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    Cofradías, a revisión en libro de Clara García Ayluardo

    By on 24 enero, 2016

     

    Para quien piensa que el mejor gobierno es el que deja a la gente en paz, la historia de las cofradías en México podría ser uno de los mayores ejemplos. Durante la época novohispana, especialmente en el siglo XVIII, existieron en la Ciudad de México más de 200 asociaciones, organizadas en torno a un santo patrono, que sucumbieron ante la tiranía de la corona española, llegando a provocar un desencuentro cuyos alcances fortalecieron, incluso, las ideas de independencia.

    La historiadora Clara García Ayluardo, profesora del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), revisa de manera exhaustiva la historia de una discrepancia nacional en tiempos virreinales: en su libro Desencuentros con la tradición. Los fieles y la desaparición de las cofradías de la Ciudad de México en el siglo XVIII (Conaculta/FCE, 2015) plantea que la decisión de la monarquía de fiscalizar a las cofradías provocó un desacuerdo que rompió con la forma en que se había organizado la sociedad novohispana.

    La historia de las cofradías se remonta a la llegada de los españoles a América. Una de las primeras fue fundada por Hernán Cortés, antes de la caída de Tenochtitlán, con el nombre de Nuestra Señora de la Pura y Limpia Concepción. Generalmente integradas por personajes influyentes, aunque también existieron algunas compuestas por gente más humilde, las cofradías eran asociaciones de fieles que se congregan en torno a un santo patrono para profesarle devoción.

    Las atribuciones de estos espacios, sin embargo, cuenta en entrevista García Ayluardo, llegaron a tener mucha mayor influencia. “En una época en donde la cultura cristiana católica era la dominante, era una forma muy importante de asociarse, no sólo devocionalmente, sino también social y políticamente”. A través de ellas, los cofrades obtenían “protección espiritual” de manera permanente, incluso después de la muerte; beneficios como una cama de hospital o la dote para que sus hijas se convirtieran en monjas o contrajeran matrimonio.

    En el libro, que forma parte de la Biblioteca Mexicana, la investigadora cuenta que cada iglesia de la Nueva España contaba con una cofradía, funcionaban como “beneficencia social, económica y religiosa, mantenían gran parte del capital en circulación para la sociedad novohispana”.

    Sus recursos podían ser obtenidos a través de cuotas que entregaban los cofrades, con limosnas, donativos o incluso vendiendo escapularios. “Las integraban comerciantes prominentes, mineros, personas que ocupaban puestos en el gobierno”, explica.

    En suma, se trataba de organismos autónomos que fortalecían el sentido identitario local. Los problemas empezaron a finales del siglo XVIII, cuando llegaron las reformas borbónicas y la corona española exigió que se le entregara el dinero con que contaban para financiarse. “Cuando llegó el rey y dice: ‘quiero saber cómo se constituyeron, cuánto dinero y miembros tienen’, las cofradías se resisten; hubo un
    desencuentro, un momento de ruptura fuerte”.

    “Eran asociaciones devotas, aunque también tenían un poder político y social fuerte, la monarquía católica regía y cuando el rey, que era el patrono de la Iglesia en América, se mete a fiscalizarlos, los cofrades lo toman como una especie de traición del rey a la Iglesia y a la religión y crea una ruptura; lo vieron como un ataque sobre todo, porque el rey quería fiscalizarlos económicamente, en los 80 o 90 de los 1700”, cuenta la investigadora.

    Las últimas cofradías subsistieron hasta 1833, pero fue en 1804 cuando la corona decide a través de un decreto, “secuestrar los bienes de la corona para su beneficio porque estaba librando guerras muy costosas y necesitaba dinero. Ahí empiezan unas fisuras importantes que junto con la discusión de autonomía y de independencia que en otros círculos y también dentro de las cofradías se daban, serían las causas de la Independencia y una de las peticiones de la Independencia que acusaban al rey de ya ser tiránico”, concluye.

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