Desde la invasión en la Bahía de Cochinos hasta la histórica visita del presidente Barack Obama, los cubanos han sabido por generaciones que en cualquier momento en que Estados Unidos se volviera hacia la isla se iba a encontrar con Fidel Castro sosteniéndole la mirada.
Con la muerte del líder cubano Fidel Castro, ocurrida la noche del viernes, llevó a numerosas voces cercanas al presidente electo, Donald Trump, a manifestarse sobre el futuro de esas relaciones bilaterales.
La muerte del comandante se suma al temor de los cubanos a que el nuevo Presidente electo dé un portazo a los recientes vínculos comerciales y turísticos.
Trump ha tenido un tono muy diferente al de Obama, quien hace dos años llegó a un acuerdo con el hermano menor de Fidel, el mandatario cubano Raúl Castro, para acabar con medio siglo de hostilidades.
En la recta final de su campaña, Trump intentó ganar el voto cubano estadunidense de Florida asegurando que sería firme en su oposición a los Castro, y prometió que, de resultar electo, cerraría la recién inaugurada embajada estadunidense en La Habana.
Previamente, en la campaña por las primarias de su partido, había dicho que restaurar los lazos diplomáticos con Cuba era apropiado, pero que Obama debió negociar un mejor acuerdo.
En tanto, allegados y figuras del equipo de Trump, adelantaron posiciones en favor de más concesiones cubanas a cambio de la apertura.
Ayer, Kellywanne Conway, una de las más próximas asesoras de Trump y su exjefa de campaña, aseguró que el núcleo de la visión del Presidente electo sobre la reanudación de las relaciones con Cuba es que Washington no logró concesiones de La Habana.
“Su crítica a lo que ha ocurrido en los últimos dos años es simple, es que no conseguimos nada a cambio” del restablecimiento de las relaciones diplomáticas, dijo.
Por ejemplo, añadió Conway, “no tuvimos ninguna garantía de que los cubanos que aún viven en la isla tendrán de hecho libertad religiosa, política y económica”.
El futuro jefe de gabinete de Trump, Reince Priebus, dijo que “debemos conseguir un mejor acuerdo” con Cuba, y evitar “un entendimiento de una sola vía”.
Dos senadores republicanos y excandidatos presidenciales que ahora apoyan a Trump, Marco Rubio y Ted Cruz (ambos hijos de cubanos), también se manifestaron a favor de que la Casa Blanca ponga freno en la relación con Cuba.
Con los republicanos en control de las dos cámaras del Congreso, las posibilidades de que el Poder
Legislativo inicie el desmonte del enmarañado legal del embargo se tornan remotas.
En el último año, el presidente Obama introdujo algunas flexibilizaciones al embargo mediante decretos presidenciales, pero Trump puede fácilmente revertir esas medidas. Además, incluyó en su equipo de transición a Mauricio Claver-Carone, un partidario de mantener un duro embargo económico.
REACCIONAN CONTRA EL EMPRESARIO
Quito.–Líderes latinoamericanos reaccionaron ante las declaraciones del presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, luego de que éste calificara a Fidel Castro de “brutal dictador”.
El presidente de Ecuador, Rafael Correa, escribió en Twitter que esas eran las “palabras de un ignorante.”
“Una muestra de lo que puede esperar América Latina”, agregó el gobernante socialista.
Por su parte, el jefe de Estado de Bolivia, Evo Morales, criticó que Donald Trump y el “fascismo” hagan una “fiesta”, según dijo, por la muerte del líder de la Revolución Cubana.
“Casi todo el mundo llora, hace un homenaje póstumo a Fidel, pero el Presidente electo de Estados Unidos con un grupo de personas hace fiesta. No puedo entender y quiero decirles: el fascismo con mucho cinismo festeja la muerte la Fidel”, sostuvo Morales en un discurso.
Justin Trudeau se defiende
Por otro lado, el premier de Canadá, Justin Trudeau, fue criticado por recordar el sábado a Castro sin mencionar su historial de derechos humanos.
Trudeau desató ira y burlas cuando se refirió a Castro como un “líder destacado”.
Muchos estuvieron prontos a señalarle que Castro suprimió la disidencia y que no hubo otras opciones de liderazgo en la isla bajo su régimen.
Trudeau dijo ayer que simplemente “reconocía la muerte de un exjefe de Estado” de un país con el que Canadá tiene largos vínculos.
