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    Tributo a una noche victoriosa; la batalla de 1520

    By on 28 junio, 2020

     

    La plaza de Popotla, en la que aún se erige un pedazo de tronco del árbol que fue testigo de la única batalla que los aztecas ganaron a los españoles el 30 de junio de 1520, será este martes el escenario de una pequeña pero significativa ceremonia que evocará ese triunfo obtenido por el guerrero Cuitláhuac hace 500 años.

    Con danzas, cantos, ofrendas con flores de cuatro colores, ahumadas de copal y la palabra, decenas de corredores y danzantes rendirán “tributo y respeto” a los protagonistas de esa noche que “no debe llamarse Triste, sino Victoriosa”, coinciden los corredores del Cerro de la Estrella Juan Mendoza y Jesús Díaz Gaytán.

    Este rito, que comenzará con el encendido de una antorcha con el Fuego Nuevo en el Cerro de la Estrella de Iztapalapa, señorío natal de Cuitláhuac, es una de las diversas actividades que buscan reforzar la identidad y el orgullo prehispánico; y una de las pocas que se realizarán de manera presencial, junto con un espectáculo de danzas la noche del martes en la Plaza Cuitláhuac.

    Opacado por la emergencia sanitaria derivada del covid-19, el festejo de la llamada Batalla de la Noche Triste –debido a que, según narran las crónicas de ese tiempo, el conquistador Hernán Cortés lloró su derrota en el ahuehuete centenario– será la mayor parte virtual e integrará seminarios conferencias y mesas de análisis, entre otras, que ya comenzaron.

    Y destaca el estreno de Cuitlahuátzin, una cantata épica para voces solistas, coro, danzantes, pantallas, orquesta y grupo de instrumentos musicales prehispánicos; idea original y libreto de Samuel Máynez, que cuenta con la traducción al náhuatl y la asesoría histórica de Patrick Johansson y la música de Samuel Zyman.

    Es la primera ópera mexicana sobre Cuitláhuac en náhuatl. La idea es devolver la palabra a los indígenas. Es una maniobra cultural que va a sembrar las raíces patrias”, adelanta Máynez en exclusiva para un Diario de circulación nacional sobre esta obra que se estrenará los próximos 28 y 29 de noviembre en Iztapalapa.

    AÑO PEDERNAL

    Lamentamos que la pandemia nos impida festejar a lo grande, como queríamos, pero esta fecha no debe pasar desapercibida. Ofreceremos un tributo de respeto y amor al abuelo Cuitláhuac, el único héroe que hay que conmemorar en México”, comenta Jesús Díaz Gaytán.

    Quien desde hace ocho años participa en esta ceremonia, y es corredor y danzante desde hace 40, admite que el ahuehuete centenario es ahora sólo un tronco seco. “Pero, a pesar de las dudas y controversias que hay sobre él, para nosotros es el árbol testigo de la noche victoriosa. El espacio está ahí y también es significativo. Vamos a pedir al gran espíritu, al universo, que nos proteja y libere”.

    El integrante del grupo Calpulli Cuitláhuac detalla que este año el recorrido será diferente, debido a las restricciones de la emergencia sanitaria. “Si no nos dejan subir al Cerro de la Estrella, prenderemos el Fuego Nuevo en la Plaza Cuitláhuac. No habrá carrera de relevos, llegaremos a Popotla en automóviles. Nos bajaremos tres cuadras antes y caminaremos cuidando la sana distancia.

    Ya junto al árbol, ahumaremos el espacio, porque el copal se eleva al cosmos y se derrama a la Humanidad; colocaremos las ofrendas florales, cantaremos y entregaremos la palabra a los dirigentes”, indica.

    Señala que, hacia las ocho de la noche, llegarán a la Plaza Cuitláhuac de Iztapalapa más de cien danzantes de Xochimilco, Azcapotzalco, Tláhuac, Culhuacán y El Vergel para bailar durante dos horas. “En años anteriores se han reunido hasta 500 danzantes durante cuatro horas. Ahora vendrán menos, pero lo importante es recordar al abuelo en este año pedernal, que, como hace medio milenio, enfrentamos una peste”.

    Juan Mendoza, corredor desde hace cuatro décadas, describe que su grupo, el Club de Corredores Jorge Frías, hará el mismo recorrido. “Queríamos hacer una parada en el Templo Mayor, pero no será posible. La alcaldía de Iztapalapa nos apoyará con camiones y seguridad. Lo importante es conmemorar esta fecha, no olvidarla, pues ahora con la pandemia posee un significado especial.

    Tenemos que salir adelante. Hace 500 años, los aztecas no se detuvieron por la viruela, la primera peste que llegó al país. Ahora rendiremos también tributo y respeto a nuestros muertos. Haremos una petición especial para que descansen en paz”, dice quien fomenta este ritual entre los jóvenes. “Es importante transmitirles estos conocimientos, porque ellos se van a quedar”.

     

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