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Muere en Jalisco la mujer más longeva del país; tenía 127 años

By on 23 marzo, 2015

 

A los 127 años de edad murió Leandra Becerra Lumbreras, considerada la mujer más longeva del país. Ella nació el 31 de agosto de 1887 en Tula, Ta-maulipas. Nunca pensó vivir tantos años, pero sobrevivió a sus cinco hijos y a varios nietos.
Su descendencia contabiliza unos doscientos miembros en Tamaulipas y en Jalisco: Hijos, nietos, bisnietos, tataranietos y choznos. A ella le tocó vivir la Revolución Me-xicana en todo su apogeo, fue Adelita y siempre contaba que le hacía tortillas a Doroteo Arango, mejor conocido como Pancho Villa. También tenía historias de cuando trabajaba en las haciendas en Real de Catorce y de cuando conoció a Porfirio Díaz.
Sus familiares velan el cuerpo de doña Leandra en su ca-sa, ubicada en la colonia Mi-ramar, en el municipio de Za-popan.
Esperan que lleguen familiares que residen fuera de Jalisco. Los restos de doña Leandra serán cremados ma-ñana. Anoche, sus familiares recordaban que su delirio en vida era comer galletas y chocolates.
Incluso, doña Leandra siempre bromeaba diciendo que el secreto de su larga vida era comer “nopales, grandes cantidades de chocolate, no haberse casado nunca y dormir mucho”. Esta mujer enseñó a hijos y nietos el va-lor de la hospitalidad.
Nunca estuvo en récords Guinness, doña Leandra Becerra no pudo ser inscrita en el libro de récords Guinness, como la mujer más longeva de México y Latinoamérica, debido a que se extravió su acta de nacimiento original para comprobar su edad.
El gobierno de Jalisco y las autoridades de Zapopan le dieron una acta de nacimiento extemporánea, en donde se corrobora su nacimiento: el 31 de agosto de 1887.
Esto después de que sus familiares acudieron a Tamaulipas en busca de alguna constancia, buscaron en distintas instituciones de gobierno y religiosas, pero “nos dijeron que se había quemado todo en la Revolución. Ya no había nada de 1880, ya no había nada. Nos dieron un oficio de no existencia del acta, checaron todo, algunos jueces investigaron, dictaminaron la edad, le hicieron exámenes, y ya nos dieron el acta (hace tres años). Pero yo me acuerdo cuando estaba chico, ya tengo más de 55 años y me acuerdo de ella en el rancho. Muchos no creen que tenga tantos años porque tiene canas, pero también cabello negro”, externó su nieto Samuel Alvear.
En Tamaulipas sí tienen registro de la existencia de uno de sus yernos que ya falleció.
“Antes se registraban en las iglesias. Ella no está en la iglesia (su registro). Yo no necesito que alguien me dé un papel (oficial o un récord Guinness) para que…  yo le creo a mi abuelita”, añadió su bisnieta Miriam.
Mujer coqueta
Aun con sus 127 años cantaba en sus cumpleaños, comía pastel y coqueteaba con los varones jóvenes que la visitaban, les apretaba la mano al saludarlos y hasta expresaba “este año sí me caso”.
Aunque nunca se casó, en su juventud se contaron tres amores, entre ellos Merced Pérez, apodado El Mayor, y Margarito Maldonado, contaba ella.
Su vida, en una cajita
Doña Leandra, en su cajita de piel color azul (que mide unos 40 centímetros), guardaba sus objetos entrañables en 127 años de vida, sus nietos lo respetan, aunque no saben qué valor sentimental tienen para ella.
Hay una cuchara de plata que tiene grabado al reverso como fecha de producción 1847, fotos, billetes antiguos y un par de aretes de oro.
“Guardó esta cuchara, no sabemos si le daba de comer con ella a Pancho Villa o por qué la guarda, pero igual la respetamos”,  dijo Samuel Alvear.
Doña Leandra no padecía enfermedades como diabetes o hipertensión, comía poco, dormía mucho. En fechas recientes dormía tres días seguidos; sin embargo, despertaba y platicaba con sus nietos y bisnietos, quienes la rodeaban en su cama todo el día y después volvía a dormir.
Sus familiares veían en ella una motivación para vivir honestamente, las puertas de la casa donde vivía siempre se abrían para todo el visitante que quería llegar. Lo mismo sucedió anoche, todos quienes fueron a despedirle eran bienvenidos con una taza de café, porque la gran enseñanza que les dejó Leandra fue ser hospitalarios con todos.

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