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    Sepultan a enfermera que murió tras explosión

    By on 6 febrero, 2015

     

    A las 14:00 horas los dos hijos mayores de la mujer, de siete y ocho años de edad, encabezaron el cortejo funébre que dejó a Mónica Orta Ramírez en el panteón de la colonia La Loma.
    «Eso es todo Moni», gritó alguien mientras pasaba por la calle el ataúd con el cuerpo de la enfermera Mónica Orta Ramírez, de 32 años de edad,sepultada en el panteón de la colonia La Loma, en el municipio de Tlalnepantla.
    Familiares de Mónica estuvieron unos 15 minutos a solas con su familiar en la salita del domicilio de sus padres, donde fue velada, en la colonia Ferrocarrilera San Rafael, Tlalnepantla.
    A las 14:00 horas los dos hijos mayores de la mujer, de siete y ocho años de edad, encabezaron el cortejo con la fotografía de su madre en las manos, vestida de enfermera.
    Los niños, junto con su abuela Lourdes Ramírez, salieron de la casa y caminaron por una estrecha calle hasta la capilla de la Virgen de Guadalupe, ubicada muy cerca de ahí, donde se ofició una misa de cuerpo presente.
    Mónica Orta Huerta murió la noche del pasado martes, luego de sufrir severas quemaduras por ayudar a rescatar a bebés del Hospital Materno Infantil de Cuajimalpa, donde trabajaba.
    «Eres una heroína, te amamos Moni», escribió en una cartulina su hermana Guadalupe, escrito colocado en el patio de la vivienda de sus padres, donde fue velada la enfermera.
    «Mi hermana es un gran ser humano, es una madre, una hija, una esposa, una tía, una prima, una cuñada, una amiga, pero sobre todo es un excelente ser humano», dice el escrito.
    Añade: «Te amo hermana. Porque se qué ahora eras amor, ese apoyo y ese ánimo que tantas veces me has dado, que puedes apoyarte en mí y además de amarte te admiro por tu valentía, por tu fuerza y por toda la lucha que estás haciendo para que estés bien. Eres la mejor hermana que alguien puede tener».
    Aplausos, porras y música despidieron a Mónica Orta Ramírez. Los asistentes llevaban en sus manos rosas blancas y rojas. Su cuerpo fue sepultado en el panteón de La Loma, en Tlalnepantla.
    «Era muy noble, evitaba tener problemas, nunca la vi tener problemas», afirmó su padre Álvaro Orta Puente.

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