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    La fascinante historia de la “Epopeya de Gilgamesh”

    By on 26 junio, 2020

     

    Un día de noviembre de 1872, un joven salió de un cuarto trasero del Museo Británico y, según uno de sus colegas, empezó a correr “por todos lados”. Paso seguido, “ante el asombro de todos los presentes, empezó a desvestirse”.Se llamaba George Smith y nunca supimos por qué se desnudó, pero sí la razón de su desbordada alegría.
    Había leído un relato que hacía parte de una historia imaginada hacía unos 4.000 años, y que desapareció por dos milenios y medio. Quedó sepultada con los restos de uno de los primeros grandes imperios de la historia de la humanidad.
    Gloria enterrada
    En 612 a.C. Babilonia, decidida a terminar con el dominio asirio en Mesopotamia, lideró una alianza en un ataque contra la última capital asiria, Nínive. La ciudad fue saqueada por completo después de un asedio de tres meses, y el rey asirio Sin-shar-ishkun fue asesinado.
    Fue el principio del fin de un imperio que se había empezado a forjar alrededor de 2025 a.C. y que en su apogeo gobernó sobre las “Cuatro esquinas del mundo”, los límites de lo entonces conocido, desde las costas del golfo Pérsico hasta las montañas de Anatolia y las llanuras aluviales de Egipto.
    Durante un período de unos 300 años (más o menos entre 900 y 600 a.C.) fue la civilización más avanzada que se había visto jamás. Los asirios fueron los primeros en desarrollar armas y elementos de protección de hierro, un avance tecnológico que les dio una gran ventaja, así como la creación de una unidad de ingeniería separada, que instalaba escaleras y rampas, llenaba fosos y cavaba túneles para ayudar a los soldados a entrar en las ciudades amuralladas.
    También estuvieron entre los primeros en construir carruajes, que proporcionaron una mayor protección en el campo de batalla. Incluso después de su caída, el legado del imperio perduró en las tácticas y tecnologías de guerra adoptadas por civilizaciones posteriores. La ciudad fue saqueada por completo después de un asedio de tres meses, y el rey asirio Sin-shar-ishkun fue asesinado.
    Fue el principio del fin de un imperio que se había empezado a forjar alrededor de 2025 a.C. y que en su apogeo gobernó sobre las “Cuatro esquinas del mundo”, los límites de lo entonces conocido, desde las costas del golfo Pérsico hasta las montañas de Anatolia y las llanuras aluviales de Egipto.
    Durante un período de unos 300 años (más o menos entre 900 y 600 a.C.) fue la civilización más avanzada que se había visto jamás. Los asirios fueron los primeros en desarrollar armas y elementos de protección de hierro, un avance tecnológico que les dio una gran ventaja, así como la creación de una unidad de ingeniería separada, que instalaba escaleras y rampas, llenaba fosos y cavaba túneles para ayudar a los soldados a entrar en las ciudades amuralladas.
    También estuvieron entre los primeros en construir carruajes, que proporcionaron una mayor protección en el campo de batalla. Incluso después de su caída, el legado del imperio perduró en las tácticas y tecnologías de guerra adoptadas por civilizaciones posteriores.
    2.465 años después…
    Una noche de diciembre de 1853 en lo que hoy es Irak, un equipo de excavadores dirigido por Hormuzd Rassam, el primer arqueólogo nacido y criado en Medio Oriente, encontró el palacio del rey asirio Asurbanipal (quien reinó de 668 a 627 a.C.).
    Además de magníficas obras de arte talladas en piedra más de dos milenios y medio atrás, los excavadores recogieron del piso miles de fragmentos de tabletas de arcilla cubiertos con la intricada escritura cuneiforme. No lo sabían, pero eran los restos de la biblioteca real. Los empacaron en cajas que enviaron al Museo Británico, donde los almacenaron pero no los clasificaron hasta que en 1861 contrataron a Smith para limpiarlos y organizarlos.
    Cautivado por las antigüedades que estaban llegando de Nimrud y Nínive, llevaba años aprendiendo solo a entender tanto la escritura cuneiforme como el idioma acadio.
    El resto de la historia
    Un mes más tarde, Smith le leyó su traducción de la tableta a la Sociedad para la Arqueología Bíblica en Londres. Era la primera vez que una audiencia escuchaba parte del poema en más de 2.000 años.
    Fue toda una sensación y desató debates en todo el mundo.
    Para algunos, corroboraba la verdad esencial de la Biblia. En opinión de otros, tras “El origen de las especies” (1859) de Charles Darwin, representaba otra gran grieta en el edificio del cristianismo.
    La que se llegó a conocer como la “Tableta del diluvio”, o la Tablilla XI, fue la primera de muchas más que, desde entonces, han ido apareciendo, algunas hasta más antiguas.
    Una extraordinaria aventura
    Cuando su historia empieza, los súbditos de Gilgamesh, el rey de Uruk, elevan sus quejas a los dioses, pues abusa de su poder.
    Las deidades crean su doble, Enkidu, para que compitan y “¡Luchen entre sí, para que Uruk conozca la paz!”.
    Pero antes de que Enkidu pueda retar a Gilgamesh, tiene que ser “humanizado” por Shamhat, una prostituta sagrada, quien lo seduce y pasa con él seis días y siete noches, tras los cuales deja de ser el salvaje que era y “tiene sabiduría, más amplia comprensión”.

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