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    Fabio Morábito recrea la tradición oral

    By on 2 febrero, 2015

     

    Doncellas en busca-del amor, reinas, brujas, enanos, cazadores, niños que se pierden, hermanos que viajan, príncipes, espejos y hombres que se convierten en animales. Estos personajes no sólo son recreados en los cuentos de hadas europeos, sino que también dan vida a los relatos populares mexicanos.
    Tras cuatro años de recopilación y lectura de unas mil 300 historias que se han narrado de manera oral en diversas lenguas y entidades del país, el escritor Fabio Morábito (1955) seleccionó y reescribió con criterios “puramente literarios” 125 relatos que integran el volumen de 595 páginas Cuentos populares mexicanos (UNAM/ FCE).
    El poeta y narrador mexicano, nacido en Egipto de padres italianos, que vive en tierras aztecas desde los 15 años de edad, comenta en entrevista que le sorprendió la fuerza, la crueldad y la universalidad que encontró en estos cuentos.
    Descubrió, detalla, que temas como el hambre y el viaje son los motores que disparan la mayoría de las historias populares mexicanas, que no son precisamente relatos para niños y jóvenes.
    “Una de las mayores temáticas es el hambre. Se repite el típico motivo de los tres hijos que salen a buscarse la vida, porque no hay alimento en casa. Primero va el mayor y fracasa, después el de en medio y también fracasa y luego el más chico, que parece el más débil, el más inocuo, pero tiene éxito porque ha aprendido del ejemplo de los demás.
    “Eso por un lado y, por el otro, un gran tema también es el viaje. Hay que salir a buscar algo, por gusto, por hambre o porque hay una princesa. Son tópicos universales, nada es propio de la literatura oral mexicana, excepto ciertos lugares locales que se mencionan, la comida o algunos animales”, añade.
    El cuentista y ensayista admite que en estas historias “existen atrocidades y crueldad, mucha sexualidad, escatología, burla, escarnio, pero también muchas maravillas, ternura, sueños, amores, princesas. Por eso quise reescribirlas, para acercarlas al gran público, que todos, incluidos los adultos, conozcan la riqueza de este legado”, destaca.
    Morábito reconoce que emprendió esta aventura literaria inspirado en la labor que el italiano Italo Calvino (1923-1985) realizó en 1956, cuando publicó su libro Cuentos populares italianos, en el que reunió y reescribió 200 relatos orales de su país.
    Calvino, a su vez, para este proyecto siguió el ejemplo de los alemanes hermanos Jacob (1785-1863) y Wilhelm (1786-1859) Grimm, quienes tras años de investigación reescribieron los relatos tradicionales de su país, permitiéndonos conocer historias como Blancanieves, La Cenicienta, Barba Azul, Hänsel y Gretel, La Bella Durmiente, Juan sin miedo y Pulgarcito, entre otras.
    “En la introducción a sus Cuentos populares italianos, Calvino afirma que, a diferencia de lo que ocurrió en otros países europeos, no hubo en Italia unos hermanos Grimm; es decir, un escritor capaz de reunir en un corpus los cuentos populares, otorgándoles una unidad lingüística y estilística que los acercara al gran público.
    “Lo mismo puede decirse de México. No ha habido hasta la fecha un intento de reunir con criterios puramente literarios un acervo de cuentos de tradición oral para ser leídos por el público no especializado. Estas historias sólo se habían recopilado con fines antropológicos, lingüísticos o folclóricos”, detalla.
    Hänsel y Gretel, en chontal
    El autor de los libros de cuentos La lenta furia, La vida ordenada, También Berlín se olvida y Grieta de fatiga explica que en la tradición oral de los países no hay relatos originales y acabados y México no es la excepción.
    “La mayoría son historias que migran. Encontré, por ejemplo, a Hänsel y Gretel traducido al chontal, igualita. Y ésta, a su vez, fue traducida de otros idiomas y llegó hasta Alemania.
    “Y no están acabadas porque al narrarlas les quitaban o aumentaban episodios, dependiendo de si gustaban o no a quienes las escuchaban; por eso, la calidad de los narradores es vital para su éxito”, indica.
    Morábito asegura que privilegió en esta recopilación al cuento sobre el mito en español y en lenguas indígenas como el mixe, chamula, mixteco, mazahua, náhuatl, maya, purépecha, tzeltal, zoque, chontal, kiliwa, tojolabal, rarámuri, zapoteca, tepehuano, chol, tzotzil y algunos dialectos de los pueblos negros de la Costa Chica de Guerrero.
    “Los mitos contestan a la pregunta por qué esto es así ahora, por qué hay maíz rojo, amarillo y negro, y te cuentan una historia. Son interesantes, pero el problema es el final, es muy didáctico.
    termina con una explicación, no hay suspenso, sabemos qué esperar, no sorprende. Y el cuento es todo lo contrario”, añade.

    Dice que halló historias muy modernas, como la tojolabal de Chiapas El corazón de la muerta, en la que se narra de qué manera “un muchacho desalmado” pone un reto a su madre, que ella no puede realizar y, por no cumplirlo, la mata y luego le arranca el corazón y lo manda cocinar.

    “Queda como una historia incomprensible, no se saben los motivos de esta crueldad. Es un personaje siniestro, lo único que dice el cuento es que es desalmado. En ese sentido es muy moderno”, añade.

    Y, por supuesto, Morábito incorporó dos cuentos sobre el mítico personaje de La Llorona que mató a sus hijos, uno de Puebla, en el que el agua es el elemento primordial, y otro de California.

    La reconstrucción

    El autor de los poemarios Lotes baldíos, De lunes todo el año y Alguien de lava admite que a algunas historias las sometió a una reescritura muy profunda, rigurosa, pero a otras casi nada. “En ocasiones tenía que trabajar sobre un material muy hostil, rescatado con ese prurito científico de transcribir cualquier emisión de voz, un material ilegible, no disfrutable.

    “Les hacía un trabajo de adaptación. Pasar de un nivel oral a uno escrito supone una cantidad de cambios profundos. Es una fractura total, pues la narración oral descansa en gran medida en el performance, en la capacidad escénica, teatral, de quien cuenta, en las reacciones del público, en la sensibilidad que tenga el narrador de medir qué tanto cautiva. Nunca cuentas la misma historia dos veces de la misma manera”, apunta el narrador.

    Señala asimismo que, en este sentido, escogió la historia “más completa, la más eficaz, la más emocionante; son puros criterios subjetivos, y con éstos mismos deseché muchos cuentos. El criterio siempre fue la belleza del relato.

    “También respeté la secuencia, nunca la alteré. Y procuré no cambiar los finales, hubiera pecado de vanidad literaria, por eso tuve que sacrificar cuentos que eran muy buenos, pero que tenían un final flojo, tenían una caída catastrófica en la última página”, afirma.

    Morábito aclara que en este trabajo no hay cuotas geográficas, “pero tampoco perdí de vista que sí debería haber cierta representación, pero sobre todo lingüística, que es la que más me interesaba”.

    Concluye que los cuentos populares mexicanos lo han proveído “de imaginación y astucia literaria”.

    Título: Cuentos populares mexicanos
    Recopilación y reescritura: Fabio Morábito
    Ilustraciones:
    – Abraham Balcázar,
    – Israel Barrón,
    – Manuel Monroy,
    – Juan Palomino,
    – Ricardo Peláez,
    – Isidro R. Esquivel,
    – Santiago Solís y Fabricio Vanden Broeck.

    Editorial:
    – Editoriales: UNAM y FCE, México, 2014, 595 pp.

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