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    Trazan las mitologías del cuerpo; Francisco González presenta su más reciente libro

    By on 22 abril, 2021
    Cuerpo

     

    ¿Es verdad que el amor nace en el corazón?, ¿que el hígado es el sitio donde habita el arrojo y que la melancolía se desprende de la bilis? ¿Es posible que el bazo contenga la morosidad de una persona y que al quitarlo del cuerpo de un corredor profesional pueda correr a mayor velocidad?

    Éstas son algunas preguntas que aborda el ensayista Francisco González Crussí (Ciudad de México, 1936) en su más reciente libro Más allá del cuerpo, publicado por Grano de Sal, una compilación con 19 ensayos sobre el cuerpo que buscan ecos y respuestas en la literatura, la pintura, la filosofía y la ciencia. Aquí brotan algunas claves sobre el cuerpo humano, pero con un lenguaje accesible.

    González Crussí también se detiene en los trasplantes de cabeza, en el mal de amores, la vida prenatal, la gula, los tragafuegos, la muerte, los efluvios del cuerpo y describe cómo en la antigüedad los médicos debían detectar las enfermedades con el olfato.

    Así sabían que la fiebre tifoidea olía a pan recién horneado, que los enfermos de escrófula emanaban un tufo a cerveza rancia, los enfermos de fiebre amarilla recordaban las carnicerías, los niños parasitados por el gusano Ascaris tenían un aliento a ajo y los envenenados por cianuro olían a almendras amargas.

    Esto del olfato nos lleva a una serie de reflexiones acerca de cómo en el mundo contemporáneo estamos divorciados del cuerpo y, sobre todo, de la percepción de los sentidos. Cuando era estudiante de medicina había un énfasis en los datos que podíamos recoger con los sentidos”, recuerda el también autor de El rostro y el alma.

    Sabemos que, en el mundo occidental, añade, la hegemonía es la visión, ya que se insiste en que los ojos son la sensación más noble e intelectual de todas y porque al abrirlo, de pronto, todo el mundo exterior es accesible al conocimiento.

    Así que cuando la tecnología estaba más atrasada, un médico debía recoger datos del paciente con el ejercicio de su propia sensibilidad. Por ejemplo, se enseñaba que
    algunas enfermedades podían reconocerse con el olfato, como el caso de la tifoidea”, abunda.

    Sin embargo, esos detalles ya pasaron de moda, reconoce, “porque ahora la tecnología permite hacer todos esos diagnósticos sin tener que oler. Pero si nos remontamos a algunos siglos atrás, existía la obligación de oler no sólo el aliento y la orina del paciente, sino hasta su excremento. Hay una película La locura del Rey Jorge, de Nicholas Hytner, que muestra de forma dramática cómo los médicos con sus enormes pelucas debían acercarse a la bacinica
    del rey”.

    En cambio, hoy el reto está puesto en el trasplante de cabeza y los expertos ya trabajan para ir más allá de la ciencia ficción. “Parece de ciencia ficción, pero como digo en ese capítulo que titulé con un poco de humor negro De decapitaciones, descuartizamientos y otros inconvenientes, hay gente que trabaja activamente en ese campo”.

    Todo empezó cuando el neurocirujano italiano Sergio Canavero, de Turín, quien no es un charlatán, afirmó hace unos años que había llegado el tiempo en que se podría curar a un enfermo cuadripléjico, es decir, que está paralizado del cuello para abajo, lo cual es algo terrible porque es como estar muerto en vida”, apunta.

    Así que Canavero actualmente hace su indagación en China con experimentos en ratones, dado que el gobierno italiano no aprobó su investigación. ¿Se imagina lo delicado que es trabajar bajo el microscopio, con hojas de bisturí hiperagudas e instrumentos especiales de neurocirugía para suturar tejidos de ratón? Lo que sabemos es que ya han obtenido la supervivencia de ratones, cuya cabeza ha sido trasplantada a otro cuerpo, pero aún no han obtenido una supervivencia prolongada ni una función claramente normal”.

    Sin embargo, González Crussí reconoce que más allá del problema biológico para lograr dicho trasplante, “está el dilema ético y un problema filosófico sobre el tema de la memoria y la identidad, porque ambas cosas no sólo están en el cerebro, sino también en el sistema circulatorio, el digestivo, el nervioso y todo eso viene discutido en ese texto”, concluye.

     

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