Cosas de la Ciudad: Carranza, de avenida emblemática a zona de riesgo

Por: El Diablo Cojuelo

DECADENCIA – Lo que se prometió como un proyecto de regeneración urbana para devolverle vida y valor histórico a Carranza terminó siendo un fracaso evidente. Millones de pesos municipales se invirtieron en obras que hoy solo benefician a unos cuantos propietarios, mientras la inseguridad crece y los vecinos viven con miedo. Carranza, que alguna vez fue símbolo de elegancia y convivencia cultural, se ha transformado en un ghetto delincuencial donde abundan robos, riñas y abandono. Lo más alarmante; la presencia policial es tan ineficiente que incluso los elementos asignados parecen ajenos al deterioro que ocurre a unos metros de sus bases. La regeneración prometida se volvió una simulación más del discurso urbano oficial.

OPACIDAD – La transparencia vuelve a naufragar en el organismo operador de agua. Tras exhibirse que Interapas desatendió más del 40% de las fugas reportadas entre julio y septiembre, el informe original desapareció misteriosamente de su portal y fue reemplazado por una versión “depurada”, sin cifras concretas ni indicadores verificables. El organismo, lejos de rendir cuentas, optó por el borrado selectivo, una práctica que evidencia opacidad y manipulación de la información pública. Mientras los ciudadanos enfrentan fugas, desabasto y recibos puntuales, Interapas maquilla sus números para simular eficiencia. La desaparición del informe no solo compromete su credibilidad, sino que confirma una preocupante tendencia institucional: esconder los errores en lugar de corregirlos.

CARRERITAS– Cada domingo, la ciudad se convierte en un laberinto imposible por los cierres viales provocados por carreras y eventos deportivos. Las principales avenidas amanecen bloqueadas, sin rutas alternas ni coordinación eficiente, afectando a miles de ciudadanos que intentan llegar a sus trabajos o compromisos. Mientras algunos disfrutan del deporte al aire libre, otros quedan atrapados en un caos que revela la falta de planeación y sensibilidad de las autoridades. No hay transporte público suficiente, los desvíos no se informan con anticipación y la paciencia de la población se agota. Promover la actividad física no debería significar paralizar a toda una ciudad; urge equilibrar el fomento deportivo con el derecho ciudadano a la movilidad.

BUEN FIN– Cada año, El Buen Fin se presenta como la gran fiesta del consumo, pero en la práctica se ha convertido también en temporada alta para los fraudes y abusos comerciales. En San Luis Potosí, las quejas por cargos indebidos, promociones falsas y páginas clonadas aumentan, mientras las autoridades solo repiten recomendaciones básicas. La Policía Cibernética advierte sobre páginas que imitan tiendas reconocidas, pero la vigilancia real es mínima y los delincuentes actúan con total impunidad. Muchos ciudadanos son víctimas por confiar en descuentos exagerados o por comprar en plataformas dudosas que nunca entregan los productos. La PROFECO promete supervisión, aunque cada año el resultado es el mismo: largas filas, precios inflados y consumidores engañados. Más que un fin de semana de oportunidades, El Buen Fin se ha vuelto un campo de caza para estafadores y un recordatorio de que la cultura del consumo fácil sigue superando al sentido común.

CRISIS – La Cruz Roja enfrenta una de sus peores crisis operativas ante el desdén de la población y la indiferencia de los gobiernos municipales. Con escasos recursos, ambulancias deterioradas y voluntarios que sostienen con esfuerzo el servicio de emergencias, la institución sobrevive gracias a colectas y donativos aislados. Pese a atender gratuitamente accidentes, traslados y situaciones de emergencia que deberían cubrir las autoridades, los ayuntamientos han dejado de aportar los apoyos comprometidos desde hace años. La ciudadanía, por su parte, se ha vuelto indiferente a una causa que históricamente ha salvado miles de vidas. Mientras los discursos oficiales presumen solidaridad, la realidad es que la Cruz Roja carga sola con la responsabilidad de asistir a quienes más lo necesitan. Sin respaldo institucional, la atención médica de emergencia corre el riesgo de colapsar en varias regiones del estado.

JUSTICIA– San Luis Potosí presume avances en la impartición de justicia con más de 23 mil sentencias emitidas durante 2024, pero los números del INEGI muestran una realidad menos alentadora. Pese a ejercer un presupuesto superior a los mil 300 millones de pesos, la entidad se mantiene con una de las infraestructuras judiciales más limitadas del país. Solo 77 unidades administrativas para atender miles de casos reflejan un sistema saturado, con casi la mitad de los asuntos aún sin resolver. A ello se suma la disparidad de género entre las personas juzgadoras y la falta de personal suficiente. Los recursos están, pero la eficiencia sigue pendiente. La justicia potosina avanza, sí, pero a paso lento, entre rezagos estructurales y una burocracia que no rinde cuentas claras.

FRÍOS– Con la llegada de las bajas temperaturas, los casos de enfermedades respiratorias comienzan a dispararse en San Luis Potosí. Clínicas y hospitales registran un incremento en atenciones por infecciones virales, bronquitis y cuadros de influenza, mientras las autoridades sanitarias insisten en mantener las medidas preventivas básicas. Sin embargo, la respuesta ciudadana es limitada: pocas personas usan cubrebocas o acuden a vacunarse. El sistema de salud enfrenta nuevamente la presión de la temporada invernal sin reforzar su capacidad de atención. En colonias con alta densidad poblacional, la falta de calefacción y viviendas adecuadas agrava la situación. Las campañas preventivas se difunden, pero los recursos son escasos y la reacción institucional llega tarde. El frío apenas comienza, y con él, una ola de padecimientos que podría saturar los servicios médicos si no se actúa con responsabilidad y previsión.