Mareo y fatiga, no sólo en la vejez

Para conservar la san-gre en movimiento, es indispensable que en todo momento exista presión dentro de los vasos sanguíneos, la cual se expresa en milímetros de mercurio (mm Hg). Para la mayoría de personas, estos indicadores se ubican en el rango de 90/60 mm Hg hasta 130/80 mm Hg, aunque una caída significativa (incluso, de sólo 20 mm Hg) puede afectar la salud.
Cuando no circula con eficacia, la sangre es incapaz de proporcionar suficiente oxígeno y nutrientes a las células, o extraer los desechos de ellas. En este caso se habla de hipotensión, condición que ocasiona mareo, vértigo y debilidad, entre otros síntomas.
Diversos factores pueden causar que la presión descienda, entre ellos pérdida de sangre; anemia; trastornos del sistema nervioso, corazón o glándulas suprarrenales; deshidratación; infecciones graves (sepsis) o consumo de medicamentos, por ejemplo, para el tratamiento de presión arterial alta.
Sin embargo, cuando se habla de hipotensión postprandial se refiere a que la presión arterial baja demasiado después de comer (particularmente dentro de las primeras 2 horas). Se puede dar la situación de mareo por presión baja.
Aunque se desconocen los motivos precisos de hipotensión postprandial, es más común cuando se ingieren alimentos con alto contenido de carbohidratos. En este sentido, una investigación de la Universidad de Cambridge (Activation of Central Orexin/Hypocretin Neurons by Dietary Amino Acids), sobre células especializadas del cerebro denominadas neuronas de orexina-hipocreatina, concluyó que las comidas ricas en azúcares suprimen su actividad, por lo que no favorecen el estado de alerta en el individuo.
Si bien la hipotensión postprandial es característica de personas de edad avanzada, puede aparecer en individuos jóvenes, sobre todo si:
Consumen alcohol y drogas.
Tienen bajo peso corporal.
Permanecen en cama por tiempo prolongado.
Padecen enfermedades crónicas (diabetes, por ejemplo).
¡Ojo, no confundas el mareo por movimiento con hipotensión!
Las personas jóvenes, particularmente cuando hacen trayectos largos ya sea en auto, barco o avión, pueden presentar mareo por movimiento, lo que sumado a comidas abundantes e ingesta de bebidas con cafeína o alcohol favorece la presencia de náuseas y vómito, malestares que pueden esconder o confundirse con síntomas de hipotensión postprandial. Por tanto, es importante acudir al médico en caso de que el mareo se presente con frecuencia.
Al respecto, los síntomas de hipotensión postprandial son:
Dolor (en cabeza, cuello, hombros, pecho, parte inferior de la espalda y/o piernas).
Visión borrosa.
Confusión, pérdida de la memoria y/o incapacidad para prestar atención.
Mareo o sensación de estar a punto de desmayarse.
Náuseas, cansancio y/o debilidad.
Aumento de la transpiración.
Ritmo cardiaco acelerado.
Por ello, el médico considera estos síntomas, además de extenso interrogatorio, para hacer su diagnóstico e indicar tratamiento, el cual generalmente incluye medicamentos para elevar la presión sanguínea, a fin de evitar el riesgo de caídas frecuentes e, incluso, lesiones (fractura de huesos, por ejemplo).
Para prevenir o reducir los síntomas de hipotensión, el profesional de la salud puede recomendar:
Evitar el consumo de alcohol.
Ingerir abundantes líquidos.
Incorporarse lentamente después de estar sentado o acostado.
Usar medias de compresión para incrementar la presión arterial en las piernas.
Ingerir comidas pequeñas más a menudo, en vez de una abundante tres veces al día, evitando aquellas con elevado contenido de carbohidratos.
No permanecer de pie por mucho tiempo.
Hacer ejercicio para que el flujo de sangre al corazón aumente.
Para aquellos casos sin antecedentes de hipotensión, en los que el mareo sea ocasionado por movimiento, puede usarse DRAMAMINE®, la medicina de libre venta número 1 para prevenir y aliviar náuseas, mareo y vómito.
Consulta a tu médico. Al hablar sobre alteraciones en la presión sanguínea es frecuente pensar en los casos en que ésta se eleva (hipertensión) al practicar deporte, sentir nerviosismo, vivir una situación estresante o como un problema circulatorio permanente (crónico) que se presenta en algunas personas. Empero, la tensión que ejerce la sangre sobre venas y arterias también puede bajar de sus niveles normales, por ejemplo, cuando alguien que estaba acostado se sienta o se pone de pie, generando desvanecimiento. La presión sanguínea no es más que la fuerza que ejerce la sangre sobre las paredes internas de arterias y venas. Para evaluar su estado se recurre a dos números, divididos por una diagonal, que se miden en milímetros de mercurio (mmHg) y que representan, por orden, a la tensión máxima o sistólica, que se genera cuando el corazón late, y la mínima o diastólica, que ocurre durante las pausas que hay entre las contracciones cardiacas.

