(Ouyang H. New York Times)

La esperanza de vida masculina al nacer es de 75.8 años, 5.3 años menos que la de las mujeres. Esa disparidad tiene muchas causas posibles, una de ellas es que los hombres no van al médico con tanta frecuencia. En los últimos años, más hombres que mujeres han fallecido por 14 de las 15 principales causas de muerte. La única excepción ha sido la enfermedad de Alzheimer, lo que se debe probablemente a que hay más mujeres que viven lo suficiente como para desarrollarla.
Posterior a la atención pediátrica, los hombres jóvenes desaparecen en gran medida de los entornos médicos hasta que presentan problemas graves. Las mujeres suelen acudir al ginecólogo con regularidad; los hombres no tienen un equivalente claro. La vacunación contra el virus del papiloma humano, o VPH, que se recomienda para todos los adolescentes, aún parece estar más asociada con las chicas, a pesar de que los cánceres de garganta relacionados con el VPH ahora son más frecuentes en los hombres que los cánceres de cuello uterino en las mujeres.
En el pasado, lo que invariablemente llevaba a los hombres al consultorio del médico eran los problemas de rendimiento sexual. La disfunción eréctil, puede ser el primer signo de enfermedad cardiovascular.
El sistema de salud seguirá con la atención solo a hombres que ya están enfermos, tiempo cuando el tratamiento es más difícil, los resultados peores y las vidas más propensas a truncarse. Durante la pandemia, los hombres murieron de la COVID 60% más que las mujeres y la esperanza de vida masculina disminuyó tres años.
En los hogares estadounidenses, las mujeres toman aproximadamente el 80 por ciento de las decisiones médicas. Las mujeres refieren haberse sometido a revisión médica el año previo, 2 veces más que los hombres.
El cáncer de próstata emblema de los problemas de salud en hombres y el cáncer de pulmón, que casi siempre es relacionado al hábito del tabaco, cobra casi el doble de vidas en el caso de los hombres. Los hombres fuman más que las mujeres; si acudieran regularmente al médico de atención primaria, aparentemente sus probabilidades de dejar de fumar podrían duplicarse con asesoramiento y medicación. Tan solo eso podría reducir a la mitad su riesgo de cáncer de pulmón en una década. Los beneficios para el corazón son aún más rápidos: un año después de dejar de fumar, el riesgo de padecer enfermedades cardiacas, la principal causa de muerte en Estados Unidos, se reduce casi a la mitad.
Fumar también eleva la tensión arterial, una ecuación peligrosa cuando la hipertensión ya es uno de los factores más potentes para los infartos de miocardio y los accidentes cerebrovasculares. La mitad de los hombres adultos de Estados Unidos padece hipertensión, pero son más propensos que las mujeres a no tratarla. Reducir la tensión arterial solo 10 puntos disminuye el riesgo de accidentes cardiovasculares graves en 20 por ciento.
La diabetes, que ha afectado a un número sustancialmente mayor de personas en los últimos años, actualmente es más frecuente en los hombres, es otra enfermedad que provoca daños cardiovasculares cuando no se controla; aquella también puede provocar insuficiencia renal, ceguera y amputaciones. El control del azúcar en sangre puede reducir el riesgo de infarto en más de 15 por ciento y disminuir en gran medida otras complicaciones. Los beneficios se multiplican cuando las personas con diabetes combinan el control de la glucosa con una atención integral, que puede incluir dejar de fumar y el control de la tensión arterial y el colesterol, lo que según un estudio a largo plazo les puede dar hasta ocho años de vida adicionales.
La idea de que los Institutos Nacionales de Salud y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades son bastiones de la Medicina y el cuidado de la salud patriarcales es un absoluto disparate, dijo Richard Reeves, fundador del Instituto Estadounidense para Niños y Hombres, un grupo de reflexión no partidista, y autor de Of Boys and Men. Healthy People 2030, los objetivos nacionales de salud del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, tiene cuatro metas dirigidas específicamente a los hombres; hay 30 para las mujeres. En la actualidad existen al menos seis oficinas federales para la salud de las mujeres, mientras que no existe ninguna para los hombres.
Sin duda, la biología básica influye en las diferencias entre la esperanza de vida masculina y femenina. Tener dos cromosomas X, como las mujeres, hace que el sistema inmunitario sea más fuerte, porque muchos genes relacionados con el sistema inmune están ligados al cromosoma X. La testosterona, hormona que los hombres producen en mayores cantidades, también puede debilitar la inmunidad; esto podría explicar en parte por qué la COVID parece enfermar más a los hombres. Las mujeres producen muchos más estrógenos, al menos antes de la menopausia, lo que podría ayudar en la protección contra enfermedades como las cardíacas.
En todo el mundo, más en los países donde la hombría precaria se siente con más fuerza, los hombres tienden a tener tasas más altas de conductas de riesgo para la salud y menor esperanza de vida. Donde estas creencias son más fuertes entre los más de 60 países estudiados, la esperanza de vida masculina es alrededor de 6.7 años menor que en los países donde son más débiles; incluso después de tomar en cuenta factores como la riqueza, la igualdad de género y la cantidad de médicos. Estados Unidos ocupa un lugar más alto en las creencias precarias sobre la virilidad que otros países como España, Alemania y Finlandia; en consecuencia, los hombres estadounidenses mueren más jóvenes. Cuanto más firmemente respalda un país la hombría precaria, es más probable que sus hombres mueran por causas de alto riesgo (ahogamientos, accidentes, homicidios) y por causas de riesgo moderado, como el cáncer de pulmón provocado por el tabaco.
