A 106 años de la Revolución Mexicana, el agro sigue siendo un botín político: Jalil Chalita

El secretario de Vinculación del Comité Directivo Estatal del PAN, Jalil Chalita Zarur condenó que a 106 años del inicio de la revolución mexicana, el campo siga  siendo un botín político, económico y electoral.
En entrevista, mencionó que la justicia agraria es un tema pendiente, porque los campesinos siguen rezagados en la repartición de la tierra.
“Las condiciones sociales y políticas no han cambiado en el país por falta de voluntad de los gobernantes que pasan”, señaló, al tiempo de rechazar que existan nuevas condiciones para armar otra revolución.
“Más bien la situación actual de México crea las condiciones necesarias para un gran movimiento social, más no así otra revolución como la de 1910.
“Eso ya quedó en el pasado, pero de que todos los movimientos sociales podrían aportar muchísimo para una transformación del país, y en  todos los aspectos, podrían hacerlo”, expresó.
Jalil Chalita Zarur  admitió, sin embargo, que mientras en México exista  pobreza y la justicia social no se haya alcanzado, los ideales de la Revolución seguirán vigentes.
Ante ello,  exhortó a los dirigentes del país a dar un gran salto para dejar de ser una nación desigual y conducirla hacia la equidad, la solidaridad y la justicia.
“Los derechos sociales para todos los mexicanos son, hoy por hoy, una condición básica para avanzar hacia el país democrático, próspero y equitativo que todos queremos. Pero no basta con que dichos derechos existan en nuestras leyes: se requiere que se cristalicen, que sean una realidad para todos; requerimos que sean jurídicamente exigibles”, agregó.
El panista subrayó que es momento de reconocer que muchos de los problemas de México no podrán ser resueltos si no se llevan a efecto cambios de fondo, sin que se imagine un rumbo distinto y sin que se trace un nuevo proyecto nacional.
La lucha armada, subrayó,  inició cuando los reclamos democráticos de Francisco I. Madero coincidieron con la ausencia de espacios para la participación política, con la injusticia social que afectaba a los trabajadores del campo y la ciudad y con el descontento por la concentración de la riqueza.
“Todos estos elementos explican a plenitud la explosión de la lucha armada, afirmó”.
Añadió que a 106 años de distancia, la situación no es muy distinta. Se debe reconocer que la justicia social prometida es incompleta, por lo que forma parte de la deuda social no cubierta.
“Los programas emanados de los gobiernos de la Revolución, aunque trascendentes, no lograron disminuir la desigualdad que desde siempre caracteriza a la sociedad mexicana: seguimos padeciendo una vergonzosa falta de equidad en la distribución de la riqueza y rezagos sociales inaceptables”, sentenció.

Finalmente, recordó que la mitad de la población vive en condiciones de pobreza, la situación de los indígenas es oprobiosa, millones de jóvenes no estudian ni trabajan y en 2016 existen 5.8 millones de analfabetas (cifra muy similar a los 7.8 millones que había antes del inicio del movimiento armado).