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    Oaxaca: anatomía de un Estado fallido

    By on 2 diciembre, 2014

     

    Las marchas y protestas en las calles permiten encontrar una paradoja en la caracterización del Estado fallido: a pesar de la violencia de la protesta social, las estructuras institucionales mantienen en funcionamiento el Estado cuando las organizaciones radicales rompen con la estabilidad.
    Por tanto, el Estado es fallido cuando no puede ya encarar con fuerza, poder y autoridad las protestas al margen de los canales institucionales, pero el Estado institucional mexicano cuenta todavía con los instrumentos suficientes para impedir y aislar la violencia radical.
    Ayer lunes, los maestros de la Sección 22 de Oaxaca cerraron carreteras, sellaron la entrada al aeropuerto internacional e impidieron el funcionamiento de empresas comerciales privadas. Sus exigencias fueron dos: que el Estado “aparezca” a los 43 estudiantes normalistas que fueron secuestrados y desaparecidos por órdenes del alcalde perredista José Luis Abarca y su esposa como precandidata perredista y consejera perredista y que el congreso local apruebe la ley de educación presentada por el gobernador Gabino Cué Monteagudo y que es contraria al artículo 3º.
    Las acciones violentas, autoritarias y provocadoras de los maestros se realizaron con la pasividad de las fuerzas estatales y municipales de seguridad; las razones fueron dos: los maestros superan en numero a los policías y el gobierno estatal fue electo por la 22 y por lo tanto el gobernador es el intendente de la administración estatal que debe servir a los maestros de la 22.
    El Estado fallido es aquel que carece de las tres condiciones señaladas por Alesandro Paserin d´Entreves: fuerza, poder y autoridad. Por tanto, el Estado fallido no es el Estado institucional que sigue funcionando aún en situaciones de violencia rebelde —diciembre 1 de 2012 o 20 de noviembre de 2014— o en su lucha contra el crimen organizado. Cualquier marcha, cuando lo decide el Estado, es controlada-encapsulada. Así que fallido, todavía no es el Estado mexicano.
    El Estado fallido en México es el Estado anarquista que le da carta blanca a los grupos violentos en las calles como minoría y le ata las manos a la autoridad del Estado institucional. El Estado fallido es el que no respeta las reglas y desde su minoría se quiere imponer sobre las mayorías por la fuerza de la violencia política.
    Un Estado fallido típico es el de Oaxaca; y a través de redes políticas y sociales se quiere replicar como modelo a nivel nacional: un gobernador que administra el poder a favor de los grupos minoritarios de la Sección 22, contra los intereses sociales de las mayorías que lo eligieron en el 2010. La 22 y grupos afines quieren a nivel nacional un Presidente de la República réplica del gobernador de Oaxaca.
    Pero lo fallido del Estado fallido radica en el hecho de que la relación política o de confrontación entre el Estado institucional y las organizaciones sociales anarquistas ha entrado a una especie de entendimiento forzado por las circunstancias. El modelo sería del de la relación sado-masoquista entre grupos rebeldes y el Estado; los primeros le ruegan al Estado que los reprima para catapultar el dolor de la represión como legitimidad política, pero el Estado les responde, con masoquismo, que no.

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