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    Nueva faceta del analfabetismo científico

    By on 18 diciembre, 2014

     

    Así como el analfabetismo común radica en la incapacidad de interpretar un texto escrito, el
    analfabetismo científico consiste en ser incapaz de interpretar la realidad a la manera de la ciencia moderna, esto es, sin recurrir a milagros, revelaciones, dogmas ni al Principio de Autoridad. Un país atrapado en el Analfabetismo Científico (todos los del Tercer Mundo lo están) padece varios dramas, al cual más tremendo. El primero es carecer de ciencia moderna en pleno siglo 21, cuando ya no quedan asuntos de envergadura que se puedan emprender e interpretar sin ciencia ni tecnología. El segundo es que, al revés de otras calamidades, cuando lo que falta es ciencia moderna el analfabeta científico es incapaz de advertirlo (“Uno no sabe lo que ve, ve lo que sabe”, decía Piaget). El tercero es que así como el analfabeta científico confunde “información” con “conocimiento”, también cree quetiene ciencia, pues la confunde con la investigación. Y así… continúan los dramas, pero no proseguiremos enumerando, pues queremos referirnos a una nueva “faceta” que se detecta fácilmente en el México de hoy: el analfabeta científico no sabe qué es la ciencia moderna, pero así y todo recibe (y acepta) el encargo de administrarla a través de la erogación de un presupuesto.
    En vez de tanta explicación, captémoslo a través de unos ejemplos concretos: (1) Algo se sabe o no se sabe, en cuyo caso se debe recurrir a una ciencia única. Pero el analfabeta científico cree que hay una ciencia para entender (él la llama “básica”) y otra para aplicar, que consistiría en aplicar algo que sin embargo no se tiene. Nuestros epistemólogos, ni se molestan en aclararle la confusión a la sociedad que costeó su carrera universitaria. (2) Si hay alguna profesión que depende del descubrimiento, de lo imprevisto, totalmente original, esa es (además del artista) la de investigador: uno puede abrir una revista y enterarse de que lo que estaba buscando acaba de ser publicado por un colega holandés o noruego, y no puede hacerse el tonto y continuar buscando algo que ya se solucionó. Pero el administrador-analfabeta-científico que evalúa una solicitud de donativo nos exige que declaremos hasta qué vamos a estar haciendo en el segundo trimestre del tercer año. (3) Una de las virtudes que debe tener un buen científico/investigador, es saber en todo momento dónde queda el límite entre el orden de lo conocido y el caos de lo desconocido. Un buen científico no puede hacer un proyecto para investigar de qué manera el DNA codifica las proteínas, o por qué la luz se desvía al pasar cerca de un objeto celestial masivo, porque esas cosas ya se saben. Al menos que él tenga alguna objeción al código genético o a la gravedad, su proyecto no tendría gran originalidad. Es por eso que el camino que recorre la historia de la ciencia está determinado por la capacidad mental y la originalidad de los mismos investigadores/científicos. Pero en un país sumido en el analfabetismo científico son los burócratas de la economía quienes le señalan a la comunidad científica “hay dinero para investigar esto, pero no lo otro”. (4) Por regla general, el más capacitado para valorar la importancia y originalidad de una idea científica o de un proyecto de investigación, es el mismo científico/investigador. Pero el administrador-analfabeta-científico tiene el tupé de forzar el derrotero de la ciencia de su país a través de riendas presupuestales “para esto te doy dinero, para lo otro no” y ¡otra vez! insiste en anteponer el autoritarismo burocrático al conocimiento científico! (5) ¿Cómo compensa un analfabeta-científico-metido-a-funcionario-de-la-ciencia su incapacidad para captar la importancia y originalidad de una labor científica? Muy fácil recurre al cuentachilismo: no sabe qué dicen los artículos científicos, pero sí sabe contarlos. Al imponer esa manera de evaluar la ciencia y a los científicos de su patria, el analfabeta científico destruye la calidad científica.
    Y entonces ¿cómo se evitan esas barrabasadas? Desarrollando una Cultura-Compatible-Con-la-Ciencia. De nuevo, recurramos a un ejemplo concreto: Cuando en los años 50’ del siglo 20 los norteamericanos se aterrorizaron de que los soviéticos tuvieran bombas atómicas de 50 megatones, y cohetes suficientemente poderosos y manejables como para llevarlas a la Luna ¿que hicieron? Aumentaron enormemente el presupuesto para la ciencia.
    Comparémoslo: el 25 de enero de 2010 le pegaron un balazo en la cabeza al futbolista del América Salvador Cabañas, que hubiera sido mortal, a no ser porque el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía (INNN) de México contaba con un aparato capaz de arreglarle el problema sin siquiera abrirle el cráneo. Dada la población mexicana, el país necesitaría unos cinco, pues con uno solo, todos los días mueren muchos mexicanos porque el equipo no da abasto.
    ¿Cómo reaccionaron los amantes del fútbol? Respuesta: con plegarias y agradecimientos a la Virgen de Guadalupe. ¿A qué hubiéramos llamado Cultura-Compatible-Con-la-Ciencia en este caso? Respuesta: a que el club América hubiera jugado un partido contra el Guadalajara, el Cruz Azul contra el Toluca, y el Tigres contra el Monterrey para hacer dos cosas: en primer lugar comprarle cuatro aparatos gamma knife (así se llama el que salvó la vida de Cabañas), y en segundo establecer becas para jóvenes mexicanos que vayan a especializarse en la fabricación de esos equipos alemanes.
    ¿Lo sabrán los líderes de la cultura mexicana o, como señaló Carlos Monsiváis, “la “Cultura es el conjunto de libros, música, cine, teatro, danza, pintura, instalaciones y escultura”? Lo dicho ¡la ciencia no cuenta para nuestra cultura!.

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