Jacobo Zabludovsky, un periodista todo tango

Se le ilumina el rostro cuando aclara que hoy sábado será un gran día en su vida. Jacobo Zabludovsky cumple 86 y, según él, recibirá un “regalo muy especial”. La Asociación Gardeliana de Buenos Aires lo condecorará con La Orden del Porteño. No era para menos. Su devoción por el tango, su dedicación a la obra de Carlos Gardel lo hicieron merecedor de semejante galardón y para que no quede duda de que es merecedor de eso, arrancará la entrevista en su hábitat natural, un estudio de radio, armado en una suite del hotel Hyatt de Buenos Aires, con “percanta que me amuraste”.

Por si no es suficiente demostración, irá paseando por las letras “de una generación de poetas extraordinarios que coincidieron” para darle forma a esta música popular, y paseará por los repertorios de Aníbal Troilo, Roberto Goyeneche, recordará a Raúl Lavié, que trabajó en México, y a Astor Piazzolla o al bailarín Juan Carlos Copes. Ahí sí, Zabludovsky no deja dudas. Es un porteño por adopción que escucha tangos desde bien pequeño.

“Yo nací en un barrio en la ciudad de México, en el Mercado de la Merced que se parece mucho al Abastos, con sus vecindades que aquí llaman conventillos, y ya escuchaba tangos”, rememora este periodista icono, minutos antes de salir al aire con su programa en Radio Centro, desde esta ciudad, cuna del tango.

Lo sorprende la métrica del tango y también “la forma de contar una historia completa”, algo que para él no tiene ni la ranchera ni otros ritmos populares. “Está hecho por grandes poetas y músicos, algunos con un fuerte contenido social. Es genial”.

A Buenos Aires, esta vez lo trajo Gardel y otras tantas veces la profesión. En 1961 vino cubriendo la gira del entonces presidente Adolfo López Mateos. De aquel viaje no se olvidará jamás que un paseo de la comitiva por el Caminito de la Boca “asistimos a la representación callejera de La Zapatera Prodigiosa, de Federico García Lorca. Luego volvió en una gira con Carlos Salinas de Gortari.

“Después he venido con mi esposa, y es una ciudad que me encanta. No creo que haya habido otra ciudad a la que se le haya cantado tanto como a Buenos Aires, junto a París y a Nueva York”.

Y en eso tiene mucho que ver Gardel y el tango. “Él fue un creador sin igual, una marca universal por sí mismo. Grabó 600 canciones, trabajó en películas en Estados Unidos, sin que el inglés fuese su lengua materna”, resume sobre ese icono de la música popular.

No puede creer que ahora los gardelianos “me premien como a un vecino de Buenos Aires”. Pero el tango, música porteña por excelencia, tiene chapa de universalidad, justamente por figuras como Gardel o Piazzolla, y por los fanáticos desparramados por el globo, como el caso de este periodista de raza.

Es inevitable que la charla gire, un rato, en torno a la profesión en la que lleva 71 de sus 86 años. “No podría vivir sin el periodismo”, confiesa y cuando analiza los nuevos tiempos y desafíos que enfrenta la profesión no lo duda. “El periodismo es el mismo, lo que cambia es la herramienta de transmisión”.

Las redes sociales “son muy positivas, porque cualquiera puede expresarse en ellas”.

Paradigma de una época del periodismo mexicano, Zabludovsky convive con ese, su pasado, sin nostalgia y con realismo. “Cuando me fui de 24 Horas, en marzo de 2000, fue para mí una transición personal que coincidió con una transición política ejemplar, sin que hubiese un solo muerto ni un solo balazo. Pasamos de una etapa donde la prensa no podía expresarse libremente a una nueva era del periodismo mexicano. Después de un largo periodo de autocensura tuvimos que reeducarnos periodísticamente”.

Para él, aquella transición contribuyó al periodismo, “contribuyó a la democracia como la democracia contribuyó al periodismo…”.

De todo eso, y de lo que fue una vida dedicada a la profesión y a ser testigo privilegiado de la historia, versará su libro de memorias, del que asegura “tengo escritas 600 páginas, pero ahora me toca la ardua tarea de corregir. No es fácil escribir memorias. Se me hace como tener que desnudarse en medio del Zócalo de la ciudad de México…”.

El tango y el periodismo, la lectura y el arte desde cualquier rincón, preferentemente desde las entrañas de los museos, las salas de restauración, no recuerda cuál fue su primer día como periodista. Sí recuerda que comenzó “sirviendo café o llevando papeles, porque en esa época no había en México escuela de periodismo. Yo llegué por un vecino mío que era corrector de estilo en el periódico El Nacional”.

Zabludovsky fue un icono de la televisión, pero de elegir un medio, se queda con la radio, por la magia y por el contacto con el oyente.

De todos los personajes a los que entrevistó o se cruzó en su dilatada trayectoria, se queda con dos que le parecieron geniales. “Uno fue Salvador Dalí, a quien entrevisté varias veces, y el otro Ernesto Guevara, a quien lo entrevisté el 6 de enero de 1959”, a pocos días de triunfar la revolución. “Ellos llegaban barbudos y al terminar la entrevista le pregunté cuándo pensaban sacarse las barbas”.

“El Che, me respondió sin tapujos. Nosotros hicimos una revolución que comenzó en México hace dos años. Salimos 84 y llegamos sólo 14.

“Subimos a la Sierra Maestra para derrocar a un déspota como [Fulgencio] Batista. Vamos a transformar a este país hasta la última piedra y a usted sólo le preocupa cuándo nos sacaremos las bárbaras”, recuerda Zabludovsky antes de que den las tres de la tarde en Buenos Aires, la una en México, hora de que este tanguero, galardonado por los gardelianos en la ciudad mítica de Gardel, vuelva a su estado natural: Estar frente a un micrófono.