Infecciones más comunes durante el embarazo

Las mujeres embarazadas están expuestas a cualquier tipo de infección que pueda contraer un adulto.
Las infecciones más frecuentes son las respiratorias, la gastroenteritis, las infecciones del tracto urinario y la vulvovaginitis (infección e inflamación de la vulva y de la vagina), en especial estas dos últimas.
Todas ellas son enfermedades muy comunes en la población que no revisten gravedad. Sin embargo, las infecciones urinarias pueden desencadenar un parto prematuro si no se tratan adecuadamente. Asimismo, la vaginosis bacteriana (la causa más común de infección vaginal) puede asociarse a riesgo de rotura prematura de las membranas amnióticas.
Entre las enfermedades infecciosas que mayor afectación pueden provocar a nivel fetal se encuentran la toxoplasmosis, la rubeola, el citomegalovirus (CMV), la varicela, la sífilis, el virus herpes y la listeria.
La gravedad de la afectación fetal depende especialmente del momento del contagio, siendo generalmente mayor el riesgo si se produce la infección en el primer trimestre de gestación. En el caso de la hepatitis B y C y del VIH, el riesgo radica, sobre todo, en el contagio al feto en el momento del parto.
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2. Cómo prevenirlas
Las enfermedades infecciosas comunes presentan la misma incidencia tanto en la población adulta como entre las mujeres gestantes, y en caso de padecerse, como indicábamos, no suelen tener consecuencias a nivel fetal.
La vaginitis puede ser más frecuente en embarazadas diabéticas, que deben llevar un adecuado control de la glucemia para evitarlas. Para el resto de las madres, la mejor prevención es una higiene adecuada. De la misma manera, las embarazadas con infecciones previas, cálculos o problemas previos de vías urinarias tienen mayor riesgo de padecer infecciones urinarias. Para prevenirlas, se recomienda una correcta higiene y beber abundantes líquidos.
En el caso de las infecciones con riesgo para el feto o la madre, la incidencia es muy baja. No obstante, para evitar complicaciones, es aconsejable que la madre tome algunas precauciones durante la gestación:
– Toxoplasmosis. Se contagia a través del contacto con las heces de los gatos, o al ingerir verduras mal lavadas y embutidos o carnes poco hechas. La manera de prevenir esta enfermedad es evitar el contacto con estos animales, lavar adecuadamente las verduras y cocinar o congelar los alimentos mencionados.
– Listeria. El contagio se produce por ingerir alimentos infectados. Se aconseja lavar y cocinar bien los alimentos y consumir productos que hayan superado los procesos de calidad para el consumo. También es recomendable evitar el consumo de lácteos sin pasteurizar.
– VIH / Hepatitis. La forma de contagio más habitual es a través del contacto sanguíneo y por vía sexual, por lo que la prevención más eficaz es el uso del preservativo en las relaciones sexuales.
– Sífilis. Se trata también de una enfermedad de transmisión sexual (ETS).
– Citomegalovirus (CMV) y virus herpes. El contagio se produce básicamente de persona a persona, a través de los fluídos corporales (saliva, sangre, orina y leche materna) y por vía sexual. Se deben mantener buenas prácticas de higiene, aparte de utilizar preservativo.
– Rubeola / Varicela. El contagio se produce por contacto con personas que a su vez padezcan esta enfermedad, por lo que la mejor forma de prevención es eludir dicho contacto.
3. Síntomas y diagnóstico
Los pacientes con vaginitis suelen notar picor, escozor y aumento del flujo vaginal. En el caso de una infección urinaria, la embarazada tendrá molestias al orinar y sensación de seguir con ganas de miccionar después de ir al baño.
Para el resto de infecciones, las manifestaciones son muy diversas en función de la patología. En el caso de la toxoplasmosis, las embarazadas pueden experimentar los síntomas de la mononucleosis, pero en la mayoría de los casos no presentan ningún síntoma. Esto ocurre siempre con las bacteriurias asintomáticas.
Para descartar la presencia de bacteriurias asintomáticas, de manera rutinaria se realiza un análisis de orina al principio del embarazo. Además, se hace una analítica durante el primer trimestre de gestación con el objetivo de comprobar las serologías de la madre.
A través de este examen, se puede detectar la toxoplasmosis, la rubeola, la sífilis, el VIH y el virus de la hepatitis B y hepatitis C. Finalmente, la vaginitis se diagnostica mediante cultivos del flujo vaginal en la mujer que tiene síntomas.
En caso de sospechar cualquier otra patología, se realizarían las pruebas de diagnóstico oportunas dependiendo de la enfermedad.
4. Tratamientos indicados
Medicación. Las infecciones comunes tienen un tratamiento similar al resto de la población.
En el caso de las infecciones más comunes, el tratamiento será similar al de la población general. Así, las infecciones urinarias se tratan con antibióticos durante siete días y para las vaginitis se utilizan distintos fármacos según el agente productor de la infección.
En cuanto a las patologías con más riesgos para el feto, antes de poner el tratamiento farmacológico indicado para cada una de ellas, debe valorarse el riesgo-beneficio de la utilización de dichos fármacos.
El médico, de forma consensuada con la paciente, decidirá la conveniencia del tratamiento en función de diversos factores, como la edad gestacional y la gravedad de la enfermedad.
5. Pronóstico
Revisión. El índice de enfermedades que dañan al feto es muy bajo.
El pronóstico fetal dependerá de la transmisión de la enfermedad al feto. Debe insistirse en que el porcentaje de casos de infecciones que dañan al feto es actualmente muy bajo en España. No obstante, puede haber consecuencias graves si el feto resulta afectado, como malformaciones (físicas o mentales), lo que supone un seguimiento más especializado durante todo el embarazo.
En cuanto al pronóstico materno, las patologías infecciosas no suelen agravarse por el hecho de estar en estado.
El control de la gestación por parte de los distintos especialistas permite el diagnóstico precoz de enfermedades que pueden requerir un tratamiento posterior, por ello es vital el seguimiento rutinario de la madre y su embarazo por parte del profesional sanitario.