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    Desigual choque de trenes: Sharapova Vs. Williams, en cuartos del Abierto de Australia.

    By on 25 enero, 2016

     

    Nació en una pequeña localidad en el seno de una humilde familia. Sus padres, un obrero de la construcción y una secretaria, quienes hubieron de mudarse por un accidente nuclear. En su nueva casa frente al mar, conoció a un campeón de tenis que le regaló su primer raqueta. Empezó a jugar con su padre y con niñas que le doblaban la edad, hasta que en 1993, en un torneo infantil fue observada por Martina Navratilova, quien recomendó a los padres que lo apostaran todo por ella.
    El padre, con 700 dólares que tenía ahorrados, se fue con su hija a Bradenton, en el estado norteamericano de Florida, donde Maria ingresó en la escuela-internado de Nick Bolletieri, quien había forjado a los mejores campeones y campeonas de la última década. La escuela, perteneciente a la enorme compañía IMG, dedicada a la gestión de deportistas, era muy cara, por lo que el padre tuvo que pluriemplearse para solventar, de donde viene la leyenda urbana que hasta de donador de sangre hubo de hacer. Sin un solo día en la escuela, la nueva tenista aguardaba la llegada de su madre a Florida, quien a partir de ese momento educó personalmente a su hija. Después, se convertiría en la administradora de sus ganancias, mientras que su marido se dedicaría sólo a su carrera como tenista.
    Hoy, María Yurievna Sharapova es la atleta de mayor capital en el mundo. Sus ingresos, lejos de los logrados en su carrera, se exponenciaron ante su conversión en top model y sus contratos con ropa deportiva Nike, raquetas Speedminton, perfumes Parlux (después nacería una perfume personal), teléfonos Motorola, relojes TAG Heuer, vehículos Honda, productos Colgate-Palmolive, raquetas Prince… y desfiles en pasarelas o sesiones fotográficas para la prensa, hasta convertirse en emblema de la Casa Porsche y conseguir su propio torneo. Todo el mundo político y empresarial quiere hacerse una foto con ella, no sólo los fans, para quienes es toda una fantasía viviente con ingresos anuales de más de 20 millones de euros, sólo superada por el piloto alemán de Fórmula 1 Michael Schumacher, el motociclista italiano Valentino Rossi y el futbolista brasileño Ronaldinho. Y todo eso sin contar sus innumerables comisiones humanitarias que UNICEF le ha encargado, amén de su Fundación Sharapova de beneficiencia infantil.
    Quinta hija de una familia de Saginaw, en el estado de Michigan, E.U. con un ambicioso padre, Richard Williams, y una madre, Oracene, sumisa a las decisiones de su marido, hasta que en 2001 se separaron. La familia se mudó a la zona oeste de Los Ángeles, hasta que un día el padre, que ambicionaba que sus hijas fueran campeonas de tenis, trasladó a toda su prole a Compton, un gueto situado en el centro de la ciudad, con el propósito de que ambas, a la sazón de cuatro y cinco años, crecieran en un ambiente de dureza. A pesar de su dedicación al tenis, las hijas de Richard tenían la obligación de no descuidar su formación académica, que llevaron a cabo en un exclusivo colegio de sólo treinta alumnos situado en Lake Placid, The Dritwood Academy, donde ambas fueron cuadro de honor, y donde Serena se graduó en junio de 1999, cuando ambas hermanas habían conseguido ya triunfos parciales sobre todas las top ten del momento. Hoy, Serena Williams es la deportista del año, cercana a los millones de María, pero su némesis rencorosa hasta la patología por la doble humillación que la entonces adolescente rusa le infringiera en Wimbledon y Los Ángeles, por lo que la afro la mantiene en un escandaloso 18-2 hace 12 años. Específicamente a Masha, consentida de todos los públicos y top 10 de la belleza del tenis: el año pasado Williams fue derrotada en Toronto por Belinda Bencic, de 18, además de que la magia de Vinci-Penneta la aplastó en casa e impidió que ganase US Open y con ello el Grand Slam de carrera. Ante ninguna hay indicios, como con la rusa, de actitudes revanchistas.
    Este martes, recta final del Australian Open, se reedita lo que la fría estadística, sumado al calor de la psicología analítica, en un marco cataclismico de fantástica lucha entre luz y oscuridad, el choque de trenes del que sólo hay dos sopas: un martirio más para la devota María, o la liberación de un karma que ya detiene a dos generaciones. Y apenas es la fase de cuartos. ¿Final muy adelantada?
    El viernes 22 Sharapova, número cinco lo mismo WTA que cabeza de serie de Australia, con el dolor de superar a la quizá mejor de tercera generación de siglo, se deshizo en su partido de octavos de la suiza Belinda Bencic, 13 de la WTA y verdugo de Serena en dos parciales de 75 tras dos horas y cinco minutos de duración. Ahora a la reina le espera la de Saginaw, que en su partido anterior pasó por encima de Margarita Gasparyan, (58) en un cómodo y contundente encuentro para la norteamericana, que en dos manejables sets se hizo con el pase a la siguiente ronda, por 62 y 61.
    En los otros dos estelares, en la jornada nocturna, Agnieszka Radwanska (4) no la pasó nada bien ante Anna-Lena Friedsam, pero terminó encontrando soluciones para vencer 67 (6), 61 y 75 a una rival que dejó la cancha acalambrada y frustrada hasta las lágrimas. La polaca, que no había cedido sets en sus ocho partidos previos de 2016, estuvo 5-2 abajo en el tercero, pero se llevó cinco games en fila y desactivó el peligro, con lo que obtuvo su triunfo número once al hilo. En cuartos, espera por Carla Suárez Navarro (10), quien levantó un partido increíble ante Daria Gavrilova. La aparentemente invencible australiana se llevó el primer set por 60 y tuvo doble break point para quedar 20 en el arranque del segundo. Pero no remató sus oportunidades y la española se recuperó con todo en tres sets de 06, 63 y 62.

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