Consenso de Asociación Americana de Endocrinología Clínica sobre evaluación y manejo de adiposidad y obesidad.
(Nadolski K et al. Endocrine Practice 2025)
La obesidad es una enfermedad metabólica neurohormonal, crónica y heterogénea, con característica distintiva de tejido adiposo distribuido anormalmente, lo que condiciona problemas de salud.
La obesidad implica factores genéticos y ambientales que alteran la homeostasis de la neuro-regulación de factores de saciedad y sus acciones en hipotálamo, sistema mesolímbico y otros centros cerebrales centrales. Este padecimiento frecuentemente se asocia a hipertensión, dislipidemia, disglucemia, riesgo de diabetes, apnea obstructiva del sueño, disfunción metabólica, esteatohepatitis, síndrome de ovarios poliquísticos, osteoartritis, enfermedad cardiovascular aterosclerosa, insuficiencia cardíaca con fracción de expulsión conservada, enfermedad renal crónica y muchas otras, que incluye a cánceres.
Hay que tener también en cuenta etiologías secundarias como medicaciones, endocrinopatías e inmovilidad.
El manejo de la obesidad tiene como pilares la dieta sana con adecuado aporte proteico, ejercicio, sueño adecuado y manejo de comorbilidades. El alcanzar 5-15% de reducción de peso incurre en ventajas innegables, tales como la menor prevalencia de padecimientos asociados.
Las medicaciones tienen mecanismos de acción diversos y hay que reconocer el que todos pueden asociarse a eventos o efectos secundarios. En la obesidad, la mezcla de medicamentos se requiere frecuentemente y la reducción del peso, puede conllevar a la normalización de la presión arterial, de la glucemia, etc. La cirugía tiene un papel importantísimo para alcanzar los objetivos.
Microbiota intestinal y sistema inmune
(Iliev I et al. Nat Inmunol 2025; sept 16 on line; doi.org/10.1038/s41590-025-02281-w; resumen por Garcìa Briones internista y residente de la superespecialidad en Reumatología; UASLP y H. Alta Espacialidad HC “Dr. Ignacio Morones Prieto”)
En el intestino interactúan microorganismos, metabolitos, células inmunes y redes neuronales, lo que influye en enfermedades inflamatorias, autoinmunes, metabólicas y neoplásicas. Los productos microbianos son cruciales para la maduración inmunológica, aunque algunas bacterias, hongos y virus pueden favorecer la inflamación crónica.
En neonatos, la colonización adecuada es esencial; sin embargo, el predominio de Enterobacteriaceae y escasa microbiota beneficiosa se asocia a enterocolitis necrosante y sepsis. Durante el destete, la exposición a antígenos y con microbiota más compleja se desencadena la tolerancia vía células T reguladoras RORγt+. La tolerancia inmune oral neonatal depende de microbiota diversa, células dendríticas CD103+, metabolitos y serotonina microbiana, induce Treg específicas para prevenir alergias e inflamación.
La microbiota regula la inmunidad mediante metabolitos bioactivos. La disminución de butirato, propionato y el aumento de Enterobacteriaceae se asocia a enfermedad inflamatoria intestinal, cáncer colorrectal y trastornos metabólicos.
Terapéuticamente, se exploran bacteriófagos, edición genética de cepas intestinales y microbiota fecal para la enfermedad inflamatoria intestinal y cáncer. Fibra, omega-3 y dieta mediterránea favorecen bacterias anti-inflamatorias, mientras dietas occidentales inducen disbiosis y riesgo de cáncer.
Asociación de grasa intramuscular en muslos y osteoartritis
(Weng, Q et al. Arthritis Rheumatol 2025; 77: 1205-15; resumió Campa AT, internista y residente de la superespecialidad en Reumatología, UASLP, H. Alta Espacialidad HC “Dr. Ignacio Morones Prieto”)
La osteoartritis (OA) es la principal causa de discapacidad en extremidades inferiores a nivel mundial, con más de 600 millones de personas afectadas. Su prevalencia se incrementa con la edad y con la adiposidad. La infiltración grasa intramuscular (IMFI) en muslos representa un fenómeno metabólico y funcional que favorece inflamación, debilidad muscular y posible OA.
Se utilizó el biobanco del Reino Unido con ≈500,000 participantes, de 40-69 años, más de 24,000 contaban con resonancia magnética (MRI) de muslos para evaluar la IMFI.
Se incluyeron 472 casos de OA de rodilla y 387 de OA de cadera y se siguieron por 5 años.
Los autores concluyeron que la IMFI es un factor de riesgo para OA, la IMFI anterior, rica en fibras tipo II (más sensibles a lipotoxicidad), se relacionó fuertemente con OA de rodilla, mientras que la IMFI posterior impactó más en cadera. La IMFI se comporta como fenómeno metabólico autónomo, vinculado a lipotoxicidad, disfunción mitocondrial, liberación de citocinas y adipocinas proinflamatorias. Estos procesos, favorecen atrofia muscular, pérdida de fuerza y alteración del equilibrio biomecánico articular, mecanismos clave en la progresión de OA. Su impacto es independiente de obesidad (índice de masa corporal).
La IMFI es modificable: programas de ejercicio (resistencia, circuitos), dieta (proteína, vitamina D, restricción calórica) y terapias farmacológicas (ej. liraglutida) han mostrado reducción de grasa intramuscular. El promover actividad física estructurada y hábitos nutricionales saludables puede mitigar el impacto de esta enfermedad altamente prevalente y discapacitante.



