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    Las ventajas de ser rubia

    By on 8 diciembre, 2014

     

    Químicamente puras, las rubias por voluntad propia se ríen de la genética, de las normas sociales y, en particular, de todas las mujeres que no se atreven a cambiar. Dicen que los caballeros las prefierenasí, rubias, y que también se divierten más. ¿Será…?
    “Esa chica, aunque era más alta y robusta que yo, no dejaba de ser mimada y halagada por todos los hombres. Si por casualidad se le caía la novela que estaba leyendo, había bofetadas por regresársela; yo, sin embargo, bajaba y subía maletas sin que ningún hombre pareciese reparar en mis esfuerzos”.
    Así recuerda Anita Loos en el prólogo Biografía de un libro el viaje en tren a Los Ángeles, donde bocetó el argumento de su novela Los caballeros las prefieren rubias. Sobra decir que la chica a la que hace referencia, Loos, no tenía el cabello oscuro.
    Las rubias siempre están de moda. Tal vez sea por la cantidad que ha desfilado por la pasarela de la historia: fatales, ingenuas, coquetas y un largo etcétera en el que ninguna categoría queda fuera.
    Oficialmente es un color que sigue causando furor, “es una cuestión de gusto, de personalidad”, dice la platinada Donatella Versace. Son tantas las actrices, modelos y cantantes que en algún momento se han rendido a las bondades del peróxido, que el mensaje se torna profético: sé rubia y vencerás.
    Sin embargo, “el rubio no le sienta bien a todo el mundo”, dice Andy LeCompte, uno de los especialistas en color más importantes de Los Ángeles, y responsable en algún momento de la melena de Mado- nna.
    No obstante, favorezca o no, todas quieren ser güeras. ¡Alto!, reconozcamos que no siempre es una buena idea. “Angelina Jolie y Julia Roberts son dos ejemplos de hermosas morenas a quienes el rubio no les sienta bien”, asegura LeCompte, quien advierte a su clientela que dejen a un lado su fijación por lucir una imagen a lo Marilyn.
    La cuestión es que, como dice en tono de broma Cameron Díaz, ser rubia ya no es una obsesión, “es una necesidad”.
    Ante comentarios como éste, la pregunta es: ¿cuándo comenzó esta locura? James Laver escribe en su libro Breve historia del traje y la moda que en la Roma imperial “el cabello rubio estaba de moda y, como sabemos gracias a Ovidio, las mujeres morenas se aclaraban el pelo”.
    Tal parece que las romanas tenían cierta obsesión por los salones de belleza. Una gran cantidad de bustos del Bajo Imperio conservados hasta nuestros días muestran impresionantes variaciones de peinados. Constituyen, además, un testimonio de cambios de estilos tan veloces que algunas patricias hacían esculpir sus cabezas en dos piezas, de modo que la parte superior (correspondiente al cabello) podía sustituirse por otra con un peinado más trendy.
    Y del imperio romano pasamos al estadounidense. Si bien, el origen de la blond ambition se puede ubicar, de manera general, en la tierra de Rómulo y Remo, es Hollywood el lugar donde el agua oxigenada eleva su estatus químico a niveles metafísicos.
    Cuenta la leyenda que todo comenzó con un binomio irresistible para “la Meca” del cine: cabellera rubia y vestido blanco de satén. “La principal cualidad de este vestido, reflejar con una potencia increíble las luces, lo convierten en la mejor arma de las actrices -especialmente las rubias- para hacer apariciones memorables”.
    apunta Charlotte Seeling en su libro Moda. 1900-1999. El siglo de los diseñadores.
    Por lo tanto, cuando vemos que el rostro de alguna diva brilla como si los reflectores estuvieran integrados a su piel, parte de la magia se explica por la capacidad de proyectar todo el poder de los focos de la Metro Goldwyn Mayer. ¿Un ejemplo? Jean Harlow, sinónimo del pecado más platinado que podemos imaginar. Tal vez desde entonces se corrió el rumor de que los caballeros las preferían rubias. Y para corroborarlo, algunas diosas del Olimpo fílmico: Marilyn Monroe, Brigitte Bardot, Lana Turner, Zsa Zsa Gabor y la glacial Grace Kelly, quien se cuece aparte en una categoría donde lo importante es la clase.

    El común denominador de todas esas mujeres, ya sean sacerdotisas del sexo o fríos trozos de metal, es que los hombres han babeado por ellas durante generaciones. ¿La causa? Tal vez ni ellos mismos la sepan. ¿Se puede hablar de una atracción genética ancestral, de un condicionamiento cultural? Quizá. Lo que es un hecho es que el rubio rejuvenece y suaviza las facciones, como lo demuestra el número cada vez mayor de morenazas que aclaran su cabello, es decir, las típicas güeritas color de llanta. Los sondeos indican que los hombres perciben a las rubias como mujeres divertidas, con actitud sexy y alegres. Parece mentira, pero quizá un poco de peróxido, sumado a tus buenas ideas, es justo lo que tu cabeza necesita para ser completamente irresistible.

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