«AL vive una realidad anormal que alimenta al escritor»: Sergio Ramírez

Sergio Ramírez lo unen muchos afectos con México: Carlos Fuentes, Juan Rulfo, un amplio grupo de amigos y el propio país que está tan cerca de Centroamérica y tan lejos de Centromérica. Es autor de una “literatura comprometida con una alta calidad literaria” que supera los 55 libros traducidos a varios idiomas, pero también es un “intelectual libre y crítico, de alta vocación cívica”, esas razones de peso lo han convertido en el ganador del Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria en el Idioma Español 2014.

El narrador, abogado, periodista y político nicaragüense nacido en Masatepe, Masaya, el 5 de agosto de 1942, vive un extraordinario momento, no sólo se ha hecho acreedor al galardón que lleva el nombre de su amigo y maestro Carlos Fuentes, también ha puesto punto final a dos nuevos libros: Juan de Juanes, con crónicas literarias de su amistad con escritores como Cortázar, Borges, García Márquez, Fuentes, Donoso, Tito Monterroso, Álvaro Mutis; y Sara, una novela sobre el personaje bíblico, donde también aparece Abraham y Dios.

Podría ser en diciembre cuando Sergio Ramírez reciba el Premio Carlos Fuentes, que está dotado de 250 mil dólares que conceden a partes iguales, la UNAM y Conaculta.

En entrevista telefónica desde Nicaragua, el autor de Margarita, está linda la mar, Sombras nada más y Flores oscuras reconoce la influencia determinante que tuvo Fuentes en su obra y en su vida, la oscuridad que priva en América Latina, la tragedia que vive México y de la que, confía, saldrá, las historias de este continente que está contando la literatura y la crónica periodística, y su optimismo ante la instauración de la democracia en México y en su país.

¿Desde el intelectual crítico cómo ve a México?

—No sólo es lamentarse, no sólo tener una aproximación sentimental a lo que está ocurriendo en México, debe haber una conciencia profunda de que las cosas tienen que cambiar, de que no se puede seguir aceptando el horror como algo con lo cual uno tiene que convivir y nos va ahogando a todos, tiene que haber una lucha por restablecer las instituciones, por restablecer el imperio de la ley, por acabar con la impunidad y esta es una gran lección que quizás estos muchachos de la normal de Guerrero nos han enseñado con su propio sacrificio.

Soy de los que creen que deberían estar vivos pero si no es así, su sacrificio nos debe enseñar a que no se puede seguir volteando la cabeza y no ver lo que está realmente ocurriendo, esto no solamente concierne a México, concierne a América Latina, no es que en México se esté inventando el horror, el horror lo hemos vivido desde hace tiempo gracias a que el delito y los delincuentes se han venido apoderando del Estado y es lo que hay que detener. No habrá paz social mientras el delito siga en la impunidad.

¿Qué le dice el intelectual al ciudadano común?

—El intelectual está obligado a enseñar que las sociedades no pueden vivir bajo la ley de la selva, que tienen que reestablecerse los parámetros de civilización, eso significa el respeto a la ley y que el respeto a la ley tiene que estar basado en el desarrollo de la conciencia ciudadana; debemos aprender también que en sociedades injustas siempre habrá un recrudecimiento del delito, somos sociedades donde la redistribución de la riqueza no es lo que debería ser, sigue habiendo grandes abismos de desigualdad, miseria y pobreza y hablo con conocimiento de causa porque vivo en una región del mundo como Centroamérica, donde esos abismos de pobreza en lugar de cerrarse se han venido ensanchando.

¿Es optimista, hay luz al final del túnel?

—Sí soy optimista, creo que no podemos vivir permanentemente en el horror, son tinieblas que un día se van a disipar y vamos a ir hacia el destino que merecemos, sociedades democráticas, equilibradas, justas y libres.

¿Nicaragua y México tienen historias comunes?

—Somos un puente hacia el norte, por aquí necesariamente tiene que pasar la droga, colarse los emigrantes, esa condición de puente nos marca; tenemos una historia y una lengua común, es una vecindad a la que tenemos que sacarle ventajas, siempre he pensado que México debe mirar más hacia el sur.

¿Nicaragua está cerca de la democracia?

—Tenemos una democracia en el congelador, aspiramos a que funcione, y por lo tanto es un asunto del futuro saber si aquí tendremos un gobierno absolutamente democrático o no.

¿Y en México?

—Es un gran país con tantos atractivos, un país tan diverso y rico que no merece la suerte que vive en este momento con estos actos de barbarie que se están dando, mi aspiración es que esto pase a ser no más que un triste recuerdo de la historia en el futuro.

¿De ahí que su obra esté siempre entre la realidad y la ficción?

—Es como vivimos en América Latina, a caballo entre la realidad y la ficción y las dos se nutren. La realidad es un material que observo, le meto mano, le doy vueltas, desmenuzo y de ahí busco cómo transformarlo en imaginación. La realidad de América Latina es tan dura, tan esplendorosa, tan sorpresiva, tan anormal que ahí está para un escritor y por lo tanto yo me siento bendecido con esa realidad que es inagotable.