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    Plan separatista inglés (Brexit) amenaza la unidad Europea

    By on 26 enero, 2016

     

    El 23 de enero de 2013, una fecha que puede ocupar un gran capítulo en la agitada historia de Europa de posguerra, el primer ministro británico, David Cameron se dirigió a la sede de la agencia Bloomberg, ubicada en el centro de Londres, para pronunciar un discurso que, seis años después, ha confrontado a la Unión Europea (UE) con el desafío más importante en toda su existencia.
    Ese día Cameron, ya con los ojos puestos en las elecciones parlamentarias de mayo de 2015, comunicó a la nación que convocaría, antes de 2018, a un referéndum sobre la permanencia de Reino Unido en la UE. Junto con abrir una peligrosa “caja de Pandora”, Cameron añadió ese día que los británicos podrían elegir entre permanecer en la UE o abandonarla, después de que su gobierno lograra negociar con Bruselas una profunda reforma que debe favorecer los intereses del país y que, entre otras medidas, incluyera la devolución a los parlamentos nacionales diversas políticas que dependen de Europa.
    “Ha llegado el momento de que los británicos hablen. Ha llegado el momento de resolver la cuestión europea en la política británica”, sentenció Cameron, en un pasaje de su discurso destinado a buscar el voto de los euroescépticos británicos para asegurar su reelección en los comicios, que tuvieron lugar dos años después, y que le proporcionaron una cómoda mayoría absoluta en el Parlamento.
    El apabullante triunfo electoral de Cameron marcó el comienzo de la cuenta atrás para el peligroso referéndum que el político había prometido en enero de 2013 y confrontó a los socios europeos a un escenario tenebroso, pero que obligó al mismo tiempo a los líderes políticos, a buscar una respuesta apropiada para evitar la salida de Gran Bretaña de la UE, la alternativa que ya se conoce en todo Europa como Brexit (Britain’s exit, la salida de Gran Bretaña).
    A los pocos días de celebrar su gran triunfo electoral, Cameron inició una gira relámpago que lo llevó a La Haya, París, Varsovia y Berlín, con la meta de explicar y buscar el apoyo a su demanda de buscar una revisión del Tratado de Lisboa para dar cabida a las aspiraciones de Londres y, de esta forma, impedir la salida de la UE.
    La etapa más importante de su gira fue Berlín y, algo raro en las tensas relaciones entre Londres y la capital alemana, la canciller Angela Merkel optó por dejar la puerta abierta a la revisión de los Tratados y prometió acompañar de “manera constructiva” el proceso de reformas de la UE que desea impulsar Reino Unido. Más importante aún, la poderosa jefa del gobierno alemán no excluyó a priori introducir modificaciones en los Tratados.
    “No se pueden descartar cambios en el Tratado si es necesario hacerlo”, dijo Merkel durante una rueda de prensa conjunta con Cameron a fines de mayo de 2015 en Berlín. “Es necesario hablar sobre el contenido y la sustancia. También tenemos que hablar sobre lo que hay que cambiar y si uno está convencido del contenido y la sustancia no se puede decir que es imposible cambiar un tratado”, insistió la canciller, en una interesada apuesta por la permanencia de Reino Unido en la UE. Pero Merkel también se atrevió a mencionar que había “líneas rojas” que no podían ser ignoradas, como el mercado y la libertad de circulación.
    La interesada posición de Merkel, que desea impedir con todos los medios a su alcance la peligrosa salida de Reino Unido de la UE, hizo creer a Cameron de que su interesado chantaje a Bruselas podría culminar con éxito. En noviembre del año pasado, Cameron puso en marcha la “fase formal” de la renegociación de la relación de su país con Bruselas con un discurso  en el que defendió la permanencia en una UE reformada como la mejor manera de defender la prosperidad económica y la seguridad nacional de su país.
    En una carta enviada al presidente del Consejo Europeo, el polaco Donald Tusk, Cameron enumeró las reformas que pretende obtener de Bruselas y que serían imprescindibles para convencer a sus compatriotas de la conveniencia  de seguir como miembros del exclusivo comunitario, de cara al referéndum que el premier británico prometió convocar antes de que finalice 2016.
    Cameron propone que la UE reconozca la existencia de varias monedas y revisar, por lo tanto, la formulación actual que establece que la moneda de la UE es el euro. El premier también está convencido de que las regulaciones que la UE impone a las actividades económicas son excesivas y, con respecto a la soberanía, Cameron quiere poner fin al principio de una Unión “cada vez más estrecha”.
    Entre sus peticiones, Cameron reclama que una mayoría de Parlamentos nacionales puedan ser capaces de vetar decisiones adoptadas en el Parlamento Europeo y en el capítulo más polémico, el líder conservador pretende limitar el libre movimiento de los ciudadanos de la UE hacia Reino Unido y eliminar la posibilidad de que los ciudadanos europeos puedan acogerse a las ayudas sociales y económicas en su país.
    “Hemos propuesto que la gente que viene a Reino Unido desde otros países de la UE debe vivir aquí y contribuir durante cuatro años antes de que puedan recibir prestaciones vinculadas al empleo o vivienda social”, señaló Cameron en su carta. La respuesta de Bruselas fue dada a conocer en la última cumbre comunitaria del año pasado.
    El club de 28 países se comprometió a buscar un camino para encontrar una respuesta positiva a todas las propuestas de Cameron, incluido el tema más polémico, el asunto migratorio. La respuesta final será dada a conocer en otra cumbre comunitaria que se celebrará el 18 y 19 de febrero próximo en Bruselas, una reunión que estará marcada por los deseos del premier de llegar a un acuerdo que le permita recomendar a sus compatriotas a votar en contra del famoso Brexit.
    “No creo que el Brexit sea la solución, pero si consideran  que esa es la respuesta haríamos todo lo necesario para hacerlo posible”, dijo Cameron en una entrevista que concedió  a la BBC. “Espero que lleguemos a un acuerdo en febrero y si lo hacemos podremos llevar a cabo el referéndum”, añadió, al reiterar que es partidario de permanecer en una UE reformada.
    Pero la “caja de Pandora” que abrió Cameron en enero de 2013 ya ofrece sorpresas incómodas para el líder conservador y también para la UE. Según una encuesta realizada por el instituto Survation, encargada por el diario conservadorMail on Sunday, 53 por ciento de los británicos, influidos por los atentados de París y las agresiones sexuales que se registraron en Colonia, están en favor de una salida de su país de la UE. Un 47% se manifestó en contra de abandonar la UE, una reacción que volvió a poner de actualidad una frase pronunciada por Margaret Thatcher a finales del siglo pasado. “Dios separó a Reino Unido de la Europa continental, y fue por alguna razón”.

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