
El agua es un recurso esencial que sostiene la vida y regula los ecosistemas terrestres, manteniendo el equilibrio necesario para la subsistencia de todos los seres vivos en el planeta. El agua se encuentra presente en múltiples formas y lugares, desde los océanos, los ríos, los lagos, los glaciares, los acuíferos, entre otros. Sin embargo, desde hace muchos años este recurso ha sido alterado por diversos factores naturales y humanos, entre ellos el calentamiento global, el crecimiento poblacional, el uso intensivo de agua y la contaminación. La contaminación del agua se ha convertido en una de las problemáticas ambientales más alarmantes a nivel mundial.
La contaminación del agua ocurre cuando una o varias sustancias nocivas provenientes de distintas fuentes, alteran la calidad del agua y la convierten en un recurso peligroso para todos los seres vivos. Dentro de las principales fuentes de contaminación que se han reportado, se encuentran los productos químicos los cuales pueden ser ácidos, sales o metales altamente tóxicos, cuya presencia en el agua puede causar graves daños en los ecosistemas acuáticos, reduciendo la biodiversidad; otra fuente de contaminación son los desechos industriales en donde las fábricas descargan químicos tóxicos, metales pesados y aceites directamente a los cuerpos de agua sin el debido tratamiento; otro factor es la descarga de plásticos y microplásticos los cuales tardan muchos años en degradarse y además liberan componentes tóxicos que afectan la salud de los ecosistemas, otra causa de contaminación es el uso indiscriminado de plaguicidas utilizados en la agricultura los cuales son arrastrados por la lluvia hacia los ríos y lagos causando fenómenos como la eutrofización, y finalmente las descargas de aguas residuales a los mares, ríos y arroyos, mismas que carecen de un sistemas de tratamiento, se usan desde los entornos domésticos, urbanos, la industria y la ganadería, causando la liberación de contaminantes orgánicos y microorganismos patógenos.
Debido a la magnitud de esta problemática, se ha reportado que los efectos son y seguirán siendo devastadores, provocando en los ecosistemas acuáticos la muerte de miles de especies y en los humanos puede ocasionar enfermedades graves, como la fiebre tifoidea, salmonelosis, daños en el hígado, cáncer, alteraciones neurológicas, entre otras enfermedades.
Por último, es fundamental que se realice una vigilancia rigurosa y periódica de las leyes del agua y que se garantice el cumplimiento del reglamento, además, se necesita que se implemente la educación ambiental y que se concientice a la población sobre la importancia de este recurso vital, pero sobre todo, debemos reducir la contaminación, lo cual puede ser un cambio significativo para nosotros y para las futuras generaciones, proteger nuestras fuentes de agua es responsabilidad de todos y el futuro de nuestro planeta depende de nuestras acciones, desde reducir el uso de plásticos, evitar el desagüe de productos tóxicos, disminuir el uso de plaguicidas, hacer campañas de limpieza de agua, todo esto nos ayudará a contribuir y a enfrentarnos a esta problemática mundial.