Viernes Santo en Mexquitic

A tan sólo 25 km de San Luis Potosí, rumbo a Zacatecas, se localiza Mexquitic de Carmona, un pueblo más antiguo que la capital misma, el cual sirvió como punto de avanzada para el descubrimiento de las minas de plata que dieron fama a toda esta región del Gran Tunal. Su principal atractivo, prácticamente inadvertido por los no potosinos, es una presa donde se realizan paseos en lancha, deportes acuáticos y pesca. Ahora bien, para el conocedor, el Museo-Zoológico José Villet ofrece una interesante oportunidad de apreciar objetos relativos a las ciencias naturales, un magro acuario y una notable colección de animales de diversas partes del país y del mundo; y aún más, para el buscador de maravillas, la parroquia de San Miguel resulta una pequeña joyita digna de admirarse a detalle. Originalmente de un convento franciscano del siglo XVI, el altar de la iglesia posee un asombroso retablo de 1630, de estilo churrigueresco con filigrana.
El Viernes Santo en Mexquitic es una buena opción para convivir con un pueblo y sus tradiciones. El número de turistas es mucho menor que en Real de Catorce, e ínfimo si se compara con otros sitios. Los lugareños han instalado afuera de sus casas los altares que hacen alusión a tan memorable fecha, destacando los doce por donde pasará la procesión rumbo al Calvario. Son las doce estaciones de la cruz. A eso de las 11:00 am, bajo un sol que se anuncia fuerte, el sacerdote invita a los espectadores a entrar a la iglesia, donde Jesús será juzgado, no sin antes haber sido vilipendiado por los romanos en el atrio. Concluyendo el juicio comienza el recorrido por las calles, deteniéndose en cada estación, donde alguien da lectura a un pasaje bíblico.
Posteriormente se inicia el ascenso al cerro, el cual presenta una pendiente mucho más inclinada que la del cerro de Catorce, sin mencionar las plantas espinosas, nopales y lechuguillas que tornan las cosas más difíciles. Los romanos no cesan de flagelar al Cristo, quien en verdad paga su penitencia y carga con el pesado madero a cuestas. Nadie le ayuda.

Como acto final se lleva a cabo la crucifixión, también bajo un límpido y azulísimo cielo muy propio del Altiplano mexicano. A eso de las dos de la tarde, y con los rayos solares cayendo a plomo, la ceremonia concluye, y es oportuno entonces buscar dónde comer. Una vuelta por Ahualulco (donde confeccionan flores de cera como artesanía) o la Hacienda La Parada, pocos kilómetros adelante, rumbo a Zacatecas, son buenas opciones, y en esos mismos sitios se pueden observar los altares con la Dolorosa, una costumbre muy arraigada entre los potosinos. Aparte de las actividades locales y los nuevos recorridos por la ciudad en “tranvía”, las mismas oficinas de turismo organizan paseos y excursiones de uno, dos o más días a otras regiones de la entidad, como a las cascadas de Tamasopo en la Huasteca, o al ya mencionado Real de Catorce.