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    León aún sufre a Ángel Comizzo y el último título celeste

    By on 6 agosto, 2017

     

    Centro al área chica, Carlos López de Silanes observa el balón por el aire y lo desvía con la fuerza suficiente para enviarle a la línea de meta. A su espalda, un guardameta enloquecido golpea al rival que él marcaba: Carlos Hermosillo.

    El 27 celeste yacía sobre el césped mientras el de la Fiera persiguió el balón hasta la franja que delimita el área. Extrañado por un silbatazo, cubrió el balón bajo su brazo, miró al abanderado y reposó su mano derecha sobre la cintura. Incertidumbre.

    “Los dos caen al suelo, pero yo ya no veo la patada. Cuando veo que pitan penal lo primero que pienso es que yo no lo había tocado, que la jugada tampoco había sido una falta porque yo había sacado la pelota a tiro de esquina e injustamente era marcado un penalti”, relató.

    No pasaron ni tres segundos entre el rechace del defensor y la marcación de Arturo Brizio, árbitro central; sin embargo, el tiempo fue suficiente para una inexplicable agresión de Ángel David Comizzo, quien vestía de un negro tan fúnebre como su intención en la jugada.

    Era el primer tiempo extra, Cruz Azul y León buscaban el título del Invierno 97 y la definición del futbol mexicano se detuvo por un instante, con un hombre sangrando sobre el césped y una turba esmeralda ardiendo de cólera, impulsada al reclamo por una tribuna que, al menos en primera instancia, se sentía robada.”Nosotros creíamos que nos estaba afectando, que no era la jugada para haberse pitado de esa forma. La gente también te lo hacía sentir, en el estadio la gente tampoco sabía lo que había pasado. Si nosotros dentro del terreno no habíamos sido capaces de ver esa patada, la gente en la tribuna mucho menos”, agregó Carlos a casi 20 años de lo ocurrido.

    No había más. La Máquina estaba a un cobro de alzar el título tras 17 años de sequía y para la Fiera sólo existía la duda, aún más cuando el pelilargo culpable reclamaba tan insolente como convencido de una realidad alterna, en la que no existía falta alguna ni chorreante cortada. “Nosotros creíamos que nos estaba afectando, que no era la jugada para haberse pitado de esa forma. La gente también te lo hacía sentir, en el estadio la gente tampoco sabía lo que había pasado. Si nosotros dentro del terreno no habíamos sido capaces de ver esa patada, la gente en la tribuna mucho menos”, agregó Carlos a casi 20 años de lo ocurrido.

    No había más. La Máquina estaba a un cobro de alzar el título tras 17 años de sequía y para la Fiera sólo existía la duda, aún más cuando el pelilargo culpable reclamaba tan insolente como convencido de una realidad alterna, en la que no existía falta alguna ni chorreante cortada.

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