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    Planeta danza: El nuevo lenguaje del baile flamenco

    By on 20 diciembre, 2014

     

    Siempre me ha llamado la atención el furor que el flamenco hace nacer en todo tipo de comunidades. Cuando se le ve en España en los tablaos turísticos es una actividad un tanto lastimosa y postfranquista donde los lunares, peinetas y mantillas cumplen un cometido comercial que funciona muy bien y ya.
    Pero ver el flamenco como un arte que evoluciona a la par de músicos y cantaores en latitudes como Francia, Japón, Inglaterra y Alemania, por citar unos cuantos lugares, hace pensar que detrás de esa manifestación nacida de la expresión más ingeniosa de los gitanos, hay una estructura dramática que lo convierte en un lenguaje expresivo que trasciende localismos inútiles.
    Y no se diga en México, donde el ADN ibérico a veces aletargado, renace y hace retumbar con olés y palmas cuando aparecen artistas españoles como Mariana Collado, Manuel Reyes y Paco Mora quienes cerraron hace unos días el Flamenco Fest UNAM 2014 –nacido de la acertada curaduría de Lourdes Lecona– y que congregaron en la platea de la sala Miguel Covarrubias a figuras como Pilar Rioja, María Antonia La Morris, María Elena Anaya y Gerardo Negrete, entre otros.
    Sin dudarlo el oficio de mover bien la bata de cola –vestido o falda muy larga con olanes—ha sido considerado como una de las formas más refinadas en el baile de las mujeres en el flamenco. Mariana Collado, proveniente de Almería lo hizo con sutileza y fuerza admirables. Bailar con ese tipo de vestuario implica determinar los giros de la falda, el enredarse en ella a manera de acento musical, definir si se mueve con punta o tacón. La ovación para ella fue cerrada y merecida. Su bata de cola negra con lunares amarillos, giraba, resbalaba y le hacia ver bellísima.
    Manuel Reyes de la genealogía de Cristóbal Reyes y Joaquín Cortés salió a entregarse. Y sin nada más que la luz como compañía, cantando jondo profundo, haciendo diferente tipo de palmas y zapateando con limpieza y brillantez hizo un espectáculo nítido. Llenó el foro completo con su impecable presencia y dio una lección de que cuando existe convicción en el foro, el público siempre se rinde ante lo excepcional.
    Pero Paco Mora es otro concepto dentro del flamenco. Malagueño de origen y de familia de bailarines de danzas españolas, Mora es un hombre fuerte, corpulento y muy masculino. Por algo lo seleccionó el cineasta Carlos Saura para interpretar a Herodes en su film Salomé de 2002.
    Para su presentación en México, el artista decidió mostrar un fragmento de un solo que hizo para el montaje Drácula, un ejercicio escénico que le propusieron para analizar sobre el foro la relación entre el horror y el flamenco.
    El experimento diseñado en un corte contemporáneo obligó al bailaor a experimentar moverse con una bata de cola e imbuirse dentro del mundo gótico y seductor que describe de forma magistral Bram Stoker en su novela.
    Y aunque uno se pregunta por qué en el experimento no se consideraron los elementos góticos de obras como Manuscrito encontrado en Zaragoza de Jan Potocki, el Drácula del malagueño es un acierto por la sólida y convincente presencia de Mora.
    Alumno de Mario Maya –grande entre los grandes flamencos de la historia–, el bailaor tiene a su favor que respeta al pie de la letra aquello de que el virtuosismo está al servicio de un mensaje específico y con ello da validez al trabajo del artista.
    Sin haber nacido en Andalucía, Mora tiene una línea más inteligente como bailaor: Domina el reto de la fisicalidad y le agrega la transgresión de experimentar con todo lo que encuentra estimulante.
    Con ello reivindica como maestro, bailarín y coreógrafo aquello de no venderse fácil al público y establecer el “toma y daca” imprescindible en una fiesta, tablao o escenario. Y demuestra con ello que al final de cuentas el flamenco como tal ha dejado de ser una manifestación de una minoría para convertirse en un fenómeno al que recurren los artistas contemporáneos. Las clases impartidas y la presentación de estos artistas es un hito, un éxito sin precedente de la UNAM que debió de haber contado con una mayor difusión para que aquellos que disfrutan y añoran los tiempos en que múltiples compañías españolas venían a México se dieran el gusto de presenciar una función inolvidable.

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