Los antiguos pueblos de la Sierra de Catorce, a lo largo de las vías del tren, merecen toda una visita.
Son lugares ricos en historia donde todavía resuena el saber herbolario de los wixárikas.
Los trenes ya no se paran en las estaciones del desierto, sin embargo, algunas de las estructuras han llegado intactas a nuestra época,.
Como es el caso de Estación Catorce, que fue inaugurada en 1888 cuando funcionaba como parada de transporte de pasajeros.
Actualmente solo se pueden ver trenes de carga.
La forma más tradicional de llegar es en jeeps de los años 50 llamados Willy que salen desde Real de Catorce.
El viaje se disfruta desde el trayecto donde se aprecia la maravilla del desierto color terracota aunque ciertamente los vehículos van brincando entre los desniveles del camino; los que padecen vértigo podrían no disfrutarlo, pero también puede ser parte de la rústica diversión.
Casi todos se limitan a conocer el casco de la estación, pero en realidad es un pequeño poblado que cuenta con un hotel, es importante recalcar que el ambiente es mucho más tranquilo que el del ya tranquilo Real de Catorce.
