Malinalco, un lugar místico

Malinalco, en el céntrico Estado de México, se ha convertido en un sitio perfecto para escapar de la rutina gracias a su cercanía con la Ciudad de México. Con su adoratorio mexica en lo alto del Cerro de los Ídolos, exuberante vegetación y un clima que ronda los 20 grados durante todo el año, ha sido semillero de numerosos centros de reposo, spas, pequeños hoteles de lujo, museos y restaurantes.

A pesar de ser uno de los municipios más pequeños del estado, Malinalco recibe un flujo constante de turistas gracias a su belleza, obtenida después de años de prosperidad étnica y colonial. Su origen se remonta al 3000 a. de C., fecha dada por los hallazgos arqueológicos de la cueva de Chiquihuitero, consistentes en instrumentos burdos, desechos de sílex tallado y obsidiana, así como pinturas rupestres que se presume fueron realizadas por los cazadores-recolectores de una etapa temprana, y que fueron desplazados por grupos étnicos tan poderosos como los teotihuacanos.

A mediados del siglo XV, el pueblo matlazinca se asentó en este valle, la región tarasca y el sur de Michoacán, y estableció en Malinalco un importante centro ceremonial. Cuando en 1521 llegaron los españoles, el sitio se encontraba aún en construcción y el ejército de Cortés interrumpió los trabajos; las piedras fueron utilizadas más tarde por los frailes agustinos para construir el portentoso convento de la Transfiguración.

La evangelización de los pobladores no pudo hacerse de manera pacífica, pero las acciones de los monjes franciscanos, dominicos y agustinos fue crucial para la conquista espiritual del territorio. La prosperidad agrícola y la ubicación estratégica de Malinalco lo convirtieron en una ciudad muy próspera, que vivió varios momentos históricos importantes. Uno de ellos tuvo lugar en 1813, cuando el héroe independentista José María Morelos y Pavón firmó un documento donde ordenaba la donación eclesiástica de recursos.

Posteriormente, tras las leyes de Reforma los edificios, propiedades eclesiásticas y demás pasaron a manos del estado, por lo que en Malinalco los conventos agustinos se pusieron al servicio de la comunidad. Durante la Revolución, la proximidad del pueblo con el estado de Morelos lo volvió partícipe de batallas bajo el bando zapatista. Cuando Victoriano Huerta se hizo del poder, Malinalco permaneció leal a las fuerzas zapatistas, arraigando un fuerte sentido de pertenencia en los pobladores que ha permeado hasta nuestros días, y que junto a su belleza turística e histórica lo elevaron al rango de Pueblo Mágico en 2010.

Malinalco es un hermoso pueblito rodeado de vegetación en el que se puede tanto pasear como descansar o vivir grandes diversiones al aire libre. Por sus calles de corte colonial circulan pintorescos vehículos conocidos como “chicharras”, hechos de rejillas jaladas por una motoneta, y que llevan a los turistas a conocer las numerosas capillas del pueblo, cada una con su santo particular y su día de fiesta, que permiten vivir las tradiciones y costumbres religiosas locales.

En total hay diez capillas en Malinalco: San Nicolás Tolentino, Jesús María, Santa María, San Pedro, San Guillermo, San Martín, La Soledad, San Andrés, San Juan y Santa Mónica, una de las más famosas por estar ubicada al pie del Cerro de los Ídolos, cuya construcción data del siglo XVI. Unas cuadras al oriente se encuentran la parroquia y el ex convento del Divino Salvador, de fachada austera pero con una hermosa nave decorada con pinturas murales al fresco con delicados entramados de plantas y animales, realizadas por manos indígenas hace más de 450 años.

La fiesta patronal del Divino Salvador es una de las más importantes del pueblo: tiene lugar en agosto e implica misas especiales, fuegos pirotécnicos y danzas prehispánicas en el atrio de la parroquia.

Para explorar la cultura malinalquense más allá del ámbito religioso, el Museo Universitario Dr. Luis Mario Shneider, fundado por este intelectual argentino que pasó sus últimas décadas en el pueblo, tiene como objetivo coleccionar, investigar, preservar y difundir el patrimonio natural y cultural de Malinalco a través de sus cinco salas de exposición, en donde se muestran documentos de la historia regional y piezas relacionadas con la antropología, la arqueología, la botánica, la cultura popular y la medicina tradicional. Además, es un espacio cultural en el que se organizan talleres, conciertos, conferencias y presentaciones editoriales.

En el Museo Vivo “Los Bichos de Malinalco”, se puede apreciar la gran diversidad entomológica y reptil de la región, con diversas especies de arañas, alacranes, serpientes y mantis religiosas. Por último, en la Galería Tlakuikani se tiene una gran muestra del arte mexiquense, desde su pasado prehispánico hasta la época contemporánea.

Por supuesto, una visita a Malinalco no estaría completa sin visitar el sitio arqueológico de Cuauhtinchán. Ubicado en la cima del Cerro de los Ídolos, tras subir una escalinata de casi 400 escalones se pueden admirar los impresionantes edificios prehispánicos que integraban el Cuauhcalli o “Casa de las Águilas”, en donde los guerreros aztecas acudían en la antigüedad para convertirse en Caballeros Águila o Jaguar. La hermosa construcción ha sido equiparada con vestigios arqueológicos como los de Abu Simbel, en Egipto, o los de Petra, en Jordania, por estar tallado en la misma roca del cerro.

Otra parte de la historia antigua de Malinalco puede conocerse al visitar sus pinturas rupestres, conocidas como “Los Diablitos” y “El Coyotito rojo”.

Cerca de ellas se encuentra una montaña muy inquietante, pues tiene forma de rostro humano. Los alrededores de este Pueblo Mágico están llenos de parajes naturales en los que se pueden realizar actividades ecoturísticas como tirolesa, senderismo y rapel. Algo de lo más novedoso en este destino turístico es el aerothlón, que combina carrera a campo traviesa, vuelo en parapente y ciclismo de montaña.