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Comer es una necesidad vital; pero también un disfrute cotidiano

By on 18 marzo, 2015

 

La mayoría de la gente paga las consecuencias por excederse en el consumo de los deliciosos platillos que se ofrecen durante las celebraciones de-cembrinas, pues sufren malestar estomacal y ganan algunos kilitos. ¿Qué se puede sortear las tentaciones?
Dolor de estómago
Es común que se olvide el famoso refrán que dice: “Lo fundamental en la alimentación es desayunar como príncipe, comer como burgués y cenar como mendigo”, pues sin pensarlo caemos en excesos y todo el tiempo degustamos sin límite suculentos guisados.
¿A quien le pasan la factura?, sin duda al aparato digestivo, el que varios días tuvo que soportar platillos grasosos, gran cantidad de dulces y bebidas alcohólicas al por mayor, en consecuencia, responde a la “agresión” mediante dolor, acidez, gases y diarrea. Pero esto no es todo, pues también “le cargamos la mano” a nuestro organismo, ya que no le dimos oportunidad de digerir adecuadamente y eliminar grasas, por lo que no quedó otro remedio que almacenarlas en distintas partes de nuestra silueta.
Es importante saber que dichos excesos no sólo se produjeron en cantidad (en esos días multiplicamos por 3 ó 4 nuestras necesidades calóricas diarias), sino también en calidad por dos razones fundamentales: la primera, al excedernos en salsas, especias, condimentos, picante, café y alcohol; y la segunda porque disminuimos nuestras exigencias de calidad ante la elevada demanda de los productos que consumimos, por ejemplo, dulces, pasteles y botanas.
Lo grave del asunto es que hay quienes lo pagan con gastroenteritis, padecimiento que ocasiona inflamación en la mucosa del estómago e intestino, lo cual provoca intenso dolor en la región, gases, diarrea y, en casos graves, náuseas y vómito.
Se ha calculado que para digerir los alimentos consumidos en la cena de Nochebuena o fin de año, se necesita mucho más tiempo del habitual, concretamente entre 10-12 horas, con el fin de que dicho proceso se realice de manera apropiada. Evidentemente muy poca gente cumple con este lapso pues a una cena abundante le sigue una comida tanto o más copiosa.
Una vez al año sí hace daño
Los hábitos alimenticios de cada persona condicionan el tipo de productos y la cantidad que puede comer en una cena especial; por ejemplo, si un individuo cuida su nutrición y en momentos como la Navidad supera su ingesta habitual, difícilmente presentará desequilibrio, ya que su organismo le “pide” comestibles que compensarán los excesos (frutas, verduras y cereales). En contraste, cuando se sigue régimen alimenticio poco balanceado, es altamente probable comer compulsivamente, conducta que puede prolongarse después de transcurridos los festejos.
También es habitual que los malos hábitos alimenticios ocasionen un trastorno llamado aerofagia (aeros de “aire” y fagein de “tragar”), que se refiere a incremento de la ingesta de aire. Para entender mejor lo anterior es necesario considerar que en cada deglución siempre ingresa pequeña cantidad de aire que no genera molestias, pero cuando la proporción sobrepasa los límites normales puede provocar eructos frecuentes, gases, dolor abdominal, leve sensación de ahogo e, incluso, sentir que se tiene un cuerpo extraño en la garganta.
Por otra parte, es muy frecuente que se presente meteorismo, afección originada por almacenamiento de aire en el intestino (generalmente en el grueso), con la consiguiente generación de molestias, como retortijones y eliminación de gases por el recto. Tampoco pueden faltar las agruras, sí, ese malestar que “nos quema el esófago y garganta”.
Cómo pagar la
factura
Comer es una necesidad vital, pero también un disfrute cotidiano y, ocasionalmente, fuente de gran placer, y seguramente esta percepción nos llevó a comer en forma descontrolada. Por ello, es indispensable volver a adquirir disciplina alimenticia, la cual no sólo “le devolverá la paz” a nuestro estómago, sino también permitirá que comencemos a perder peso (lo cual debe apoyarse con rutinas de ejercicio).
El primer paso es balancear nuestra dieta, la cual debe contener cantidad moderada de alimentos correspondientes a los cuatro grupos:
57% de carbohidratos (de preferencia complejos, es decir, los que no tienen sabor dulce, como pan integral, féculas y pastas).
5% de grasas (nunca hay que omitirlas porque permiten la producción de hormonas).
5% de proteínas.
3% de fibra.
Es necesario que evite o dosifique las comidas muy condimentadas, picantes y dulces, así como las bebidas alcohólicas, pues el estómago “no está dispuesto” a tolerar otra agresión. Incremente la cantidad de verduras, frutas y fibra en su dieta, prefiera los platillos cocinados al vapor o a la plancha y beba de 2 a 3 litros de agua diariamente. Es muy importante que realice 4 ó 5 comidas ligeras al día, pues esto permitirá que su metabolismo (proceso físico-químico que transforma los alimentos en energía) trabaje más rápido y que su estómago digiera perfectamente los alimentos.

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