Rendidos ante Juanga

CIUDAD DE MÉXICO.-Eran justo las 16:32 horas cuando el silencio sepulcral que se sentía en el vestíbulo del Palacio de Bellas Artes fue interrumpido por el ruido que provocó el abrir de la puerta de la sala principal.

Iván Gabriel Aguilera, acompañado por su esposa, Simona Hackman, cargaba la urna con las cenizas de su padre, el cantante Juan Gabriel, fallecido hace más de una semana, debido a un infarto.

El silencio que calaba se convirtió en un sonoro aplauso y en las primeras notas del tema Amor Eterno, a cargo del Mariachi de Mi Tierra y la voz del tenor Fernando de la Mora.

A Aguilera lo acompañaban Jesús Salas —amigo íntimo de la familia y cuñado de  Juan Gabriel—, María Cristina García Cepeda, titular del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), y Rafael Tovar y de Teresa, al frente de la Secretaría de Cultura.

Juntos bajaron los ocho escalones cubiertos por una impecable alfombra roja que cubría parte del lobby. En el centro, un pedestal negro de madera en el que depositaron la urna y montaron, así, la primera guardia de honor.

En la parte superior colgaba una imagen magistral del cantautor vestido de blanco, con los brazos abiertos, un micrófono sostenido en la mano derecha y la leyenda “1950-2016. Amor eterno”.

En las escalinatas del recinto estaban tres coronas con flores multicolores, con listones de la Secretaría de Cultura, el INBA y de la Presidencia de la República. Una cuarta, la más grande y con 500 rosas blancas, con el nombre de Luis Miguel impreso en el listón que la cruzaba. Cuatro enormes arreglos florales completaban el cuadro.

Vestidos de azul rey, los 19 integrantes del mariachi también acompañaron a Aída Cuevas, quien cantó Te lo pido por favor. Su segunda interpretación, Te sigo amando, fue más emotiva aún: la intérprete luchó por no romper en llanto y, con la voz entrecortada y los ojos vidriosos, dirigió su mirada hacia la cúpula del recinto, como cantándole a su compadre. Al terminar, expresó: “Gracias por todo. Te amamos por siempre, Juan Gabriel.”

La segunda guardia de honor corrió a cargo de los miembros de la Sociedad de Autores y Compositores de México (SACM), entre los que estaban su presidente,Roberto Cantoral Zucchi, y el compositor Martín Urieta, además de losgobernadores de Michoacán y Chihuahua, Silvano Aureoles y César Duarte, respectivamente.

A su arribo, el comité de la SACM fue situado en la octava fila, luego los pasaron a la cuarta y, finalmente, Cantoral Zucchi y Urieta se quedaron en la primera. En la segunda fila quedó Aureoles, quien tras saludarlos, platicó unos minutos y se tomaron un par de fotos.

Más adelante desfilaron los actores Yolanda Ciani, Lilia Aragón, Felipe Nájera, el cantante Víctor García y Tere Suárez, la directora de la cinta ¿Qué le dijiste a a Dios?, y los integrantes del Mariachi de Mi Tierra, que montaron guardia de honor.

¿POR QUÉ ME HACES LLORAR?

El ambiente dentro del recinto de mármol era solemne. El vestir de los invitados especiales —impecablemente de negro—  contrastaba con la ropa colorida de la gente que entraba para despedir a su ídolo y que había hecho una fila interminable para pasar a darle el último adiós.

La algarabía que se vivía afuera, los vítores y aplausos por El Divo de Juárezcambiaba una vez dentro. Aunque algunos cantaban, la mayoría rompía en llanto cuando se topaban de frente con la urna de madera que llevaba una imagen de laVirgen de Guadalupe grabada y las iniciales del autor.

Unos mandaban besos como lo hacía el michoacano y otros se santiguaban a manera de homenaje. Unidos todos por la música del michoacano que alejada de elitismos, conquistaba sin distinción.

Poco después de las 17:30 horas arribó Marta Sahagún, quien toda de negro, se persignó y montó guardia. Saludó a Jesús Salas y al hijo de Juan Gabriel, Iván,con fuertes abrazos dando el pésame.

Pasadas las 18:00 horas, llegó el cantante Pablo Montero, quien tras saludar a los deudos, montó guardia. Se retiró; ya que estaba lejos, se fundió en un abrazo con García Cepeda y acto después, se secó las lágrimas que parecían no dejar de rodar por sus mejillas.

Como parte del homenaje dentro del recinto, también cantó y tocó el Mariachi Gama Mil y Jas Devael, un amigo de Juan Gabriel, y el Coro del Palacio de Bellas Artes.

La gente seguía ingresando al recinto y con ellos cientos de miles de historias relacionadas con El Divo de Juárez.

Justo a las 22:00 horas, una vez que terminó el espectáculo en la explanada, elMariachi de Mi Tierra, músicos, coristas y parte del staff que acompañaban a Juanga en sus giras, ingresaron al inmueble, se colocaron sobre los ocho escalones que dan a la sala principal de Bellas Artes, y brindaron un sonoro aplauso en honor del michoacano.

Muchos de ellos lloraban de manera inconsolable y se daban palmadas de aliento en el hombro. Luego de diez minutos, abandonaron el lugar con otro sonoro aplauso.

Pero la música seguía. En las pantallas instaladas al interior del recinto se proyectaban videos del concierto que Juan Gabriel realizó aquí mismo para celebrar sus 40 años de carrera artística.

El silencio sepulcral no existía más. Era la voz de su pueblo al que Juanga, seguramente, le decía: “Gracias por cantar mis canciones”.