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    Sacan libros de la sombra; Ricardo Piglia dirige colección

    By on 24 diciembre, 2014

     

    Siempre existirán libros agotados, libros que sólo llegaron a unas cuantas manos y que jamás volvieron a ver la luz o que, quizás, el tiempo borró de la memoria. De entre todos ellos, alguno habrá tenido la fortuna de encontrarse con lectores sagaces o a los que las circunstancias convirtieron en lectura de culto. En México sucedió con autores como Francisco Tario o Efrén Hernández.
    Esas obras, publicadas durante la segunda mitad del siglo XX pero que también quedaron oscurecidas en Argentina, son reunidas por Ricardo Piglia (Buenos Aires, 1941) en la Serie del Recienvenido, que el Fondo de Cultura Económica (FCE) ha iniciado en el país sudamericano y que ahora ha traído a México.
    Con esta serie, cuenta Alejandro Archain, gerente del FCE en Argentina, “Piglia se planteó el rescate de obras de la narrativa argentina que por diversos motivos no tuvieron la difusión y trascendencia que se merecían. A tal punto que fueron desapareciendo del mercado, con la imposibilidad para los nuevos lectores de conseguirlos”.
    Archain recuerda que la idea de la colección surgió cuando el autor de Plata quemada regresó a Argentina, en 2007. “Me reencontré con Piglia, a quien conocía desde hacía ya algunos años. Recuerdo que conversamos cuando le tocó inaugurar la Feria del libro de Buenos Aires (abril, 2008) y quedamos en encontrarnos. Durante los años siguientes nos mantuvimos en contacto y fuimos analizando proyectos para incorporarlos al FCE. Finalmente me propuso la creación de la Serie del Recienvenido”, que tuvo sus primeros atisbos en 2012.
    En enero de aquel año, comenzaron a circular los dos primeros títulos de la serie: Nanina, de Germán García (una novela publicada en 1968 que después fue prohibida por la dictadura de Juan Carlos Onganía); y En breve cárcel, de Sylvia Molloy (a quien se le ha llamado pionera de la literatura lésbica argentina). La serie ha publicado hasta el momento 11 títulos y este mes saldrá a la luz uno más: Vudú urbano, de Edgardo Cozarinsky, que en su primera edición de 1985 fue prologado por Susan Sontag y Guillermo Cabrera Infante.
    La Serie del Recienve-nido es seleccionada por Piglia, quien también se encarga de escribir un breve prólogo para cada título. El nombre que el escritor argentino eligió para la colección fue un homenaje y al mismo tiempo un juego de palabras que alude a los Papeles de Recienvenido, publicados en 1929 por Macedonio Fernández (1874-1952), un autor bonaerense a quien la crítica ha tildado de “inclasificable”.
    “Macedonio fue poeta, novelista y ensayista. También escribió notas periodísticas y otros textos que se consideran inclasificables. Piglia ha trabajado y escrito mucho sobre su obra. Macedonio fue, además, un protagonista de la vida cultural de Buenos Aires. Amigo del padre de Jorge Luis Borges, y del propio escritor. Creo que la elección que hace Piglia del nombre de la serie, además de ser oportuna, es un homenaje a un escritor que admira”, dice Archain.
    Pligia ha escogido además títulos como El mal menor, de Charlie Feiling, quien murió de leucemia a los 36 años, dos años después de publicar esta novela de terror; Gente que baila, de Norberto Soares, el único libro de un periodista cultural que murió casi en el olvido; La muerte baja en ascensor, de María Angélica Bosco, que ha sido calificada como “perversa novela de costumbres” de una de las grandes escritoras de la literatura policial.
    Archain dice que “sin duda se trata de algunos de los principales escritores argentinos contemporáneos. En algunos casos se puede decir que han tenido una mayor difusión en su momento y en otros encuentran en la serie la posibilidad de ampliar su llegada a los lectores. Ya el hecho de que el propio Ricardo Piglia sea quien los incorpora es una señal de su importancia”. La serie plantea, además, la posibilidad de intensificar el intercambio entre dos países que han sobresalido por sus letras: Argentina y México. Esa “es una historia intensa en el intercambio entre escritores, con un estrecho conocimiento de lo que se produce en cada uno de los países, pero con dificultades en lo que se refiere a la circulación de los libros y a su presencia en los mercados para el público”. “Es un tema sobre el cual el propio Piglia ha hablado en más de una oportunidad y que lo vivimos permanentemente. Inclusive las casas editoriales con sede en los diferentes países no hacen circular debidamente los libros y lo que escriben los nuevos autores. Por decir algo, lo que se edita en Colombia no circula debidamente en la Argentina, y lo que acá se produce no llega debidamente a Perú o México.” ¿Falta estrechar ese vínculo?, se le pregunta. “En realidad sí, pero se trata de un tipo de vínculo comercial.
    En un interés por la creación de mercados para lo que se está produciendo en otras partes del mundo (y sobre todo estamos hablando de América Latina y España). Para que circule la nueva producción hace falta ese trabajo de penetración en cada mercado. Si se va siempre nada más que a lo seguro o más conocido se hace difícil esa creación. En otro tiempo, ni hablar de los años del llamado boom latinoamericano, esa circulación fue mucho más fluida y posibilitó que se conocieran grandes obras y autores que luego fueron muy reconocidos”.

    Archain remata: “acaba de finalizar la FIL de Guadalajara, en la cual Argentina fue país invitado y el año próximo la Ciudad de México será la invitada en la FIL de Buenos Aries. Visitaron México muchos escritores argentinos, y seguro muchos mexicanos vendrán el año próximo a Argentina, pero esta circulación de autores no garantiza, como el propio Piglia ha dicho, una buena circulación de sus libros”.

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