que sí escuchen.


