Potosinos se manifestaron en la FGE exigiendo justicia para Sandra
Cientos de personas marcharon en San Luis Potosí para exigir justicia por el asesinato de Sandra Revilla y demandan respuestas claras y coordinación efectiva de las autoridades.




San Luis Potosí fue testigo este domingo de una marcha silenciosa, cargada de duelo, impotencia y exigencia. Cientos de personas caminaron desde el Jardín de Tequisquiapan hasta la Fiscalía General del Estado (FGE) para pedir justicia por el asesinato de Sandra Revilla Olavarrieta, ocurrido el pasado 10 de mayo. Vestidos de blanco y en absoluto silencio, familiares, colegas y ciudadanos hicieron visible el dolor por una muerte que refleja la creciente inseguridad en la capital potosina.
En medio de esta manifestación sin consignas ni altavoces, las voces se escucharon a través de entrevistas y pancartas. “Galindo, si no puedes cuidarnos, renuncia”, se leía en uno de los mensajes dirigidos al alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, en un reclamo directo ante lo que perciben como una falta de respuesta efectiva ante la ola de violencia. La expresión “si no puedes darnos seguridad, renuncia”, dejó clara la frustración que envuelve a la sociedad potosina.
Familiares de Sandra, como su amiga Lorena, compartieron su sentir ante los medios. “Estamos un poco cansados de la situación”, dijo. Su llamado no fue sólo para exigir justicia por Sandra, sino para hacer conciencia colectiva sobre la transformación social que hoy parece normalizar la violencia. “Cada vez hay menos corazón para hacer daño”, advirtió. Sus palabras, más que enojo, contenían un profundo anhelo de cambio.
La marcha no fue únicamente un acto de duelo, sino una plataforma para exigir coordinación real entre autoridades. En su posicionamiento, los manifestantes pidieron a las corporaciones policiales trabajar sin tintes políticos, con voluntad firme para prevenir el delito. También exigieron la creación de un Consejo Ciudadano de Seguridad verdaderamente representativo de los sectores sociales, no limitado al empresariado.
Ivett Larrea, presidenta del consejo directivo de AMEXME, denunció un modus operandi cada vez más violento y sofisticado en los delitos: asaltos a mano armada cometidos por personas disfrazadas de repartidores de aplicaciones. Llamó a regular este sector para evitar que se convierta en una vía más para delinquir. “Nos sentimos vulnerables todos los días”, afirmó. Su voz sumó al reclamo de seguridad para las mujeres empresarias, quienes enfrentan un riesgo aún mayor.
El caso de Sandra no sólo activó una protesta ciudadana, sino también encendió alarmas sobre la falta de resultados por parte de la Fiscalía estatal. Aunque se presume que se trató de un intento de asalto, las autoridades han reconocido que los agresores huyeron sin llevarse objeto alguno. Hasta ahora, no hay personas detenidas ni avances significativos en la investigación, lo que ha intensificado el malestar social.
La movilización fue una mezcla de indignación y tristeza. En un país donde los crímenes a menudo quedan impunes, el silencio de los manifestantes retumbó más fuerte que cualquier consigna. Fue una protesta sin estridencia, pero con una carga simbólica y emocional que interpela directamente a quienes ocupan cargos de poder. “Queremos regresar a casa sanos y salvos”, dijo Lorena, expresando un deseo tan simple como urgente.
El caso de Sandra Revilla es una herida abierta. Para muchos potosinos, su muerte es un recordatorio del miedo cotidiano y de la falta de respuestas claras por parte de las autoridades. El silencio de la marcha no fue apatía, sino una forma contundente de exigir justicia, de pedir un cambio real, y de apelar a la empatía y humanidad que, como sociedad, no se puede permitir perder.


