La regla del fuera de juego, introducida oficialmente en 1925, ha cambiado la dinámica y la estrategia del fútbol, adaptándose a lo largo de los años.

Este sábado se celebra el centenario de una de las normas más emblemáticas del fútbol: el fuera de juego. Introducida oficialmente en el reglamento de juego en 1925, esta regla ha transformado la forma en que se entiende y se juega al fútbol, marcando una de las decisiones tácticas más relevantes en el deporte. A lo largo de los años, su interpretación y aplicación han sido objeto de constantes ajustes y debates, pero siempre con el mismo objetivo: mantener la competitividad y la equidad en el campo.
La definición actual del fuera de juego, según la FIFA, establece que un jugador se encuentra en posición ilegal si interviene en la jugada y está por delante del penúltimo defensor en el momento en que el pase es realizado. Esta regla, recogida en la Regla 11 del reglamento internacional del fútbol, no solo ha sido fundamental para el desarrollo del juego, sino que también ha servido como base para las estrategias defensivas y ofensivas de los equipos.
El origen de esta norma se remonta a los primeros años del fútbol moderno, cuando, a mediados del siglo XIX, se intentaba evitar que los jugadores se descolgaran hacia la portería contraria sin ser parte activa de la jugada. En sus primeras versiones, la regla pedía que un jugador estuviera a más de tres metros de la portería contraria al recibir el balón. Posteriormente, en 1925, la FA aprobó la “regla de los dos oponentes”, una modificación clave que sentó las bases de la regla que conocemos hoy. Este cambio permitió que un jugador no se considerara en fuera de juego si estaba a la par con el penúltimo defensor, lo que resultó en un aumento significativo en la cantidad de goles marcados en las ligas.
El impacto inmediato de esta modificación fue palpable: durante la temporada 1924-25, se marcaron 4,700 goles en la English Football League, cifra que subió a 6,373 al año siguiente. Sin embargo, con el paso del tiempo, la norma ha seguido evolucionando. En 1990, se introdujo una modificación que permitió que los jugadores en línea con el penúltimo defensor no fueran penalizados por fuera de juego. Posteriormente, en 2005, se precisó que un jugador no estaría en fuera de juego si no participaba activamente en la jugada, lo que otorgó mayor libertad a los atacantes.
La introducción del Videoarbitraje (VAR) en 2017 y el Fuera de Juego Semiautomático (SAOT) en 2022 han sido pasos significativos en la evolución de esta regla. Gracias a la tecnología, los árbitros pueden revisar con mayor precisión y rapidez las jugadas dudosas, eliminando los márgenes de error. No obstante, la tecnología también ha generado controversia en torno a la justicia de ciertas decisiones, sobre todo cuando las jugadas son ajustadas.
Hoy, la FIFA está estudiando un posible cambio radical con la propuesta de Arsène Wenger, que plantea que un jugador no sea penalizado por fuera de juego si una parte de su cuerpo con la que no se puede marcar gol está alineada con el último defensor. Esta propuesta, aún en fase de prueba, podría redefinir la interpretación de la regla y abrir el debate sobre un fútbol más ofensivo y dinámico.
El fuera de juego, que en sus orígenes intentaba evitar un fútbol excesivamente defensivo, ha sido clave para el equilibrio entre ataque y defensa, transformando el juego en un espectáculo más estratégico y emocionante. A medida que el fútbol avanza, esta regla sigue siendo uno de los elementos fundamentales que da forma al deporte rey, adaptándose a las nuevas realidades y tecnologías, y enfrentando nuevos desafíos en su centenario.