Las cifras de presión normal permiten que la sangre circule en forma adecuada y, en concordancia con la mayoría de los criterios médicos, corresponden a 120/80 mmHg en adultos. En contraparte, se considera que la hipotensión ocurre cuando desciende a 110/75 mmHg o menos, aunque por lo general se requieren números un poco más bajos para que se generen síntomas.

El caso particular de la hipotensión postural responde a un fenómeno bien estudiado y conocido. Cuando una persona en reposo se sienta o levanta con brusquedad, la fuerza de gravedad hace que buena parte de su sangre viaje hacia sus piernas, brazos y tronco, de modo que la cantidad de fluido que puede bombear su corazón se reduce, descendiendo su presión arterial.

En condiciones normales, el organismo cuenta con recursos que evitan este problema; por ejemplo, el corazón late más rápido, las contracciones son más potentes y las arterias se contraen para que el espacio por el que circula la sangre sea menor y se genere mayor tensión. En cambio, cuando estas reacciones fallan o son muy lentas, se produce hipotensión ortostática.

Las personas con este problema experimentan, en su gran mayoría, desmayos, leve mareo, confusión o visión borrosa cuando se ponen de pie rápidamente o entran en actividad tras mantenerse inactivos en períodos prolongados; asimismo, se sabe que el cansancio, ejercicio, consumo de alcohol o una comida abundante pueden acentuar estos síntomas. En caso de que la reducción del flujo sanguíneo al cerebro sea muy pronunciada, puede provocarse desmayo (síncope o pérdida de conocimiento) e incluso convulsiones (sacudidas fuertes e involuntarias).

Hay distintas causas que dan origen a este problema, siendo las principales:

Vejez. Se sabe que hay personas que su sistema nervioso autónomo, que es el encargado de coordinar reacciones involuntarias como evitar la caída de la presión arterial al ponerse de pie, sufre atrofia con el paso del tiempo y deja de actuar con la misma rapidez que antes.
Consumo de fármacos. Medicamentos que se administran para erradicar problemas como hipertensión y depresión pueden afectar las reacciones habituales del organismo, generando hipotensión.
Deshidratación. La baja cantidad de agua en el organismo orilla a que la sangre tenga un volumen menor y, por tanto, genere presión más débil sobre venas y arterias. Las causas de este problema pueden ser diarrea, vómito, sudoración excesiva, exposición prolongada al Sol (golpe de calor) y abuso en el consumo de diuréticos (medicamentos que favorecen la expulsión de orina).
Desnutrición. La falta de una alimentación adecuada ocasiona que la sangre sea pobre en nutrientes, a la vez que afecta a las redes neuronales encargadas de mantener la presión sanguínea estable.
Bebidas alcohólicas. Su consumo prolongado altera o inhibe el funcionamiento general del sistema nervioso.
Diabetes. El exceso de azúcar en sangre que caracteriza a esta enfermedad ocasiona neuropatía, es decir, puede atrofiar a las terminaciones nerviosas encargadas de controlar la presión sanguínea.
Enfermedad de Addison. Es una deficiencia en el funcionamiento de las glándulas suprarrenales (localizadas sobre los riñones) que altera el proceso circulatorio.
Lesiones en la médula espinal. Accidentes, golpes y caídas llegan a lastimar a los nervios, impidiendo la regulación de la tensión arterial.
Enfermedades cardiacas. Quienes tienen problemas como taquicardia (palpitaciones irregulares del corazón) o insuficiencia (incapacidad del músculo cardiaco para distribuir sangre adecuadamente) son más propensos a padecer este problema.
Enfermedades degenerativas del sistema nervioso o neurodegenerativas. Mal de Parkinson (trastorno caracterizado por temblor y dificultad para coordinar movimientos) y Síndrome de Shy-Drager o atrofia multisistémica (similar al Parkinson, pero más severo y con daño enfocado al sistema nervioso autónomo) son algunos de los padecimientos que se caracterizan por la atrofia progresiva de los tejidos neuronales, y es común que generen hipotensión postural.
El grupo más vulnerable a este problema es, sin duda, el de las personas de la tercera edad, no sólo porque su sistema nervioso actúa con menos rapidez que antes, sino porque es sabido que muchos ancianos se alimentan de manera deficiente, toman poca agua, consumen medicamentos para regular su presión y padecen con más frecuencia diabetes o enfermedades degenerativas del sistema nervioso. Si a esto aunamos el riesgo latente de que la persona caiga y tenga una fractura de cadera al sufrir un desvanecimiento, es indispensable que todo anciano que haya presentado hipotensión, así sea de manera ocasional, acuda a evaluación.