El primer capítulo de esta novela largamente anunciada parece llegar a su fin. Manlio Fabio Beltrones no quedará en el llano político en los próximos años, ni será integrado al gabinete de Enrique Peña Nieto. La salida para esta encrucijada interna se resolvió por lo que en principio parecía la opción más compleja para Los Pinos: el sonorense quedará al frente del PRI.
La pesadilla para muchos hombres del círculo íntimo de Peña Nieto se hizo realidad. ¿Por qué otorgarle el partido a un peso pesado que no es de máxima confianza? ¿Construirá desde allí su candidatura presidencial, como ya lo hizo Roberto Madrazo? ¿Quedan sepultadas las chances de los delfines de EPN, como Videgaray u Osorio Chong?
Esas preguntas forman parte de un segundo capítulo, que apenas comienza. Pero mientras algunos dirigentes ya se lanzaron a viva voz en la carrera con miras a 2018 -Margarita Zavala del PAN, Mancera por el PRD o López Obrador con su Morena-, Peña Nieto comienza a construir con pasos silenciosos la sucesión.
¿Debilidad o fortaleza?
«Me parece que es una debilidad que se convierte en fortaleza. La debilidad fue el resultado electoral que ya con los números fríos -y a pesar de toda la propaganda y de las celebraciones- ha sido muy desfavorable a los promedios históricos. Obviamente salió una vez más como la primera fuerza, pero perdieron un porcentaje de votos», opinó el analista de la UNAM Jorge Vázquez, en diálogo con LPO.
Es que cuando se observa la elección en términos absolutos, es decir, la cantidad de votos recibidos en comparación del padrón total habilitado, se llega a la conclusión de que el PRI sacó sólo el 13% del total de los ciudadanos habilitados para sufragar.
Por supuesto, si se realiza ese mismo ejercicio con la oposición, el número es todavía menor. El dato para muchos analistas políticos es que el poder del aparato priista pareciera haber mermado. Si la participación fuera mayor, quizás el PRI transitaría comicios más complicados. Dicho de otro modo: el abstencionismo fue un aliado en el último comicio.
A esta lectura se le suma inmediatamente después la crisis por la fuga del Chapo Guzman, además de un magro resultado en la primera licitación de la Ronda Uno. «Es una tras otra. Y forzar la designación de Aurelio Nuño como sucesor de Camacho Quiroz seguramente hubiese abierto mayores grietas al interior del PRI», consideró Márquez.
El presidente Enrique Peña Nieto, junto al diputado Manlio Fabio Beltrones, y los secretarios Osorio Chong y Videgaray.
Para el académico, lo de Aurelio Nuñez no pareció un globo de ensayo nada más. El propio Peña Nieto habló sobre la necesidad de incluir a la juventud en su encuentro con las bases del PRI hace un par de semanas. Y los días posteriores se filtró a través de periodistas cercanos al gobierno su posible candidatura para dirigir al partido tricolor. Incluso varios dirigentes cercanos al presidente salieron a hablar de las virtudes de Nuño.
«Es posible que haya sido más para calar que para imponerlo, pero la idea evidentemente estaba. Lo que hay que reconocer es el olfato político y corporativo de Peña Nieto. Ya lo demostró cuando se fue del Estado de México: optó por la continuidad de un adversario interno, como Eruviel Ávila, por sobre su candidato cercano, su primo Alfredo Del Mazo Maza», recordó Vázquez.
Pero, ¿a qué se refiere con olfato político? Como todo buen priísta de pura cepa, en las más complejas encrucijadas se opta por el resultado electoral y por la continuidad del PRI: «Por algo estuvieron 71 años en el poder. Y quienes no trabajaron de ese modo, le abrieron las puertas al PAN».
Si Beltrones es la única salida, pues será el candidato y se pactará con él. Sería una catástrofe convertirse en el presidente que entregó Los Pinos a López Obrador, ¿no?
En ese sentido, la designación de Beltrones pareciera ser un mensaje hacia el poder y a las bases del PRI: no regalará nada a la oposición, no será mezquino con otras corrientes del partido. Los resultados electorales y la persistencia en el poder serán las prioridades.
En ese marco, el 2018 está en el centro de esta cuestión, pero no hay que irse tan lejos. Para Márquez, Peña Nieto integra a Beltrones pensando primero en 2016, cuando se renonvarán nada menos que 12 gobernadores.
Es que con Manlio Fabio «adentro», todos buscarán los mejores resultados en esos comicios, porque como presidente del PRI, Beltrones ahora también tendrá que demostrar resultados para llegar de pie a la contienda de 2018.
Si lo hubiera dejado ‘suelto’, todos los traspiés del PRI sumaban para la faena de Beltrones. Más aún: Beltrones hubiese jugado contra el éxito del Gobierno. Mejor obligarlo a que tenga objetivos alineados con Los Pinos, al menos en los próximos años.
«Integrarlo fue una decisión estratégica muy aguda. Antes que nada, se saca de encima al principal adversario de los próximos años. Aunque difieran en la candidatura de 2018, tienen que jalar para el mismo lado», afirmó el analista.
Como sea, Beltrones se convierte automáticamente en un aspirante presidencial con recursos institucionales, talento y apoyo de un sector del partido. Y esa puerta la abrió el propio Peña Nieto. «Si Beltrones es la única salida, pues será el candidato y se pactará con él. Sería una catástrofe convertirse en el presidente que entregó Los Pinos a López Obrador, ¿no?», concluyó Vázquez.
Los «mexiquenses»
Por supuesto, la decisión de Peña Nieto no significa que ha tirado la toalla, y menos todavía que el grupo «mexiquense» -aquellos hombres de máxima confianza que rodean al presidente por si ligazón en el Estado de México- dejarán la contienda hacia 2018.
El presidente Enrique Peña Nieto, junto al diputado Manlio Fabio Beltrones.
La principal apuesta fue siempre Luis Videgaray, cuyas acciones se dispararon tras la aprobación de las reformas estructurales, aunque la falta de resultados visibles de esta reconversión económica le impiden un despegue definitivo.
Quien mostró sus cartas en las últimas semanas fue el todavía presidente del PRI, César Camacho Quiroz, quien advirtió que el próximo titular nacional priísta no podría construir su candidatura desde esa posición.
«Esas palabras parecieron más bien en defensa de sus propias aspiraciones que una lucha en defensa de las posibles candidaturas de otros integrantes de Los Pinos, como Videgaray o Aurelio Nuño», consideró Jorge Vázquez.
Lo cierto es que desde su casi segura posición como coordinador de bancada de diputados, Camacho Quiroz continuará con una importante visibilidad, además de su origen mexiquense, que también le suma algunos puntos en su sueño presidencial.
«Ya empezó la sucesión. Es esperable que desde el equipo de Peña Nieto haya algún ‘torpedeo’ hacia las naves de Beltrones. Pero tendrán que medirse mucho, porque el riesgo también es grande: entregar nuevamente el gobierno a López Obrador o al PAN. No parece que estén dispuestos a semejante derrota», concluyó el analista de la UNAM.
Fuente: LPO
