Cuenta fray Bernardino de Sahagún en su Historia General de las Cosas de la Nueva España que durante las fiestas en honor al dios Xipe, al emperador Moctezuma se le servía rebozante plato de pozole, el cual era coronado con el mus-lo de algún prisionero sacrificado.
La palabra pozole tiene su origen en el idioma náhuatl, en concreto deriva de pozolli, que significa «espuma», efecto que se consigue al hervir los granos de maíz más grandes y blancos (denominados cacahuazintle o reventón), que se abren como flor al pun-to de ebullición del agua.
Aportes nutricionales
Todas las comidas contienen nutrientes que sirven a la salud del organismo; pero, como en todo, el pozole debe tener un límite, pues de no ser así caeremos en riesgo de padecer agruras, pesadez estomacal e indigestión.
De cualquier forma, este platillo típico mexicano otorga hidratos de carbono a través del maíz, así como hierro, potasio y magnesio; la carne de cerdo aporta sodio, pota-sio y zinc.
Además de bastante coles-terol, así que cuidado; la de pollo a su vez contiene sodio, potasio, magnesio, vitamina A y colesterol en me-nor grado; el chile guajillo ofrece hidratos de carbono, vitamina C (al igual que el limón) y A, calcio y hierro.
En su trayectoria de varios siglos por la historia de México, el pozole ha recorrido todo el territorio nacional e incluso algo del internacional, recogiendo a su paso ingredientes novedosos que se han incorporado para hacerlo más exótico.
De forma que al tradicional blanco se le puede añadir tomate verde molido para que adquiera ese color (como es preparado en el Estado de Guerrero) o bien ponerle chicharrón (como en Michoa-cán), queso blanco (típico de Colima) o sardina (como en algunas regiones costeras); en gustos se rompen géneros, pero la receta tradicional o la que más se conoce, es la del Estado de Jalisco, que presentamos a continuación.
Pozole
Ingredientes:
2 kilos de maíz precocido
1/2 kilo de cabeza de cerdo o maciza
1 pollo entero
100 gramos de chile guajillo (opcional)
1 cabeza de ajo
1 cebolla grande
Para acompañarlo, en cantidades al gusto:
Orégano
Lechuga picada
Cebolla picada
Rábanos picados
Limón
Chile piquín molido o en salsa
Preparación:
Se lava muy bien el maíz precocido (se consigue en las tiendas de autoservicio) y se pone a cocer con suficiente agua, sin sal, para que reviente al hervir. En un recipiente aparte se cuecen cerdo y pollo al mismo tiempo, junto con los dientes de ajo, la cebolla en rebanadas y sal al gusto; una vez que se han enfriado conviene desmenuzar la carne del ave y cortar en trocitos la de puerco, para facilitar la acción de servirlas más tarde.
Ya que el maíz ha reventado, se le agrega el caldo, sin las carnes y se revisa la cantidad de sal.
Si se quiere el pozole blanco, se deja hervir la mezcla hasta que sazone, pero si se prefiere rojo, el chile guajillo se asa en un comal, se deja remojar en agua durante unos minutos y después, se muele con ajo y cebolla, mezcla que se incorpora, sin colar, al maíz, y se deja hervir.
Se sirve en platos hondos y se agrega las carnes, coronando el platillo con lechuga, orégano, limón, rábanos y el chile piquín al gusto.
Si quiere usted que la velada este 15 de septiembre culmine mexicanísimamen-te, prepare delicioso y digestivo café de olla, es decir, esta tradicional bebida más unas rajitas de canela y trozos de piloncillo al momento en que vaya a hervir.
Ahora sí, todos listos para gritar: ¡Viva México!. Aunque todo parece indicar que su cultivo inició en México, donde era llamado elotl (elote) cuando su mazorca estaba tierna y tlaolli cuando el grano maduraba e incluso existía una deidad en su honor, Centeotl, el nombre con que conocemos a esta planta proviene de un vocablo cari-beño, concretamente del taí-no mahís, que literalmente significa «lo que sustenta la vida».
No es para menos, pues además de proporcionar elementos nutritivos a seres humanos y animales, es ma-teria prima de la industria de transformación, con la que se producen, entre otras cosas, almidón, aceite, bebidas alcohólicas, edulcorantes alimenticios y hasta combustible.
Aún más, la planta tierna o las hojas secas son empleadas como forraje y los tallos de algunas variedades muy resistentes son utilizados en cercas y muros.
El maíz (Zea mays) pertenece a la familia de las gramíneas, mide de 1 a 3 metros de altura y sus hojas son largas, planas y puntiagudas; además, su ciclo dura un año y se multiplica por polinización, es decir, requiere la intervención de animales, viento o del hombre para que el material genético masculino (polen) fecunde al órgano reproductor femenino. Las mazorcas son las estructuras donde se desarrollan los granos (de 300 a 1000) en un número variable de hileras (12 a 16), y pueden ser de color blanco, amarillo, azul, rojo o pinto.
Mito e historia
Cuenta la leyenda que un día Quetzalcóatl, gran benefactor de la humanidad según la cultura azteca, se topó con una hormiga roja que cargaba con un grano de maíz.
Muy interesado, el dios le preguntó de dónde lo había tomado; el insecto le dijo que de un lugar llamado «cerro de nuestro sustento» y lo invitó a seguir sus pasos; entonces, Quetzalcóatl se convirtió en una hormiga negra, se introdujo al monte y tomó suficientes granos para compartirlos con los dioses y con los seres humanos.
Lo curioso es que, en efecto, la aparición del maíz parece mágica, pues aunque la mayoría de los investigadores creen que este cereal se desarrolló a partir de un vegetal muy parecido, el teosinte (Euchlaena mexicana Schrod), no se conocen las variedades que lo antecedieron, en contraparte de lo que ocurre con otros granos. Simplemente, sabemos que el cultivo del maíz tuvo su origen en México hace aproximadamente siete mil años en el Valle de Tehuacán (Puebla) sin que haya tenido variación sustancial y se trata de una planta que no puede sobrevivir por sí misma.
