La violencia

VIS MAGNA CUI RESISTI NON POTEST. Decía el Código de Justiniano que se refría a una ‘fuerza mayor, que no se puede resistir’.
“Vis” dio lugar al adjetivo violentus que, aplicado a cosas, se puede traducir como ‘violento’, ‘impetuoso’, ‘furioso’, ‘incontenible’. El tema de la violencia ha sido uno de los que más han ocupado la atención de la sociedad mexicana en el 2014.
Durante el año que recientemente ha concluido lamentablemente se caracterizó por la violencia y no solo en México o en San Luis Potosí, sino a nivel mundial: hubo bombardeos ejércitos a la población civil como en el caso de Israel, peleas entre hooligans en estadios de futbol, peleas entre hooligans en estadios de futbol, agresiones de novias o esposas celosas a sus parejas o de padres o madres a sus descendientes y ascendientes, abundaron los casos de bullyn escolar, enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas del orden.
Lo que vivimos en la actualidad a escala mundial y nacional es un sistema de dominación que glorifica la violencia y la hace imprescindible, inseparable del su ejercicio del poder, en una espiral ascendente.
Y además los medios masivos la difunden y elevan como una forma no solo aceptable de conducta, si no que se induce a la imitación; sin que el estado como órgano rector de la solidaridad humana haga algo por remediar esta actitud negativa en muchos núcleos sociales. Hoy en la sociedad mexicana se advierte un deseo disfrazado de muerte, ya sea como víctima o victimario. Y no existen programas concretos en escuelas de nivel primaria, o nivel medio o superior, para cambiar esta conducta que está trasformando a la sociedad mexicana.
Existe hoy una tendencia casi natural a la maldad, a la agresión, a la crueldad que proviene del odio primordial y que tiene repercusiones sociales desastrosas. El hombre satisface sus aspiraciones eludiendo responsabilidades sociales. Explota a los demás sin resarcir, humilla, martiriza, mata, se apropia de los bienes de otros. Pero como sabe que debe renunciar a satisfacer plenamente esta agresividad en contra de la sociedad, encuentra una justificación en los conflictos triviales o nacionales. Todo ello vuelve a los analistas de la sociedad mexicana pesimistas y poco inclinados a creer en el progreso de México
Se llega a creer que la voluntad de hacer el bien desde el punto de vista moral, político o religioso enmascara siempre una insondable agresividad. La violencia está en el origen del poder, pero no es su determinante. Antiguamente dominaba el más fuerte, pero a poco de avanzar las sociedades el poder nace del conjunto, de la unión de los más débiles que cooperan entre sí para superar la desigualdad propuesta por el dominante. Los ejemplos van desde la horda primitiva hasta la sublevación de los esclavos, entre tantos otros ejemplos.
La violencia puede ser justificable, pero nunca es legítima. La violencia puede destruir al poder, pero no lo puede sustituir; si esto sucede, aparecen las dictaduras y el terror y, cuando esto ocurre, la violencia se vuelve no sólo contra sus enemigos sino también contra sus amigos, pues teme al poder.
El terror es la forma de gobierno que nace cuando la violencia tras destruir todo poder, mantiene el control absoluto.
Y uno de los fenómenos útiles para reflexionar sobre la violencia es la marginalidad, es decir, la exclusión de ciertos segmentos de población, originada por diversos factores. Uno de ellos es la corrupción que hoy en México aparece por todas partes.
Jalilchalita@yahoo.com.mx